En el mundo actual no es raro detectar un enconado rechazo de parte de algunos sectores de la sociedad hacia el cuento clásico para niños. Se le tilda de cruel, sexista, antiecológico... Este esquema no es nuevo; de él hallamos vestigios en siglos anteriores, no muy alejados en el tiempo, decididamente proclives a formas narradas más remilgadas, melifluas y edulcoradas. Sin embargo, cuando profundizamos un mínimo en su relato más allá de la capa externa, comprendiendo la simbología de sus personajes, su historia y el contexto en que se desenvuelve todo, vislumbramos un lenguaje lleno de sabiduría y de realismo social que trasciende el tiempo y sus clichés.

EL EDITOR

  

  

EL BOSQUE ES escenario frecuente donde se sitúan hechos o lugares de las historias narradas en los cuentos infantiles. Así, en el corpus analizado (más de ochocientas páginas, casi medio millón de palabras) para el estudio que se publica con el título El lenguaje de los cuentos infantiles (Aljaima, Málaga, 2005), el término “bosque” aparece, prácticamente, una vez cada mil palabras, o sea, 302 veces, más 17 en plural, más cuatro en diminutivo (“bosquecillo”).

Nos podemos preguntar por la función y, acaso, el simbolismo de esta palabra, de este elemento. Y, para responder a tal interrogante, nos fijamos en sus apariciones en los distintos contextos.

  

Bosque, lugar para ocultar el crimen y para permanecer oculto

En Blancanieves, el bosque es el lugar donde ocultar el crimen: «Entonces (la reina madrastra) mandó llamar a un cazador y le dijo: -Llévate a la niña al BOSQUE; no quiero volverla a ver. La matarás y me traerás, como prueba, sus pulmones y su hígado». Y, también, el lugar en el que permanecer oculto, en refugio ante los peligros amenazantes aunque exponiéndose el personaje a otros peligros desconocidos: «Obedeció el cazador y se la llevó; y ya había sacado el cuchillo de monte y se disponía a traspasar el inocente corazón de Blancanieves, cuando la niña se echó a llorar y le dijo: // ―¡Ay, querido cazador, déjame vivir!; me quedaré en el BOSQUE y no regresaré nunca. // Y como era una niña preciosa, el cazador se compadeció y dijo: // ―Vete, pobre niña, vete. // “Las fieras pronto darán cuenta de ella”, pensó y, sin embargo, sintió que se quitaba un gran peso de encima al no tener que matarla».

  

Bosque, lugar de aventuras inesperadas

A las dos funciones anteriores, se añade, en consecuencia con esta última función, la de ser escenario de aventuras inesperadas: «Y la pobre niña se quedó en el inmenso BOSQUE sola y desamparada; tenía tanto miedo que se quedó mirando las hojas de los árboles sin saber qué hacer. [...] Así yació Blancanieves en el sarcófago durante mucho tiempo, y como no se descompuso parecía solo estar durmiendo, pues todavía era blanca como la nieve, roja como la sangre y tenía aún sus cabellos negros como el ébano. Y he aquí que un príncipe se perdió en el BOSQUE y llegó a la casa de los enanitos para pasar la noche. Vio el sarcófago en la montaña y a la hermosa Blancanieves dentro, y leyó lo que estaba escrito con letras de oro...».

   

Bosque, lugar de aventuras capaz de entretener con sus atractivos vegetales (flores, ramas...)

Así se presenta en Caperucita roja: «Pero la abuela vivía fuera, en el BOSQUE, a media hora de camino del pueblo. // Cuando Caperucita Roja llegó al BOSQUE, salió a su encuentro el lobo. [...] ―Caperucita Roja, mira esas hermosas flores que te rodean, sí, ¿por qué no miras a tu alrededor?; me parece que no escuchas el melodioso canto de los pajarillos, ¿no es verdad? Andas ensimismada, como si fueras a la escuela, ¡y es tan divertido corretear por el BOSQUE! Caperucita Roja abrió mucho los ojos, y al ver cómo danzaban de un lado para otro, entre los árboles, los rayos de sol, y cuántas preciosas flores había, pensó: “Si llevo a la abuela un ramo de flores frescas se alegrará; y, como es tan temprano, llegaré a tiempo”. Y apartándose del camino, se metió en el BOSQUE en busca de flores. Y, en cuanto había cortado una, pensaba que más allá habría otra más bonita y, buscándola, se internaba cada vez más en el BOSQUE».

