Sergio Alfredo Flores
Acevedo es un escritor
salvadoreño que conocí
personalmente en Punta del
Este (Uruguay), con motivo
del 17.º Encuentro
Internacional de Poetas y
Narradores de las Dos
Orillas y 7.º Congreso
Americano de Literatura que
se celebraron del 23 al 28
de octubre de 2018. Sergio
tuvo la amabilidad y la
generosidad de regalarme sus
novelas: La cofradía del
anillo (2021), El
Feudo (2016), El
último camarada (2013),
El violín de Justo Armas
(2014), El libro
Codificado de Salarrué
(2021) y Gárgola. Desde
el centro de la penumbra
(2021).
Sergio Alfredo nació en
Santa Clara, Departamento de
San Vicente, El Salvador. Su
niñez y juventud
transcurrieron en la ciudad
de Cojutepeque. Se graduó
con banda de excelencia en
el colegio León Sigüenza y
se graduó en Derecho en la
Universidad de El Salvador.
Es miembro de la Casa de los
escritores del Uruguay y
ejerce el cargo de Asistente
Cultural en Mitología y
Literatura Indígena en la
Asociación Uruguaya
Literatura, Historia y Arte
(AULHA). Son numerosos los
reconocimientos a su obra
literaria.
He sometido su última novela
Gárgola.Desde el
centro de la penumbra,
autoedición de 2021, al
análisis computacional por
medio del programa
Analex-ProComenta, y en sus
resultados baso esta reseña
crítica. Comento en primer
lugar que no se trata de una
novela muy extensa, pues
sólo emplea 47.653 palabras,
de las que son distintas
7.600, lo que supone un
índice simple de
variabilidad léxica muy
cercano al 16 por ciento, lo
cual, ciertamente, habla de
un vocabulario variado,
aunque no excesivo. Ello se
explica en tanto que nos
encontramos ante una
narración de corte policiaco
que da testimonio de una
sociedad de bajos fondos,
con lenguaje de la calle y
personajes de capas sociales
poco favorecidas económica,
social o culturalmente. Su
lenguaje, no obstante,
resulta eficaz para
pintarnos las situaciones:
El Agente Landaverde se
acercó a los cuatro niños
sentados que se encontraban
con la mirada expectante en
el policía vestido de civil
que se aproximaba.
—Hey bichos, ¿saben algo
sobre este muerto?
Los tres niños permanecían
callados y de reojo “Tintín”
miraba a David “El Gárgola”,
quien, por su edad y otros
atributos de su recia
personalidad, era
considerado el líder del
grupo.
—No hemos visto nada,
señor—. Dijo David “El
Gárgola” después de unos
segundos sin mirar el rostro
del agente, pues tenía los
ojos pegados al suelo y en
ese momento no soportaba el
fuerte dolor en las
articulaciones.
En su interior sabía de
quién se trataba el muerto,
pues era un reconocido
transexual de la zona y
esperaba que ninguno de sus
amiguitos dijera algo sobre
el hecho, pues eso implicaba
quedar a merced de los
abusos policiales, que
sacarían a golpe de macana
la información que
considerarían que no se
había querido dar. Los tres
niños permanecían callados,
mirando al suelo, David “El
Gárgola” no se percató del
hecho, pues la fiebre de la
madrugada y las espantosas
pesadillas lo mantuvieron
privado del mundo exterior.
El agente Landaverde volvió
a insistir sobre el hecho.
—Les pregunto de nuevo,
cipotes, ¿vieron quién mató
a este culero anoche?
Otro dato que nos sirve para
caracterizar el aspecto
léxico de esta obra: las 66
primeras palabras por su
frecuencia de uso (23.158
frente a las 47.653 totales)
representan el 48,597% del
conjunto.
