Toda la literatura es una construcción mítica. El ser humano también lo es, si lo consideramos un imaginario en la mente del creador. Aunque Hawking lo identificara con la gravedad. No creamos literatura para erigir al ser humano, sino para reconocernos, seguramente para identificarnos, para escrutar lo que somos y lo que ignoramos de nosotros mismos. Lo que está detrás del espejo, lo que está detrás de la máscara. Siempre andamos con la aventura de Jano, aquella deidad tan humana de dos caras. El dios de las transiciones, como es el protagonista César, el dios ínfimo y accesorio de Saturno en agosto.

Pero la literatura también es un laberinto en el que Teseo descubre a ese hombre con cabeza de toro o a un toro con cabeza de hombre, como dijo Borges en El hilo de la fábula. Desde Aristóteles, sabemos que la agnición es un cambio desde la ignorancia al conocimiento, para amistad o para odio, de los destinados a la dicha o al infortunio. La agnición más perfecta, como nos recuerda el sabio ateniense, es la acompañada de peripecia, como la de Edipo, esa identidad oculta, ese Jano que nace para el exterminio y la desolación.

Toda la estructura mítica de Saturno en agosto nace de Jano, también de la agnición y, sobre todo, de un mito, Sylvia Plath, la escritora de Boston que, sin tomar cuerpo en la obra, se apodera de toda ella. La suicida Plath, autora de poemarios como El coloso, Ariel o Árboles de invierno, fue una poeta de extraordinaria sensibilidad que supo captar las luces y las sombras del yo poético, haciendo una ejecución de identidades y apócrifas similitudes ante el espejo, para tratar de saber quién era en ese desahogo de Jano en que consistió su vida y la bipolaridad de sus trastornos en este poema de cierre vital:

FILO

La mujer ha alcanzado la perfección.

Su cuerpo

muerto muestra la sonrisa de la realización;

la imagen de una necesidad griega

fluye por los pliegues de su toga,

sus pies

desnudos parecen estar diciendo:

hasta aquí hemos llegado, se acabó.

Los niños, muertos y ovillados como blancas serpientes,

uno junto a cada pequeña

jarra de leche ya vacía.

Ella los ha plegado

de nuevo hacia su cuerpo como pétalos

de una rosa cerrada cuando el jardín

se aquieta y los aromas sangran

de las dulces y profundas gargantas de la flor de la noche.

La luna no tiene de qué entristecerse,

mirando fijamente desde su capucha de hueso.

Está acostumbrada a este tipo de cosas.

Sus negros crujen y se arrastran.

Rafael Ruiz Pleguezuelos ha construido una sinfonía con la música de fondo de Sylvia Plath, el mito, la mujer, el ser de carne y hueso, pero también el Jano bifronte que ofrece su bipolaridad consciente y despliega la agnición más perfecta.

Saturno en agosto es la construcción de ese mito a través de su deudor, un protagonista también jánico, César, el hombre que evoluciona, el hombre que es, pero no es, el hombre que acaba construyendo, como la propia literatura, un gran fingimiento.

César es un escritor que se ha construido a sí mismo desde ese ámbito que crea el mito. Al principio, lo estimamos, cree en una idea, en un sueño. Es un sueño su pensamiento. Después, es una gran farsa. Y en el camino un mundo que se va cimentando y demoliendo, fundando y subvirtiendo, con las dos caras de Jano, con la agnición que despliega su inconsistencia, tan equilibrada y obstinada al principio.

En un espacio cerrado, el salón-biblioteca de una casa de campo, se concita ese mundo cerrado, familiar, el que César, el patriarca, un hombre de unos cincuenta años, nos hace creer desde el comienzo en torno a lo poco que le duró su relación con Sylvia Plath, la matadora de hombres, la matadora de sí misma, y la merma de aquel encuentro, la memoria que se recrea, la construcción del mito. Treinta y seis días estuvo con ella, pero, para él, decía: «Ella a mí toda la vida». Su presencia es invariable, obsesiva, opresiva para él y para toda su familia: Beth, su mujer, y Sarah, la hija de esta.