  

Bosque, fuente de recursos necesarios para la vida

Resulta también el bosque una fuente de recursos necesarios para la vida. En consecuencia, es obligado ir a él. Así, en El genio de la botella, el leñador se gana la vida con la madera que tala en el bosque: «Y cuando el padre se disponía a ir al BOSQUE a por madera, el joven le dijo:// ―Quiero acompañaros y ayudaros».

  

Bosque, lugar de entretenimiento

Si para el padre, en El genio de la botella, el bosque es un lugar de trabajo, para el hijo que lo acompaña lo será también de entretenimiento: «Entonces el padre le pidió prestada un hacha al vecino, y a la mañana siguiente, al despuntar el día, se fueron juntos al BOSQUE. El joven ayudó al padre, mostrándose muy animado y emprendedor. Cuando el sol estuvo sobre sus cabezas dijo el padre: // ―Vamos a hacer un alto para comer; después nos sentiremos mucho mejor. // El hijo cogió el pan y dijo: // ―Reposad tranquilamente, padre; yo no estoy cansado y quiero ir a pasear un rato por el BOSQUE, a ver si encuentro algún nido. // ―No seas presumido ―dijo el padre―; ¿qué vas a hacer por ahí?; luego estarás cansado y no podrás levantar el hacha. Quédate aquí y siéntate a mi lado. // Pero el hijo se fue al BOSQUE, se comió su pan y, muy alegre, estuvo mirando por entre las verdes ramas para ver si descubría algún nido». Pero el bosque es un laberinto con peligros para quienes no lo conocen. Por ello no resulta prudente recorrerlo solo: «Al cabo de un rato dijo el escolar: // ―Padre, no puedo más, dejemos mejor de trabajar. // ―¿Qué dices? ―respondió el padre―, ¿crees acaso que pienso cruzarme de brazos como tú? Tengo que seguir, tú puedes irte a casita. // ―Padre, he venido por primera vez a este BOSQUE y no sé volver solo; vente conmigo. // Y como se le había pasado el enfado, el padre se dejó persuadir y regresó con él».

  

  

           

El genio de la botella (en alemán, Der Geist im Glas) es un cuento de hadas alemán, de origen popular, recopilado por los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm. Rescritos y ordenados, fueron publicados en dos tomos con el título genérico de Cuentos para la Infancia y el Hogar, el primero de los cuales apareció en 1812, al que siguió en 1814 su segundo. En la publicación de los hermanos Grimm es el número 99 de la recopilación.

Imagen: Escuelapedia.com.

  

  

Bosque, fuente de comida

En El lobo y los siete cabritos: «Érase una vez una vieja cabra que tenía siete cabritos a los que quería tanto como una madre puede querer a sus hijos. Un día se dispuso a ir al BOSQUE a por comida, así que llamó a los siete y les dijo:  //―Queridos niños, me voy al BOSQUE, tened cuidado con el lobo porque si llegase a entrar aquí, os devoraría, y de vosotros dejaría ni el pellejo».

  

Bosque, peligro

Si la casa es el refugio, el bosque, o sea, todo lo que resulta externo al hogar, si bien proporciona comida, o lo necesario para ganarse la vida, implica un peligro, representa lo desconocido para el inexperto. Por ello, los siete cabritos no acompañan a la madre, incluso exponiéndose a la amenaza del lobo, el maligno que, por otra parte, vive en el bosque.

El joven, casi siempre resulta un temerario capaz de adentrarse en el bosque, en el peligro, sin temor. Así, en el relato de los hermanos Grimm, titulado El nabo, se nos muestra a un joven temerario que cruza el bosque sin miedo, alegremente canturreando: «Resultó que quien venía por el camino era un peregrino, un joven menestral aprendiz de artesanía, que, cantando alegremente una canción, cabalgaba por el BOSQUE camino de la carretera». Resulta víctima de un engaño cuando se prometía encontrar la sabiduría. Podríamos ver en el relato un guiño irónico contra la búsqueda de la sabiduría por medios inadecuados y torpes. De cualquier forma, triunfa la crueldad gratuita del personaje principal de este cuento.

