ABRIL-JUNIO 2019  

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OBRAS FINALISTAS

XXV PREMIO ANDALUCÍA DE LA CRÍTICA 2019

CATEGORÍA: POESÍA

   

  

Por  Francisco Morales Lomas

   

   

LA ASOCIACIÓN ANDALUZA de Escritores y Críticos Literarios ha hecho público el nombre de los finalistas del XXV Premio Andalucía de la Crítica en las modalidades de poesía, novela y cuento, tras la votación de más de cien críticos y especialistas que han seleccionado entre todas las obras publicadas por autores andaluces a lo largo de 2018.

   

POESÍA

Entre las obras seleccionadas en la categoría de poesía para alzarse con el máximo galardón de las letras andaluzas, hay, en esta ocasión, mayoría de obras publicadas por poetas andaluzas; en concreto, Antes que el tiempo fuera, de la cordobesa Juana Castro (Hiperión); Geografía de la memoria, de la granadina Mariluz Escribano (Calambur); Bajo la luz, el cepo, de la también granadina Olalla Castro Hernández (Hiperión); La espalda de la violinista, de  Teresa Gómez (Fundación José Manuel Lara), Las niñas siempre dicen la verdad, de la sevillana  Rosa Berbel (Hiperión) y Matria, de la gaditana Raquel Lanseros (Visor); a ellos se suman Biología, Historia, del poeta granadino afincado en Málaga Antonio Jiménez Millán (Visor Libros), Cancionero del amor fruitivo, del malagueño José Lara Garrido (Ed. Cancioneros Castellanos), En busca de una pausa, del jiennense Juan Carlos Abril (Pre-textos), La palabra muda, del accitano Antonio Enrique (Eds. El Gallo de Oro) y Señales subjetivas, obra del poeta de Rute José María Molina Caballero (Ed. Ánfora Nova).

  

NOVELA

En cuanto a narrativa, han sido seleccionadas Cara de pan, de la autora afincada desde la infancia en Sevilla Sara Mesa (publicada en Anagrama); Fractura, del autor argentino-granadino Andrés Neuman (Alfaguara); El ausente, del melillense residente en Sevilla Antonio Rivero Taravillo (La Esfera de los Libros); Final feliz, del sevillano Isaac Rosa  (Editorial Seix Barral), y Sur, del malagueño Antonio Soler, editada por Galaxia Gutenberg.

  

CUENTO

En esta categoría, seis libros optan al premio: Arde hasta el fin, Babel, del sevillano Diego Vaya (Ed. Maclein y Parker); Fantásticos biografemas, del almeriense José Valles (Alhulia); Libro de los silencios, de Francisco Silvera (EDA Libros); Cuentos completos, del cordobés Rafael Mir Jordano (Diputación Provincial de Córdoba); Mi bello Fauvel, del malagueño Gonzalo Campos Suárez (Ed. Adeshoras), y Sucederá la flor, obra del granadino Jesús Montiel, publicado por Pre-textos.

  

Los ganadores, que recibirán una escultura de la artista cordobesa Marta Campos, se conocerán durante el mes de marzo, cuando un jurado compuesto por veinte miembros entre profesores, críticos literarios y periodistas elijan las obras andaluzas más relevantes publicadas a lo largo de 2018 en un acto que tendrá lugar en el Centro Andaluz de las Letras (Málaga).

La entrega de premios tendrá lugar a mediados de mayo en un acto que cuenta con la colaboración de la Fundación UNICAJA, la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía y el Centro Andaluz de las Letras.

  

17 de Enero de 2019.

  

  

   

  

  

OBRAS FINALISTAS

CATEGORÍA: POESÍA

  

  

En las líneas que siguen, el lector puede acceder a comentarios resumidos de las obras que han resultado finalitas en el XXV Premio Andalucía de la Crítica, correspondiente al año 2019, en la categoría de Poesía, según decisión del jurado constituido al efecto, en el que han actuado como presidente Francisco Morales Lomas, Remedios Sánchez, Antonio Hernández, José María Barrera, Manuel Gahete, José Sarria, María Rosal Nadales, Blas Sánchez Dueñas, José Cabrera Martos y Paloma Fernández Gomá.