Resulta revelador el cuadro
con las palabras lexicales
(sustantivos, adjetivos,
verbos y adverbios) de tales
66:
Palabras lexicales entre las
66 más usadas:
#
Palabra
Frecuencia
Frecuencia relativa
21
No
325
6,820
22
Había
236
4,952
25
Era
182
3,819
26
Mientras
171
3,588
27
David
171
3,588
29
Es
156
3,273
32
Gárgola
128
2,686
37
Agente
109
2,287
38
Lugar
107
2,245
41
Landaverde
104
2,182
42
Dijo
101
2,119
44
Estaba
92
1,930
45
Día
89
1,867
46
Habían
87
1,825
49
Carlos
84
1,762
50
Momento
82
1,720
51
Después
79
1,657
52
Policía
78
1,636
53
Encontraba
78
1,636
54
Luego
78
1,636
55
Hombre
77
1,615
56
Fue
77
1,615
57
Más
76
1,594
58
Tenía
75
1,573
61
Salvador
72
1,510
64
Mujer
68
1,426
Resultan, pues, un total de
26 encuentros con 2.982
palabras (6,25%). Cotejada
esta cantidad con las 23.158
que supone el conjunto de
las 66 más usadas, se
evidencia una gran
diferencia, que se explica
por el hecho de las palabras
no lexicales
(determinativos,
preposiciones, conjunciones,
pronombres…) ocupan más del
33%.
Entre las 66 lexicales más
usadas figuran nombres
propios que nos hablan de
los personajes principales
de la historia: David El
Gárgola, Landaverde el
agente de policía, Carlos…
Salvador (El Salvador, San
Salvador) nos remite al
lugar donde se desarrollan
los hechos.
Nos llama la atención el uso
de Mientras que, al
tener valor adverbial,
además de ser conjunción,
figura entre las lexicales.
Se corresponde con un rasgo
del estilo narrativo de
Sergio Flores: mediante
Mientras introduce
acciones simultáneas a las
narradas en primer lugar.
Veamos ejemplos:
1.
Después de tiritar la
fiebre se quedó dormido,
cuando el amanecer comenzaba
su lento pero persistente
aparecimiento. MIENTRAS
dormía, fue despertado de
manera violenta al sentir el
puntapié que le había
propinado en su costado
derecho un agente de la
Policía Nacional Civil,
uniformado y armado con la
macana en su mano.
2.
—¡¡¡Salgan a la acera hijos
de puta, que los vamos a
interrogar!!!— dijo con
desprecio el agente
policial, quien a empujones
los sacó de la sala de la
casa, y les ordenó que se
sentaran en la acera.
MIENTRAS salían se
percataron que en la zona
había muchos curiosos que se
encontraban al lado
izquierdo de la casa,
también había una cinta
amarilla que decía “NO
PASAR. POLICÍA”.
3.
Un policía uniformado daba
una entrevista a los medios,
MIENTRAS el agente Héctor
Landaverde, vestido de civil
y con un gorro pasamontaña
en su rostro, para no ser
reconocido, revisaba el acta
de inspección, elaborada por
uno de los agentes
encargados de procesar la
escena.
4.
—Esta onda ya no me gusta…—
dijo meditabundo el agente
Landaverde MIENTRAS miraba
hacia la escena del crimen.
5.
Ciertamente teníamos a un
testigo que se trataba de un
transexual, que logró
escaparse de un sujeto que
le pagó por servicios
sexuales y que estando ambos
en un callejón cercano a la
calle donde ofrecía sus
servicios sexuales, el
sujeto se le fue encima y
trató de tomarlo del cuello,
MIENTRAS lo golpeaba con
furia.
Observemos que, en los
citados ejemplos, la acción
introducida por
mientras
es referida al mismo sujeto
que la relatada en primer
lugar (casos 1, 2, 4 y 5) o,
bien, el sujeto de la
primera es diferente al de
la segunda acción (caso 3).
Título:
Gárgola.
Desde el
centro
de la
penumbra
Autor:
Sergio
Flores
acevedo
Género:
Novela
negra.
Policiaca
Editorial:
Autoedición
(Amazon
KDP)
Fecha
de
publicación:
Junio
2021
Idioma:
Español
Formato:
Rústica
(paperback).
15,24 x
22,86 cm
Número
de
páginas:
156
ISBN-13:
979-8527037302
ISBN-10
/ ASIN:
B097X4RBNY
En el ejemplo 3, apreciamos
también la repetición
(evitable) de “servicios
sexuales”, que concuerda con
lo revelado por los índices
simples de variabilidad
léxica y otros indicadores
léxicos.
La novela de Sergio nos
conmueve por su testimonio
de la vida en El Salvador
—los niños de la calle,
burdeles, los buenos
sentimientos de ciertas
personas pese a su vida
miserable, la violencia y un
largo etcétera—, aun
teniendo en cuenta que se
trata de una novela de trama
policiaca.