  

Bosque, bosque y jardín

En El pájaro de oro, el bosque representa el elemento exterior al jardín que posee el rey detrás de su palacio y donde «había un árbol que daba manzanas de oro». El bosque resulta, como en otras ocasiones, el lugar de las aventuras y los imprevistos: un zorro que promete consejos y ayuda a cambio de que no lo maten y que, posteriormente, pide ser matado y descuartizado para transformarse en un joven príncipe: «Pero, ¿qué pasó con el pobre zorro? Mucho tiempo después fue el príncipe de nuevo al BOSQUE; el zorro le salió al paso y le dijo: // ―Posees todo cuanto puedas desear, pero mi desgracia no tiene fin, y en tu poder está el salvarme. // Y de nuevo le rogó encarecidamente que le matase a tiros y le cortase la cabeza y las zarpas. // El príncipe lo hizo, y apenas había realizado el acto cuando el zorro se transformó en un joven, que era ni más ni menos que el hermano de la hermosa hija del rey, quien finalmente salía del encantamiento que pesaba sobre él. Y entonces ya nada faltó para su felicidad mientras vivieron».

El rey sapo o Heinrich el Inflexible presenta un bosque, en el bosque, un estanque, en el estanque, un sapo que resulta ser un rey víctima de un encantamiento. El bosque representa también lo externo al hogar, al palacio y, por tanto, el escenario de aventuras y encuentros insospechados: «Cerca del palacio real había un gran BOSQUE umbrío; y en el BOSQUE, a la sombra de un viejo tilo, se encontraba un estanque. En los días de mucho calor, la hija del rey salía al BOSQUE y se sentaba al borde del fresco manantial; y cuando se aburría tomaba una bola de oro, la tiraba por los aires y la volvía a coger; y este era su pasatiempo favorito. [...] // ―¡Ay!, padre querido, estando ayer en el BOSQUE, jugando sentada al borde del estanque, se cayó al agua mi bola de oro. Y como me echase a llorar, el sapo me la sacó, y como me lo exigiera, le prometí que sería mi compañero; pero nunca pensé que pudiese salir de su estanque. Ahora está ahí afuera y quiere entrar a acompañarme». El sapo recobra su verdadera figura, un rey, que se casa con la con princesa al modo de tantos finales maravillosos.

  

Bosque, prueba de habilidades

El sastrecillo valiente prueba sus habilidades y su valentía en el bosque donde se enfrenta a los desafíos de un gigante, a la lucha contra dos gigantes, a un jabalí salvaje e irreducible. El rey con su corte domina el palacio, domina la aldea, pero el bosque es lugar que alberga peligros que solo los héroes pueden afrontar y vencer.

  

Bosque, laberinto

En Hánsel y Gretel se presenta el bosque no solo como proveedor de bienes, leña, sino también como laberinto en el que se han de abandonar a los niños para remediar la miseria del hogar. Los niños se perderán y morirán víctimas de los peligros consiguientes. La astucia de Hánsel los liberará del laberinto y, después, la habilidad de Gretel hará desaparecer a la bruja que se disponía a comérselos. Los hermanos unidos superarán los peligros del bosque y volverán triunfantes a su casa, donde el padre arrepentido, la madrastra muerta y las riquezas aportadas por los niños restituirá la felicidad perdida, pues «entonces se acabaron todas sus preocupaciones y vivieron siempre felices y contentos».

La bola de cristal contiene una sola vez la palabra bosque, presentado, igual que en casos anteriores, como laberinto del que no se sabe salir: «Y como era valiente y no conocía el miedo, decidió ir en busca del palacio del Sol Dorado. // Llevaba ya mucho tiempo vagando por los caminos sin haber podido encontrarlo, cuando se perdió en un umbrío BOSQUE del que no supo salir».

  

  

           

Hánsel y Gretel (en alemán, Hänsel und Gretel), otro de los cuentos de hadas alemanes recogido por los hermanos Grimm, relata las peripecias de los dos hijos de un pobre leñador, al que su esposa (madrastra de los hermanos) convence para una noche para abandonarlos en el bosque. En la publicación de los hermanos Grimm es el número 15 de la recopilación.