Ese mundo que vive en él como un reclamo, como una estructura férrea, de pronto recibe la visita de Bright, un escritor, un crítico que conoce bien la obra de César en torno a Sylvia Plath, y a la propia escritora, sobre la que ha investigado y trabajado a fondo. La invitación de César a Bright es un acto de exorcismo, o acaso de conjuración, tanto como la de este con aquel.

Cada personaje tiene su intrahistoria, su identidad oculta, un modelo, bipolar, un modelo donde Jano se encuentra en su mundo  de transiciones que, progresivamente, va a construir con una absoluta sapiencia Ruiz Pleguezuelos a través de un lenguaje certero, verosímil y con una adecuada cadencia.

A través de una locución más profundamente narrativa en los dos primeros actos y en el clímax total en los siguientes tercero y cuarto. Son dos construcciones bien diferenciadas, técnica y emocionalmente. Pero el pulso es de un sorprendente temple. Todos caemos en la trama y, cuando descubrimos la verdad, la fábula bajo ese símbolo del título, nos da la sensación de que no podemos salir de nuestro asombro, que estamos de pies y manos en el fango, en un lodo viscoso del que no podemos desgajarnos: el lodo que ha ido creando estructuralmente el dramaturgo de la mano de la mano de César: su protagonista, su Jano, su historia truncada.

A medida que la obra avanza, esa familia aparentemente feliz va ofreciendo su verdadero rostro y, al tiempo que César le habla a Bright de su obra biográfica, Pelo salvaje, nace la desolación, el desencuentro, la destrucción de una infamia, de una apariencia. Pero Bright guarda un secreto a voces. Bright ha llegado a la casa de César para destruirlo. Como le dirá su mujer Beth: «¿Por qué has querido destruir a mi marido?», y responde Bright: «He venido para desmontar una mentira».

 

 

 

Rafael Ruiz Pleguezuelos (Granada, 1974) es doctor en Filología Inglesa y académico de la Academia de Artes Escénicas de España. Novelista, aforista y dramaturgo, ha sido reconocido con premios como el Tiflos y galardones teatrales como FATEX o el Sanchis Sinisterra. Además de la pieza teatral Saturno en agosto (2019), objeto de este artículo, es también autor del libro de aforismos Usted está aquí (2022) y de la novela El jardín herido, Premio Jaén de Novela 2023.

(Imagen: © Europa Press Andalucía)

  

En la obra se concitan cuatro personajes: César (50 años), Beth (su mujer de 40 años), Sarah (la hija de Beth, de 20 años) y Bright (40 años). La acción transcurre en un salón-biblioteca en el año 1986. La obra está organizada en cuatro actos. Siendo los dos primeros, como decíamos, los que determinan la exposición de los acontecimientos esenciales; el tercero, donde se concita el momento más álgido de la obra, su clímax; y el cuarto y último, más breves, donde se cierra y concluye. Es una estructura bastante clásica, ya determinada en las viejas poéticas desde Aristóteles (planteamiento, nudo y desenlace), que nos permite ir conociendo primero a los personajes en los dos primeros actos para observar en los siguientes su confrontación. A lo largo de ellos van evolucionando y pasando por diversas posturas de connivencia y aceptación para el espectador, pero siempre estará omnipresente un personaje mudo y ausente (referencia constante), la escritora de Boston Sylvia Plath; si bien su peso, como hilo conductor o instrumento dialéctico relevante es determinante, pues constituye la columna vertebral “literaturizada” de la obra.

El primer acto posee un monólogo inicial en el que ya surge el recuerdo de Sylvia y la queja de César sobre el poco tiempo que logró estar con ella. César confiesa que Sylvia le dedicó «tres cartas y un poema, aunque algunos críticos no estén de acuerdo en lo del poema y lo dirijan a otra persona».

Después, la acción continua con Beth, César y Bright, que llega a casa de César par quedarse un par de días; profesor en la universidad, es un estudioso de Sylvia Plath. Vamos descubriendo los problemas de autoridad que el matrimonio César-Beth tiene  con su hija Sarah, una joven difícil. Sarah no es hija de César, pero desde que vive con Beth ejerce de padrastro. Es constante la presencia de Sylvia, los libros que escribió sobre ella… y de su nuevo libro de biografía, Piel salvaje. César confiesa a Bright que a su mujer no le gusta la poesía de Sylvia, y no sólo no le gusta, sino que su figura es insoportable para ella. Bright reconstruye su conocimiento de Sylvia en 1962 al tiempo que surgen situaciones familiares desagradables como los comentarios de César sobre Sarah, hecho que nos permite ir observando un primer encontronazo dialéctico. Este primer acto ocupa, aproximadamente, un tercio de la obra.