 

  

  

 

 

  

«Antes que el tiempo fuera»

Juana Castro

Eds. Hiperión, Madrid, 2018

 

  

1. Antes que el tiempo fuera, de Juana Castro

Se trata de una alegorización sobre el origen de la humanidad. Estructurado muy simétricamente en tres apartados: “Quieres oír el mar?”, “Siempre el mismo tren”, “Dame la mano, madre”. Desde el bello nacimiento a la luz con el pinzón y el dolor y la herida rumiando, va creando una historia personal desde el distanciamiento de la tercera persona en una época de posguerra, «Una niña, cristal, junio de otra». Y surge cierto lenguaje cientifista con el mar como origen de esa humanidad, de la mano de Amaltheus, una amonita, uno de los fósiles más antiguos. Al mismo tiempo que surge ese nacimiento del mundo con la simbólica amonita, va creando su historia personal, casi paralela e imbricada con ese nacimiento del mundo, porque el nacimiento y la evolución de cualquier persona lo es también de su mundo propio, personal e intransferible. De ahí que en el poema “Ajuar” hable de esa relación de la madre con la hija y la navaja como símbolo de muchas cosas, como en la obra de Lorca: «Una moza ya está / puesta de largo / con su fértil navaja». La mujer y su trabajo ofrece una imagen en la línea de una defensa militante como en el alusivo “Silencio sideral”. Es una poesía anti-sentimental y antirretórica que trata de construir el pensamiento. 

Se encuentra presente el dolor, los naufragios, la soledad, la lucha, siempre imbricada con esa simbología de la humanidad en evolución que se asimila a esa historia personal, como en el poema “Destellos”, con la posguerra como presencia: «festejaban el fin de los cadáveres». En algunos casos sí existe una denuncia y un dolor profundo, como en “Luminaria”: «Morir con treinta años. Eso era / la vida. Desamparo, dolor, / el miedo…». En el poema “Sutura” se observa esa asociación de significados cuando dice: «Y Amaltheus la madre cruza / despavorida el puente / de todas las consultas al materno / con su hijo en los brazos». Ese símbolo de la maternidad dolorida también está muy presente y el dolor y el sentimiento de agresión: «los hombre / y su charco de sangre…».

Es un gran libro que, al mismo tiempo que conduce esa historia de la humanidad de violencia, rencor…, advierte de la situación de la mujer, de esa Amaltheus simbólica adherida al tiempo: «El tiempo aumenta de valor cuanto más cerca / nos mira el precipicio». Un gran verso sin duda. Esa Amaltheus se siente siempre en situación de persecución ante esa atronador antropofagia y «aterida, entra / en la boca del subterráneo». El espacio de la casa, la familia y la simbólica madre están muy presentes en el último apartado, donde realiza una síntesis de sus mundos: la madre, la abuela, la hija («Vuestra madre / la vieja cefalópada sin remos») al tiempo que está presente ese ámbito del trabajo de la tierra («Los hermanos, el padre, las azadas») para, finalmente, en el último poema “Vislumbre”, ofrecer una definición de lo que somos, ese Amaltheus que fue hija, madre, pequeñez en el ocaso, polvo en la roca, pero, sobre todo, tiempo, «Era tan solo el tiempo».

  

  

  

  

 

 
  

«Bajo la luz, el cepo»

OLALLA CASTRO

Eds. Hiperión, Madrid, 2018

 

  

2. Bajo la luz, el cepo, de Olalla Castro Hernández

Es un libro de gran interés, con una estudiada uniformidad a pesar de los cuatro apartados en los que se estructura: “La expedición perdida de Franklin” (1845-1848), “Por la ruta de Siskiyou” (1848-1855), “Las histéricas de la La Salpêtrière” (1862-1867) y “La leprosería de la isla de Molokái” (1866-1869). Con él, Olalla Castro ha querido realizar una alegoría en torno a la existencia desde el viaje inicial hasta el ingreso en la leprosería. Es un viaje hacia la nada, el dolor, el miedo y la muerte, en el que la figura del hombre es completamente atacada como responsable acaso de la existencia de la mujer.

Una dicotomía que estará muy presente sobre todo en la segunda y la tercera partes, en las que los comentarios sobre el hombre poseen en general un aire negativo.