Imagen: WikiMedia.org.

  

  

Zarzarrosa (La bella durmiente del BOSQUE), pese al título, no habla de bosques, habla de un “seto de escaramujos”, tras el cual está el palacio con toda la corte, y, por supuesto, la bella princesa, dormida. De cualquier forma, tal seto resulta impenetrable de modo que «de tiempo en tiempo, llegaban príncipes que querían penetrar en el palacio atravesando el seto. Pero no les era posible, pues las espinas, como si fuesen manos, los agarraban fuertemente; así los jóvenes quedaban prisioneros, no podían liberarse y morían de una muerte cruel». Cuando llega el príncipe esperado, el predestinado, al acercarse «al seto de escaramujos, lo encontró lleno de grandes y hermosas flores, que se apartaban voluntariamente ante él y le permitían pasar sin daño alguno, cerrándose de nuevo a sus espaldas en espeso matorral». No comentamos ahora el simbolismo de tan duradero sueño ni tan enrevesado bosque o seto de escaramujos. Pero, ciertamente, el príncipe puede penetrar en el palacio, besar a la princesa dormida y hacer que todo el encantamiento desaparezca y el palacio cobre vida.

  

  

     

     

La bella durmiente del bosque (en alemán, Dörsroschen) es otro de los cuentos recopilados por los hermanos Grimm, en cuya primera publicación aparece con el número 49. La historia de este cuento era muy conocida por tierras de la vieja Europa, y de ella se tiene constancia en Italia (Giambattista Basile, 1634) y Francia (Charles Perrault, 1697), principalmente.

Imagen: WikiPedia.org.

  

  

Bosque, diversas perspectivas del mismo bosque

En La mujer del manantial y sus gansos, el bosque es presentado como lugar conocido por la anciana que, al igual en cuentos anteriormente aludidos, proporciona bienes diversos: «Todas las mañanas, la anciana cogía su bastón y se iba renqueando al frondoso BOSQUE que rodeaba el lugar. // La viejecita estaba siempre muy atareada, mucho más de lo que sus muchos años permitían suponer: recogía hierbas para sus gansos, recolectaba frutos silvestres en la medida en que podía alcanzarlos con sus manos, y todo se lo echaba a la espalda para llevarlo a su hogar». Mas para el joven inexperto, el joven conde, el bosque resulta un laberinto en el que se pierde durante tres días: «El conde anduvo errante durante tres días por la espesura antes de lograr salir del BOSQUE». El bosque resultará también un lugar donde “desterrar” a la hija que da una respuesta “inconveniente” a su padre, el rey. Fue un castigo excesivo, según reconocen el propio rey, la reina y la anciana cuidadora de los gansos. El rey pregunta a sus hijas cómo lo quieren. Según sea el amor al padre, así este las compensará. Veamos las respuestas y el premio o castigo que reciben: «Cada una aseguró ser la que más le quería. // “¿Me podéis decir —repuso el rey— como a qué me queréis? Así sabré con qué me comparáis”. // La mayor dijo: “Quiero a mi padre tanto como al más dulce azúcar”. // La segunda: “Quiero a mi padre tanto como a mi mejor traje”. // Pero la menor permaneció callada. Entonces le preguntó el padre: // “¿Y tú, niña querida, tú como a qué me quieres?” // “No lo sé —respondió—, no puedo comparar a mi amor con nada”. // Pero el padre insistió para que nombrase alguna cosa. Al fin dijo: // “La mejor de las comidas no me gusta sin sal, por eso quiero a mi padre como a la sal”. // Cuando el rey oyó esto se enfadó y dijo: // “Si me quieres tanto como a la sal, con sal será correspondido tu amor”. // Entonces mandó dividir el reino entre las dos hermanas mayores, y atar a la menor un saco de sal a la espalda y que dos siervos la llevaran al BOSQUE salvaje».

