Los cuatros relatos que integran el
volumen titulado Una boda en Lyon,
rezuman la magnificiencia del autor
austriaco, exquisito constructor de
ambientes, descripciones y
caracterizaciones plenas de sencillez y
hondura.
APENAS HAN TRANSCURRIDO OCHENTA Y CUATRO
AÑOS.
El suicidio del autor de Novela de
ajedrez, junto a su segunda esposa,
Lotte, abrazados en la cama tras ingerir
dos vasos de veneno, supuso la
demostración de que hasta la más férrea
convicción intelectual se sentía
amenazada por la expansión del nazismo.
El periplo que le hizo finalmente viajar
en 1939 hasta el continente americano,
primero a Argentina y más tarde a
Brasil, tuvo su inicio europeo en París
y Londres. En 1934 se había trasladado a
Inglaterra, huyendo del
nacionalsocialismo y el énfasis
militarista que empezaba a gestarse. Su
compromiso antibelicista le obligó a
exiliarse a Zúrich durante la I Guerra
Mundial. En su última obra El mundo
de ayer. Memorias de un europeo, se
expresa de esta manera, «Con poca
formación europea, viviendo en un
horizonte plenamente alemán, la mayoría
de nuestros escritores creía que su
mejor contribución consistía en
alimentar el entusiasmo de las masas y
en cimentar la presunta belleza de la
guerra con llamadas poéticas o
ideologías científicas… los filósofos…
los médicos… los sacerdotes de todas las
confesiones tampoco querían quedar
rezagados y se unían al coro; a veces,
era como oír a una horda de poseídos… lo
más estremecedor de ese desvarío era la
sinceridad de la mayoría de estos
hombres… Y todo ello sin pensar ni por
un momento que de este modo traicionaban
la verdadera misión del escritor, que
consiste en defender y proteger lo común
y universal en el hombre». Finalmente,
fue la ciudad brasileña de Petrópolis su
destino definitivo el 22 de febrero de
1942. El azar caprichoso hizo que esas
fechas fueran coincidentes con la
aprobación del plan del Tercer Reich,
denominado como «Solución final a la
cuestión judía».
LA LITERATURA EJERCIDA DESDE LA
EXCELENCIA.
La distinción de Stefan Zweig lo es en
la medida que la palabra escrita que
elabora posee naturaleza sencilla y
clarividencia gustosa. Este es el primer
estadio de lo que acontece cuando el
lector incursiona en sus novelas,
relatos y biografías. Escenas y
escenarios que discurren con
significadas, aunque medidas y
sopesadas, connotaciones psicológicas
que ponen relieve en los hechos como
extensión de aquellos. El paisaje
interior es el preponderante. Ello no es
óbice para la definición rigurosa y
estilizada. Los textos poseen la
resonancia juglaresca de quien cuenta
para ser oído, con el atractivo de un
estilo que sin ser preciosista por su
puro enfoque analítico, se reconoce en
la gradación de los instantes y
situaciones de forma depurada, labrada,
cuidadosa. Haciendo derramar cierto
lirismo como fina lluvia que refresca y
lustra los ambientes, sin perturbar lo
más mínimo el fondo claro del asunto que
narra. Una boda en Lyon, La
caminata, Un ser humano
inolvidable y Dos solitarios,
son ejemplos de su rica expresión y
permeable reflexión que tiene en su
traductora Berta Vias Mahou,
sobresaliente valedora en lengua
española a través de la siempre acertada
edición de Acantilado. La
inteligencia emocionada que desprende su
lectura, ilumina los pasadizos del alma
y nos encamina hacia esa estancia íntima
donde confesamos y aliviamos las
miserias que portamos como sacrificadas
hormigas. Es la notoriedad del hecho
humano, calcado, perfilado y cosido a la
vestimenta que cubre su desnudez no por
vergüenza, sino más bien por abrigo.
Stefan Zweig,
escritor, biógrafo y
activista social, había
nacido en la Viena
austro-húngara en 1881,
posteriormente nacionalizado
británico. Su obra abarca la
poesía, el ensayo, el cuento
y el teatro, aunque destacó
en sus interpretaciones de
personajes imaginarios e
históricos. El apogeo de su
carrera literaria le llega
en las décadas de 1920 y
1930. De etnia judía,
encontró en el nazismo su
acérrimo enemigo. Exiliado
en Brasil, se suicidó junto
a su esposa Lotte en
Petrópolis el 22 de febrero
de 1942.
LIBERTAD, PRECIADO TESORO.
En una de las cuatro cartas de despedida
afirmaba «(…) creo que ha llegado el
momento de poner fin a una vida que
estuvo dedicada únicamente a la tarea
espiritual de considerar a la libertad
humana y la mía propia como la más
grande riqueza de la Tierra». A pesar de
su ascendencia judía no profesó la
religión de sus padres. Tuvo a bien,
gracias a su situación acomodada, viajar
a muy diversos países. Ese cultivo le
dotó de dimensión universal y le procuró
la concepción de un riquísimo horizonte
y sentimentalidad cultural con
proyección humanista que se revela en su
escritura. Su obra proscrita y quemada
por el régimen nazi que lo declaró «no
ario», retorna con pulso y vitalidad
intactos y fortalecidos. Condensa esa
afirmación irrenunciable que toda
verdadera obra literaria contiene:
equidistarnos con su lectura de la
barbarie y aproximarnos al deseo de amor
y libertad, con los que el espíritu
humano se alza irreductible frente a la
adversidad.
Pedro Luis Ibáñez Lérida
(Sevilla, España). Poeta,
articulista y comentarista crítico y
literario en diversos medios de
comunicación. Fue miembro del
Consejo de redacción de la Revista
de Literatura Nueva Grecia y
coeditor de Ediciones En Huida.
Pertenece al Centro Andaluz de la
Letras (CAL). Miembro fundador y
coordinador de la iniciativa
ciudadana, literaria y rural
Encuentro Letras Celestes, en la que
actualmente desarrolla su labor
editora y cultural. Son poemarios
suyos Con voz propia
(Editorial Nuño, Sevilla, 2007) y
El milagro y la herida.
(Editorial Nuño, 2009). Desde su
juventud mostró una inclinación
temprana hacia la lectura y la
escritura, influido por el humanismo
clásico y la tradición lírica
española, con especial atención a
los místicos, los románticos y la
generación del 98 y el grupo del 27.
Su formación inicial estuvo
vinculada a estudios en Humanidades,
que amplió mediante una constante
dedicación autodidacta al
pensamiento filosófico, la crítica
literaria y la historia de la
poesía. A lo largo de su carrera, su
estilo ha evolucionado hacia una
poética de lo esencial, donde el
lenguaje es vehículo de
introspección, diálogo interior y
comunión con lo universal.