El acto II comienza de nuevo con un monólogo de César en el que habla de su relación sentimental con Sylvia: «Congeniamos en seguida. Eso que dicen del flechazo, aunque después nunca es como parece. A ella le acababan de conceder la beca Fulbright para ampliar estudios en Inglaterra y yo había sido admitido en uno de los colegios de la Universidad de Manchester». Y, hacia el final del monólogo, dice César a lo que aspiraba realmente Sylvia Plath tomando la simbología del planeta: «No lo entiendes. No aspiro a ver el planeta. Lo que busco cada noche es una idea. La idea de poder ver Saturno en agosto».

El diálogo entre Beth y Bright permite al lector conocer la actitud de esta ante la obra de su marido, muy negativa, y su hartazgo tanto como la ausencia de compromiso de Bright para valorar la misma. César no parece muy contento con su casamiento, como le confiesa a Bright, y le dice: «Has hecho muy bien en no casarte. ¡Pero que muy bien! La literatura no necesita escenas domésticas. Y si encima haces como yo y te casas con una irlandesa, entonces ya has hecho en vida medio camino al infierno».

César, del que sabemos ahora su apellido, “Descalzo”, va adentrándose desde el principio en las aguas movedizas de cierto desencanto, pero a pesar de todo, sigue con su construcción falsaria y muestra a Bright unas cartas de Sylvia Plath que tiene guardadas bajo llave, con las que aspira a un reconocimiento y dar por asentada su tesis anterior, y habla con admiración de ella y de su caligrafía tanto como de su desgracia: «No sé tú, pero yo soy de los que piensan que Ted la mató, aunque fuera de una manera indirecta. La hizo tan desgraciada que no le mostró otra salida. Me gustaría que pudiéramos estar de acuerdo en eso. La enamoró para humillarla, para ignorarla. No se puede ignorar algo tan bello, tan genial. Y luego estaba la amante, claro. Que también se suicida. No me digas que no existe una especie de gran abismo oscuro dentro de un hombre a quien se le suicidan sus dos parejas».

Con este segundo acto se cubren dos tercios de la obra. Con el tercer acto se inaugura también un tercer monólogo de César Descalzo en torno a la simbología de Saturno y su anillo, y recoge un bello poema de Sylvia Plath: «Cuando uno observa un planeta, no es simplemente una imagen. Parece el símbolo de algo más. Es como si tu ojo conectara con el infinito, con el presente y el pasado. A Saturno, el anillo le da una apariencia de carácter, como si se tratase de una letra perdida en el espacio. Tantos años después, he visto con mis ojos el Saturno que buscaba Sylvia en la cubierta del barco».

El poema está centrado en la muerte y en las frustraciones vitales ante la existencia y los propósitos asolados; con él cierra el monólogo:

La muerte es una enfermedad que llevo a casa.

Repito: es una muerte. ¿Es el aire,

las partículas de destrucción lo que absorbo? ¿Soy un pulso

que declina y declina, mirando al ángel frío?

¿Es este mi amante entonces? ¿Esta muerte?

De chica amé un hombre comido por los hongos.

Tuve mis oportunidades. Lo intenté.

Tomé la vida y me la cosí como un órgano raro

y caminé con cuidado, precariamente.

Traté de no pensar demasiado. Traté de ser natural

Traté de ser ciega en el amor, como otras mujeres,

ciega en mi cama, con mi dulce ciego amor, sin buscar

con la mirada, a través de la densa oscuridad, la cara de otro.

No lo conseguí.

Deducimos la animadversión de Sarah hacia César en el diálogo con su madre Beth. La llegada de Bright y las referencias de este a los libros que encuentra en el baño permiten crear una distensión dramática que rápidamente se descontrola cuando Sarah ataca decididamente a Sylvia, a la que llama “puta”.