El bosque, pues, es lugar de destierro y castigo. Ya vimos que también era el lugar donde se ocultaban los castigos violentos, malvados, desproporcionados (caso de Blancanieves, mandada ejecutar por su madrastra en el bosque). Todo lo que no es seguridad del hogar, del palacio, del jardín, es bosque. Llevar al bosque a alguien, abandonar en el bosque, ir personalmente al bosque en busca de comida, tener que atravesar el bosque es exponerse a mil peligros, a aventuras imprevistas, a encuentros con lo desconocido.

En el cuento que nos ocupa, el bosque es para la vieja que cuida los gansos fuente de bienes; para la princesa castigada por su padre fue castigo, si bien encontró el apoyo de la vieja con apariencia de bruja, pero en realidad hada ejemplar (el elemento mágico protector de los buenos que en tantos otros cuentos tradicionales aparece); para el joven conde, lugar de aventuras, laberinto donde se pierde o perdió al rey y a la reina cuando iban a buscar a la hija abandonada («El conde los había perdido por la noche en el BOSQUE y tuvo que continuar solo».); para la joven será también, gracias al apoyo de su hada, un lugar seguro, si bien en el refugio de la casa y con disfraz de anciana asumiendo una apariencia horripilante («Atravesó la campiña y se internó en el BOSQUE. // Finalmente, llegó a un claro donde un manantial brotaba bajo tres encinas. Entretanto, la luna, redonda y grande, se había alzado tras las montañas, y daba tanta luz, que se hubiese podido encontrar una aguja en un pajar. Entonces se arrancó una piel que tenía pegada al rostro, se inclinó sobre el manantial y comenzó a lavarse. Cuando terminó metió también la piel en el agua y luego la puso en el suelo para que empalideciera secándose a la luz de la luna. Pero, ¡cómo se había transformado la mujerona! ¡Algo como nunca habéis visto! Al caer al suelo la trenza gris quedaron sueltos sus cabellos dorados como rayos de sol, tan largos que cubrieron su cuerpo como un abrigo. Los ojos relucían y brillaban como estrellas del cielo, y las mejillas lucían como el sonrosado terciopelo de los botones del manzano. Pero la hermosa joven estaba triste...»).

  

Cómo vivir en el bosque

Sin protecciones, acaso mágicas, no se puede vivir ni en el bosque ni en una casa perdida en el mismo. Por ello, antes de desaparecer, la anciana de La mujer del manantial y sus gansos convierte la casa de aspecto miserable en un hermoso palacio y, tal vez, los gansos en la servidumbre del mismo, donde han de vivir seguros la princesa y su esposo el conde.

Este cuento supone también un ejemplo de discriminación de una hija, la menor, respecto a las dos mayores: estas reciben cada una la mitad del reino y la menor el abandono en el bosque. Son frecuentes estos casos en los cuentos tradicionales. Por ejemplo, en El gato con botas, los dos primeros reciben en herencia medios suficientes para ganarse la vida, frente al pequeño que solo recibe un gato. En Cenicienta, las dos hermanastras reciben toda la atención de la madrastra, su madre, frente la huérfana que ha de realizar los trabajos más duros. En La oca de oro estamos en un caso similar: el tercer hijo, llamado además Tontillo, vive marginado y maltratado. El bosque, tema que nos ocupa, será lugar de extracción de bienes y lugar de aventuras y encuentros: «En cierta ocasión el (hijo) mayor se disponía a ir al BOSQUE a cortar leña, y antes de que se fuera le dio la madre una espléndida y exquisita tortilla y una botella de vino, para que no padeciese hambre ni sed. [...] Luego fue el segundo hijo al BOSQUE, y la madre le dio, al igual que al mayor, una tortilla y una botella de vino. [...] Entonces dijo Tontillo: // —Padre, déjame ir a cortar leña. // A lo que el padre respondió: // —Tus hermanos no han salido muy bien parados en ello; déjate de esas cosas, de las que tú no entiendes. // Pero Tontillo rogó y suplicó tanto tiempo, que el padre dijo al fin: // —Pues ve, ya escarmentarás cuando te hieras. // La madre le dio una tortilla, que había sido hecha con agua, y sobre las cenizas; a lo que añadió una botella de cerveza agria».