En ese recorrido se pretende fundar el mundo, y, a través de una senda narrativo-descriptiva, la autora va ahondando en claves de la existencia en las que sensaciones como el miedo, las sombras, el poder del hombre… poseen una simbología determinante.

La protagonista tiene el nombre de Virginia y nos habla de su miedo y su soledad mientras los hombres beben, y se busca «una salida / a este laberinto que deslumbra». La luz y las palabras tan iguales operan como confines y trincheras, y, en esa huida, también Virginia acaba siendo John y se es consciente de que «siempre se muere caminando», al tiempo que van dejando «un reguero de muertos sobre el hielo», y llegando incluso al canibalismo: «Abriendo el cráneo a un hombre moribundo / y succiono esa cosa viscosa / que aún está caliente».

La historia avanza por esa alegoría del viaje familiar (ahora hacia un supuesto espacio americano ocupado por los indios) como aquellos aventureros americanos «sobre esta blanda miseria que nos une». Y en ese recorrido familiar existe la sensación de impostura y pérdida: «Mis padres y mis hermanas / parecen olvidar que le rezan / a la misma persona que nos ha abandonado».

Un viaje que progresivamente va hacia la desesperación y la muerte en los apartados siguientes, en los que ya «los hombres vestidos de uniforme / han deshilachado una a una las certezas». Un poemario que poco a poco se va convirtiendo en un grito de la mujer ante el medio y donde los hombres de blanco «dicen que nuestra locura se aloja / entre las piernas».

Hombres que dominan pero a la vez son los sanadores. Una dicotomía que progresivamente muestra al hombre todopoderoso y la mujer víctima: «Todas hemos nacido con el mal en los ojos, / dice el doctor mientras, / con un pequeño martillo de metal, / me da golpecitos en las sienes». Son mujeres que están internadas por locas, atacadas, zaheridas: «Me mira con un fósforo en los ojos / y me incendia con esta culpa inútil, / para después marcharse». Y, en definitiva, dirá: «Mi dolor les pertenece».

En el último apartado está en la leprosería de Molokái donde surge el hombre-farol que le señala o el hombre con montañas en el rostro. Continúa con una alegorización en la que los esquemas dicotómicos están presentes, se observa la estructura de poder que todo lo conforma y determina, y donde están siempre presentes la desolación, el dolor, la desesperación y la imposibilidad de salir de allí: «Sé que solo saldré de este sitio / cuando alguien me arrastre, / cargando con mi cuerpo».

  

  

  

  

 

 

  

«Biología, Historia»

Antonio Jiménez Millán

Visor Libros, Madrid, 2018

 

  

3. Biología, Historia, de Antonio Jiménez Millán

Jiménez Millán se introduce en la memoria con un aire sentimental. Un recorrido por la historia personal: las calles de Granada, los diversos lugares vividos. Son situaciones que se asocian al ámbito familiar. Son escenarios anímicos que han quedado en la memoria y ahora se recuperan idealizados. Podemos encontrar espacios, lugares, paisajes, amores y deslumbramientos diversos. Lo autobiográfico está presente. No le interesan las anécdotas que marcan la rutina, sino el sentido de ser fraccionado en mensajes, vicisitudes y vivencias que nos sobresaltan sometiéndonos a la dolorosa sensación de la inestabilidad, los escrúpulos de la senectud, las resignaciones de la madurez, cruzada por los miedos infantiles, la vacilación de los jóvenes. Todo gira, pues, en torno; una abstracción en torno a nuestra existencia y nuestra identidad en esa conformación de personajes histórico. También hallamos elementos culturales diversos y una reflexión personal sobre la función de la cultura en el desarrollo del ser y su historia. Hay también una visión sobre la amistad, muy presente en el afecto hacia su amigo Juan Carlos Rodríguez.

  

  

  

  

 

 

  

«Cancionero del amor fruitivo»

JOSÉ LARA GARRIDO

Ed. Cancioneros Castellanos, 2018

 

  

4. Cancionero del amor fruitivo, de José Lara Garrido

Es la primera obra lírica que publica José Lara Garrido, catedrático de Literatura de la Universidad de Málaga y académico del Instituto Lombardo de Milán, una de las máximas autoridades en el Siglo de Oro, al que ha dedicado un buen número de ensayos, siendo profesor visitante en múltiples universidades de todo el mundo.