Terminemos esta reseña con
un ejemplo que nos muestre
la afirmación anterior:
Un hombre de unos cincuenta
años de edad, quien a simple
vista revelaba su
preferencia homosexual,
hacía limpieza en el lugar,
adentro lavaba el maloliente
sanitario, el cual rebalsaba
de excremento y vómito de la
parranda de los clientes de
la noche anterior. Las
prostitutas del negocio
dormían cada una en su
cuarto, un cliente salía de
uno de estos, después de
pasar la noche en su
compañía, se le podía notar
la resaca en su rostro y,
sin decir una palabra, salió
del lugar. El hombre,
vestido con un pantalón
ajustado, una camisa blanca
y un delantal, salió con una
escoba en sus manos después
de hacer limpieza en el
sanitario y comenzó a barrer
cerca del mostrador. David
“El Gárgola” estaba en una
silla observándolo, cuando
el hombre levantó la mirada
lo vio.
—¡¡David!!, mi muchachito,
¿Qué te pasa, estás enfermo?
El hombre dejó la escoba y
se acercó apresurado donde
el muchacho, le tocó la
frente y lo sintió caliente,
el hombre lo abrazó y
comenzó a llorar de manera
acongojada.
—Estoy bien, sólo quiero
preguntarte si tienes algo
para el dolor y la
calentura, no aguanto el
cuerpo.
—Es esa babosada de la
Chikungunya la que te ha
dado, espérame te voy a dar
una pastilla de acetaminofén
para que te las tomes.
El hombre salió sollozando
hasta un cuarto donde tenía
sus pocas pertenencias, de
un bolsón guindado de un
clavo, sacó un blíster de
acetaminofén y se lo llevó
al muchacho. Luego tomó un
vaso y lo llenó de agua de
una botella que se
encontraba en el mostrador y
lo puso frente a David “El
Gárgola”.
—Tomate una en la mañana,
otra al medio día y la
última en la noche.
Después el niño agarró el
vaso y de un trago se tomó
la pastilla. Después de
darle dos sorbos más al
vaso, fijó la mirada en la
mesa, el hombre tenía los
ojos llorosos y guardó
silencio mientras observaba
al muchacho, no podía
ocultar la vergüenza que
sentía frente a él. En el
prostíbulo era conocido como
“La Lita”, su existencia,
desde que era un
adolescente, la había vivido
dentro de ese tipo de
negocios en los alrededores
del convulsionado centro de
San Salvador…
Antonio García Velasco
(Fuente de Piedra,
Málaga, 1946 - †Málaga,
2023). Licenciado y
doctor en Filosofía y
Letras, fue profesor
universitario en la
Facultad de Ciencias de
la Educación de la
Universidad de Málaga.
Ha desarrollado una
amplia trayectoria en el
campo de la docencia y
la creación literaria
que abarca la novela, el
cuento, la poesía, la
crítica, el artículo
periodístico y la
investigación
filológica.
Como poeta, es autor de
una extensa obra
publicada desde los años
setenta, con títulos
como Ulises
desangrado,
Psilocibina, Las
heridas de amor
(finalista del Premio
Andalucía de la
Crítica), Fábulas de
reencarnación o
Cantares de flores
nuevas. En narrativa
ha cultivado tanto la
novela como el relato,
con libros como Altos
vuelos, Profesor
de poesía, Homo
vampyrus o La
empoderada y maldiciente
Sara. También ha
publicado literatura
infantil en editoriales
como Mondadori o Corona
del Sur.
Su labor ensayística es
igualmente notable, con
estudios sobre
metodología del
comentario de textos,
análisis estilístico y
crítica literaria, así
como monografías
dedicadas a autores como
Lorca, Emilio Prados,
Luis Cernuda o Antonia
López García. Ha
participado en numerosos
congresos y es autor de
más de doscientos
artículos
especializados.
Innovador en el ámbito
didáctico, ha creado
diversos programas
informáticos para la
enseñanza de la lengua y
la literatura, uno de
los cuales obtuvo el
segundo Premio Joaquín
Guichot de innovación
educativa.
Columnista habitual y
director de “SUR.
Revista de Literatura”,
mantuvo, hasta su
fallecimiento, una
presencia activa en el
panorama literario
andaluz y español.