Si los hermanos, actuando con la lógica torpe del egoísmo, se negaron a compartir su cesta de provisiones con el anciano que salió a su encuentro pidiéndoles un trozo de tortilla y un trago de vino y, en consecuencia, reciben su castigo, Tontillo se muestra generoso: «Cuando llegó al BOSQUE, le salió al paso, igualmente, el viejo y lúgubre hombrecillo, quien le dijo: //—Dame un pedazo de tu tortilla y un trago de tu botella; tengo tanta hambre y tanta sed... // —Pero —respondió Tontillo— solo tengo una tortilla hecha sobre las cenizas y cerveza agria; si te parece bien, sentémonos y comamos». Por tanto, recibe su premio que, tras una serie de aventuras en una ciudad y el bosque, culmina como es frecuente: «...Entonces le dio el barco que podía ir por tierra y por mar, y cuando el rey lo vio no pudo negarle por más tiempo a su hija. La boda fue celebrada. Después de la muerte del rey, heredó Tontillo el reino y vivió feliz mucho tiempo con su esposa».

El bosque es lugar seguro para sus habitantes genuinos, ya sean brujas, hadas, geniecillos o animales. Por ello, el peligro puede estar fuera del mismo: «En cierta ocasión, el cazador perseguía a un ciervo. El animal salió del BOSQUE a campo abierto, y él lo siguió hasta que finalmente lo mató de un tiro».

  

  

     

     

El oca de oro (en alemán, Die goldene Gans) es un cuento de hadas recogido también por los hermanos Grimm. Es el número 64 de su publicación. Narra la historia del más joven de tres hermanos a quienes le dan el apodo de Tontillo.

Imagen: WikiMedia.org.

  

  

Otros bosques

Aparecen otros bosques en los cuentos tradicionales, pero hemos tratado sus principales aspectos. Si tenemos en cuenta lo que nos dice el diccionario de símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, para los celtas, el bosque constituía un verdadero santuario en estado natural. Un valor semejante se encuentra en China o Japón. Para griegos y romanos, los bosques estaban consagrados a las divinidades y simbolizaban la morada misteriosa de Dios. Pero entre los psicoanalistas modernos, el bosque simboliza lo inconsciente: Jung nos habla del terror al bosque como del temor a las revelaciones del inconsciente.

Nada de ello contradice lo revelado por el análisis de los cuentos infantiles. ¿Acaso todo lo relacionado con Dios o los dioses no nos sobrecoge o consuela, no nos asusta o conforta, no nos siembra temor o nos produce seguridad y paz interior?

   

   

  

  

  

  

  

      

     

Antonio García Velasco (Fuente Piedra, Málaga). Escritor, ensayista y articulista. Licenciado en Filosofía y Letras por la Universidad de Oviedo y Doctor en Filosofía y Letras (Sección de Filología Hispánica) por la Universidad de Málaga. En la actualidad es Profesor Honorífico de la Universidad de Málaga y miembro de la Asociación Andaluza de Críticos Literarios. Ha cultivado la lírica, la narrativa (novela y cuento), el ensayo y programas de informática para la docencia de la lengua y la literatura.

Entre sus obras de creación lírica figuran los poemarios Fuego sordo (1975), Marchamar andalusí (1977), Se rompe hasta la vida cotidiana (1980), Des(h)echa la ciudad (1980), Ulises desangrado (1982), Demonolatrías (1985), Amor compiuter (1987), El libro olvidado (1988), Escritos dadaístas o la eficacia y operatividad del lenguaje C (1990), Un libro para el gozo (1994), Inter-nos (1994), Lejano siglo XX (1997), Psilocibina (1998), Las heridas de amor (1999), Altos vuelos (2000), Una carta de amor (2002), Infinito mar que es el vivir (2003) y Hojas ustibles (2005).

De los títulos de su obra en prosa (novela y cuento), cabe citar Altos vuelos (2000), Una carta de amor (2002), Infinito mar que es el vivir (2003), Hojas ustibles (2005), Amores y tiempos. Relatos (2014), Lejano siglo XX. Novela de ciencia y ética ficción (2014), Cajón de sastre. Objetos animados 1 (2015), Profesor de poesía (2016), Fábulas de reencarnación (2016), Memorias de mi eterna llamarada (2016), El pueblo de los misterios. (Trilogía del misterio) (2017), Un dilema de amor. Mucho más que un dilema de amor ha de resolver Gustavo, el personaje de esta historia (2018) y Homo Vampyrus. El eslabón supremo en la cadena trófica (2019).