Como poeta, Lara Garrido ha escrito una decena de poemarios, que permanecen enigmáticamente inéditos hasta el momento [1]. Acaso, como revela el autor, por un pudoris causa irrelevante ya. Con Cancionero del amor fruitivo (con edición de J. Plaza González), José Lara Garrido destapa el tarro de las esencias de su lírica bien timbrada para ofrecernos ochenta y cinco poemas de una sensorial belleza y de una singular ternura. El amor es el elixir que determina este cancionero amoroso en el que la literatura de raigambre clásica vuelve de la mano de un orfebre del verso: «He querido rendirme en cancionero, / hacerme prisionero, como ofrenda / ofrecida por siempre ante tus ojos (…) Mi palabra es promesa y es ofrenda, / sacrificio pautado por el libro».

Estructurado en diez bloques (“Rimas proemiales o el renacer de Orfeo”; “Los prodigios del destino”; “Fruición de la hermosura. Primeros retratos de la amada”; “Confesiones y plegarias. Perfiles del amor fruitivo”; “Admiración de maravillas. Los retratos de Orfeo”; “Homenajes a la amada como musa y lectora”; “Remembranzas de los estados del amarte y del encuentro con al amada”; “Breve manual del diario acontecer y excelencias de la amada. Proclamación del cuerpo de la amada y fruición sensitiva de los amantes”, y “Cambios de amor y rimas de recapitulación”), se trata de uno de los poemarios más penetrantes sobre el amor escritos en la poesía contemporánea, en el que el dominio de las estructuras clásicas es absoluto (fundamentalmente el soneto, las sextinas…), junto con los endecasílabos o los alejandrinos.

El poeta siente la necesidad de dar forma a la música y a los sentimientos, creando la figura del caminante que halla en la amada una forma de impulso vital y un reencuentro con lo esencial de la existencia, representado en una amada real que viene a recuperar el consuelo del yo poético y su pérdida primaria. El recurso a todo tipo de tropos es constante, lo que conforma un lenguaje refinado, donairoso y de una profunda emoción interior. La dicción es un pozo sin fondo donde los símbolos, los símiles y las figuras de repetición, y las imágenes más poderosas de la poesía desde Fernando de Herrera, toman su espacio propio en la lírica de un poeta que nace a la poesía desde el amor profundo, un amor de madurez que, sin embargo, tiene las condiciones y la emoción de un amor juvenil por la plétora de su dicción. La amada es identificada con la luz, pero también adquiere la categoría deificante porque crea de nuevo al poeta para la vida, que vuelve a “ser” gracias a ese encuentro de amor. Una amada siempre corpórea, de ahí el retrato, los continuos poemas que hablan de sus manos, de sus ojos…, el tríptico de su piel, sus pies («dos pies donde la nieve fulge en oro / por el mágico marco de sandalias / que se abren en señal de paraíso»).

Su encuentro con la amada nace con un lenguaje rico en su abundancia imaginaria y sonora pero contenido en su serena sinceridad, en endecasílabos en los que la palabra asume el espacio y el poeta se declara «un estoico que vence el desengaño / y apuesta siempre por primar la vida». Mucha vida y pasión destilan estos versos que son un reconocimiento a la esencia del “ser con otro”, de vivir en el amor, en la caldera de los afectos con una mujer que es «compañera / de la búsqueda en el océano infinito / de los seres humanos, atrevida, / intrépida, resuelta y sabedora / de la trampa terrible: el espejismo / de cuantos atraviesan un desierto / y creen ver oasis en la arena».

En esa plenitud, el yo poético apuesta por la esencia del vivir y ofrece su amistad, su ser, aunque el dolor y el llanto en ocasiones puedan deslindar todo un mundo que se traiciona. Una «pupila fue el abismo», su pupila que avanza con la luz y la música simbólica de un nuevo Orfeo que ante los ojos de la amada («órbitas solares») haya la metáfora definitoria junto a la dulzura de su irradiación.