La tensión va cada más en ascenso y en la mesa, preparada para la cena, César había dispuesto que se colocara el plato y los cubiertos para una supuesta Sylvia, ausente, pero siempre presente en su mente. La llegada de César se produce como un arrebato e inicia la escalada climática con un ataque fulgurante a Bright porque en su biografía sobre Plath lo había tildado como “amante mediocre”. La lluvia y la tormenta que se ha generado en el exterior coadyuva a la progresiva tensión dramática, que es conducida con bastante acierto por Ruiz Pleguezuelos. César, en esa andadura por sus demonios particulares, tocado por el alcohol y por el arrebato vindicativo, dirige ahora sus ataques hacia Beth por no haber estudiado. En un momento de evidente neorromanticismo se va la luz y, de este modo, la expectación teatral consigue su propósito inmediato.

Se produce el estallido que estaba anunciándose desde el principio de la obra con Beth y Sarah, pero también Bright tiene guardada una bala de plata (sorpresa que no revelamos al espectador) para que la obra adquiera el clímax adecuado. Beth, ante ese ataque inesperado, trata de defender a su alicaído esposo mientras la escena queda un tanto enmudecida cuando comienza a retirar el simbólico plato vacío de Sylvia y se produce como una huida de César hacia la tormenta.

En el cuarto acto, la acotación inicial juega un papel importante porque esos libros desordenados también simbolizan un desorden vital. Beth anuncia a César que lo dejan solo, que su hija y ella se marchan, mientras ordena simbólicamente los libros. César realiza un comentario abyecto sobre los profesores de universidad y ofrece una pésima imagen de hombre derrotado.

El mito de Sylvia quizá ha acabado apoderándose de todo en ese proceso de autodestrucción de una familia, de una vida, de una historia, en una especie también de suicidio colectivo, y en esa especie de autoinmolación del protagonista.

Ruiz Pleguezuelos, desde una idea inicial en torno a la poeta Sylvia Plath y su mundo, su poesía, su vida… ha logrado crear una obra de gran altura dramática, en la que Jano surge con fortaleza en este laberinto vital perfectamente conducido, con dosis de dramatismo familiar que se combinan con lo paradigmático de la otra relación, la que crea el triángulo César-Bright-Sylvia, con toda su batahola de resarcimientos y desagravios que se traen a la actualidad con una frialdad sublime; pero también el otro triángulo en torno a César-Beth-Sarah, que corre parejo al anterior mostrando que la vida se imbrica con la literatura y esta con aquella, porque, al fin y al cabo todo, es literatura, todo es un laberinto mítico del que es difícil salir, pero del que finalmente logramos hacerlo.

   

   

  

   

   

   

       

          

Francisco Morales Lomas (Campillo de Arenas, Jaén, 1957) es poeta, narrador, dramaturgo, ensayista y crítico literario, integrado en la llamada Generación de la Transición. Doctor en Filología Hispánica y Licenciado en Filosofía y Letras y en Derecho por la Universidad de Granada, es Catedrático de Lengua Castellana y Literatura y Profesor Titular de la Universidad de Málaga. Pertenece a diversas academias, entre ellas la Academia de Buenas Letras de Granada, la Real Academia de Córdoba y la Real Academia de Nobles Artes de Antequera.

Considerado uno de los principales representantes del “Humanismo solidario”, corriente que él mismo contribuyó a fundar y que preside a nivel internacional, su poesía se caracteriza por la defensa de la dignidad humana y un marcado compromiso ético. En el ámbito teatral es creador del “Canibalismo Dramático”, con un vasto corpus reunido en su Teatro Caníbal Completo. Su obra literaria abarca más de un centenar de títulos entre poesía, narrativa, teatro y ensayo, muchos de ellos traducidos.

Ha recibido numerosos reconocimientos, como el Premio Andalucía de la Crítica, el Premio Doña Mencía de Salcedo, el Premio Internacional de Teatro José Moreno Arenas, el Premio Rosalía de Castro y el Premio a la Trayectoria Cultural de su localidad natal, entre otros. Actualmente preside la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios y ocupa cargos directivos en diversas entidades culturales.

   

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral. Edición no venal. Sección 3. Página 10. Año XXV. II Época. Número 125. Enero-Marzo 2026. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2025 Francisco Morales Lomas. Diseño y maquetación: EdiBez. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2026 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana. 29 730. Rincón de la Victoria (Málaga).