De sus ensayos y libros metodológicos hay que mencionar el Método de comentario de textos y Comentario a “Los pedazos del sonido”, poema de Francisco Peralto (1978), Método de comentario de textos. Teoría y práctica (1986), Enunciado, estructura, reescritura y función (1994), Estudios filológicos con procedimientos informáticos: desarrollo, aplicabilidad y rendimiento de programas en ordenadores personales (1996), Poética (1994), Propuestas metodológicas para el conocimiento de la obra literaria (Ensayos sobre literatura española actual) (1996), Análisis de la poesía de Antonia López García (con procedimientos de estilísticas computacional) (1998), Un príncipe encantador (Cuento para niños y niñas de hasta 99 años), que incluye un disco con programa de actividades y pasatiempos (1998); Las cien mil palabras de la poesía de Lorca (1999); Búhos del 98. Sobre ideas y literatura de la Generación del 98 (1999), La mujer en la literatura medieval española (2000), La poesía de Emilio Prados. Estudio y valoración (2000), La poesía de Luis Cernuda. Estudio y valoración ante su centenario (2005), El lenguaje de los cuentos infantiles (2005) y 30 poetas andaluces actuales. Vocabulario y recursos (2005).

Ha colaborado en antología líricas y ensayísticas, como Poesía andaluza en libertad. (Una aproximación antológica a los poetas andaluces del último cuarto de siglo) (2001), Poesía en los barrios (2001), Poemas escritos a la vera del mar (2004), Estudio y reflexiones sobre la Educación social (participa como coordinador y autor de un capítulo) (2004); Alcazaba. I Muestra de poesía actual en Málaga, que incluye un CD con la antología poética “Bajel navegando por la poesía actual en Málaga” (2005), Poemas escritos a la vera del mar (2004), Ensayos sobre Albert Camus. Clásicos del Siglo XX, 1 (2015), Ensayos sobre Antonio Machado. Clásicos del Siglo XX (2017) y Ensayos sobre Blas de Otero. Clásicos del Siglo XX, 2 (2017).

Como profesor interesado en la aplicación de la informática a la docencia, ha desarrollado programas de ordenador para la enseñanza de la lengua y la literatura, entre los que cabe mencionar Analizador, Métrica, Cuentos para cuentos, Poética, Adivina adivinanza, 12 viñetas, ATRIL-e, Secuencias, ATRIL2-e, HESCREA (Herramientas de Escritura Creativa), Comentario, CreaEjercicios, CreaDominós, SopaLetras y Bajel: Navegando por el cuento de Cencienta, entre otros. Merece especial mención Bajel: Navegando por la Literatura actual en Andalucía, que fue distinguido con el segundo «Premio Joaquín Guichot» a proyectos educativos.

Ha presentado numerosas comunicaciones y ponencias en diferentes congresos nacionales e internacionales, publicadas luego en las correspondientes actas. Es autor también de más de doscientos artículos sobre temas de literatura, lengua, crítica literaria o didáctica, publicados en prensa, suplementos literarios o revistas especializadas. Ha colaborado como columnista de opinión en el Diario La Torre y el Diario Málaga-Costa del Sol (con su columna “Marinas”) , y en el suplemento dominical de este periódico, Papel Literario, con artículos de crítica literaria. En la actualidad, y dentro de las actividades que organiza ASPROJUMA, coordina y presenta la sección el «Aula de Poesía en la UMA», que tiene como finalidad presentar autores y obras y organizar lecturas de textos selectos.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral. Sección 3. Página 11. Año XIX. II Época. Número 106 Extra. Enero-Junio 2020. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2020 Antonio García Velasco. © Las imágenes, extraídas a través del buscador Google de diferentes sitios relacionados con la estética músical, se usan exclusivamente como ilustraciones, y los derechos pertenecen a su(s) creador(es). Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2020 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga & EdiBez. Ediciones Digitales Bezmiliana. Calle Castillón, 3, Ático G. 29730. Rincón de la Victoria (Málaga).

    

    

     

 

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