Toda la tradición de la poesía clásica española a través de intertextos e hipertextos está definitivamente conducida por una mano segura, pero, sobre todo, por un corazón poderoso. Porque ambos (técnica literaria y vida) están tan imbricados que es difícil desunirlos. Los labios de la amada abren albores, y «levanta a pasión de los luceros» y se une a la música en un «concierto en divinales / tramas de articulada contextura».

Una poesía que nace para la ternura y los sueños, una poesía ungida por la sabiduría de lo observado y la presencia de la mejor tradición clásica de la literatura española.

  

  

  

  

 

 
 

«En busca de una pausa»

JUAN CARLOS ABRIL

Ed. Pre-Textos, Valencia, 2018

 

  

5. En busca de una pausa, de Juan Carlos Abril

En busca de una pausa, de Juan Carlos Abril, nace de un principio relevante: la construcción de la identidad vital y lo vivido con un impulso hacia el futuro. El título ya sugiere esa dilación reflexiva. Esta galería existencial posee un recorrido preciso que erige hitos en el camino: el exilio involuntario, la amistad, la detención en el camino, el aprendizaje/desaprendizaje y la vuelta. Son temáticas que le permiten al poeta especular sobre el sentido de los sueños y la nostalgia del futuro, pero también adentrarse en sí mismo e incidir en su felicidad alcanzada o inhóspita: «No somos / lo que somos / sino lo que seremos. / ¡Despierta al otro que hay en ti! / Aunque no esté de moda, / su utopía / vuelve habitable el mundo».

Existe mucho de arquitectura personal a través de la mirada en el espejo de la conciencia y de la vida, en un desdoblamiento de su yo, que le permite ponerse del otro lado y descubrir «la realidad, la verdadera». Y, en esa realidad, el yo poético, que nos revela con sus dudas y sus claridades el sentido de esa identidad: «Quién soy yo / que aprendí a vivir / con la respiración nerviosa / y el antifaz, las manos hábiles / de un corazón en vísperas». Un concepto que remarca en toda la obra y nos conduce por su laberinto interior, siempre propenso a la dialéctica de determinación/indeterminación, aunque con ese prurito se construya el poemario para conocerse y saber por qué vericuetos nos hemos conducido.

En plena madurez vital, el poeta se pregunta por sueños de antaño, por el camino hallado y sus símbolos: «Las severas horas / de la autocrítica». Es consciente de la complejidad de esa realidad, de su misterio, de los “amaneceres/agrios” y la convivencia con la enfermedad: «La vida, me decían, es muy simple, / pero el complejo era yo». Unas veces con un discurso lleno de evidencias, y otras simétrico con la simbología del camino y el atajo vital con todos sus auxilios personales: tierra que tiembla, lucha, misterio del corazón, corrientes emocionales con la presencia del amor y la necesidad de autenticidad. Pero siempre renace un discurso ético, que hace que la existencia tenga un pleno sentido: «Yo sé que no estás solo / buscando otra moral, / pues para encontrar algo hay que perderlo. / Y para ser feliz hay que sentir / el mundo con su estómago vacío, / su orilla fabulosa / de arenas devorantes». Una sorprendente imagen que nos convoca hacia un humanismo reflexivo y vital abierto también a las interpretaciones donde zozobra contenidamente un ser en la encrucijada vital donde sobrevivir ante las decepciones y los sueños rotos, pero siempre mirando hacia la luz del futuro con el azar de la compañía y la corriente emocional del discurso amoroso, como en “Esperar es un camino”.

Un hombre ante su destino y ante la contemplación de su pasado para extraer consecuencias en medio de la vorágine de las ficciones, de las expectativas, de los amaneceres rotos, y con la consistencia de lo vivido y la sobriedad de sus conclusiones: «Nadie dijo que vivir / fuera fácil, vivimos tiempos / deshabitados y se desbaratan / aquellas precauciones impermeables».

Un poemario sustancial, complejo, rico en matices donde hay amplios y profundos consensos sobre la indagación poética y el bastimento de los sueños en una lírica que nace siempre para la conciencia y el conocimiento, como en “Para escapar”, donde, con una claridad sin ambajes, expresa un momento de su existencia sobre la que ejerce la autocrítica: «Me amenazaban, querían cambiarme / con argumentos generosamente absurdos (…) // No fui constante —Abril / mezclando memoria y deseo— / Ni amé demasiado la vida». Pero también donde emerge la preocupación por el Dasein, esa voluntad consciente de ser, estar, pensar:  «Yo creía en las cosas / porque necesitaba creer, / porque pertenecía a un código». Un lenguaje para la construcción de un pensamiento que sea un cierta respuesta moral ante la existencia y en la recuperación de su yo:  «Y tú / una nueva moral que implique / otro común denominador, otro / sentido común».

Son muchos los poemas como “Palimpsesto”, “Los últimos días”… en que se halla esa dialéctica de presente/pasado y en los que, a través de la redención memorial, vacía su vida, su inocencia, su dolor… tratando siempre de conformar la forja de un hombre, como en su poema “Pan de ayer”, donde reconoce que todavía permanecen aquellas ilusiones por las que un día luchó. Un recorrido por los ámbitos vividos pero con el proyecto de futuro «y una sed de ilusiones infinita», en ese juego también de desencantos y procesos de autodestrucción y besamanos con el amor y la paciencia del vivir.

En definitiva, un poemario jubiloso, de gran altura lírica en el que subyace el tiempo vivido como alianza para edificar los sueños, nuevos caminos sin imposturas y la esperanza de hallar el ser en su identidad creadora.

  

  

  

  

 

 
 

«Geografía de la memoria»

MARILUZ ESCRIBANO PUEO

Ed. Calambur, Valencia, 2018

 
  

6. Geografía de la memoria, de Mariluz Escribano Pueo

Geografía de la memoria es un libro que sigue la estela de otros anteriores donde están presente, a la vez, el ámbito personal y familiar desde una perspectiva sentimental que fija la atención en los detalles de la existencia: la contemplación de una tarde, de un paisaje, de un paseo por la naturaleza genera una evocación sentimental.

El lenguaje es directo, claro y con tendencia a una expresividad contenida llena de nostalgia y sentimiento. Posiblemente, en contraste con otros libros anteriores, parece un libro finalista que permite, en cierto modo, una despedida pero profundizando en temas que son personales siempre y sentimentales pendientes de la evocación memorial y los pequeños detalles de la existencia sobre los que fija su foco.

  

  

  

  

 

 
 

«La espalda del violinista»

TERESA GÓMEZ

Fundación José Manuel Lara, Sevilla, 2018

 
  

7. La espalda de la violinista, de Teresa Gómez

Es una obra que posee una enorme claridad expositiva. Un prólogo excelente de Ángeles Mora, siendo el cuerpo y la música los dos elementos esenciales de su visión personal: un preludio y tres movimientos. Los afectos están muy presentes como juego de presencia/ausencia. Pero también están presentes los elementos de contención expresiva tanto como la voluntad de creación metafórica y la trascendencia del paisaje, la ciudad, o los elementos en torno a la identidad y el silencio, como se puede ver en los poemas “Tu silencio” y “La noche”, donde, junto a la soledad, existe una connivencia de los sentidos. Hacia el final se produce una concentración de los significados en el tono narrativo de los poemas y una búsqueda de lo luminoso.

  

  

  

  

 

 
 

«La palabra muda»

ANTONIO ENRIQUE

El Gallo de Oro Eds., Bilbao, 2018 

 

  

8. La palabra muda, de Antonio Enrique

La palabra muda es una obra de una gran dureza, determinación y consistencia sobre el holocausto. Aunque es consciente de que son muchos los años transcurridos desde entonces, sabe que el dolor está ahí presente y quizá intuye que la historia tiende a repetirse al cabo cuando la desmemoria triunfa. Con esta obra quiere que la memoria persista. Para ello, Antonio Enrique toma la palabra como resorte fundamental, emplea su sonoridad, su peso, su dureza para transmitirnos la imagen pero también la sonoridad y el tacto del dolor, la sensación de que todavía está presente, ahí adherido.

El libro se estructura en 22 poemas, por cada una de las letras del alfabeto hebreo, y cada poema sigue el simbolismo de la letra elegida, como explica en la “Nota” a la edición el propio autor. A ellos se le añade un epílogo con el título de “Adentro y más adentro”, donde, desde lo narrativo-reflexivo y la simbólica semilla y el ser, nos habla de esa flor de la que se forma el corazón del hombre y del ruiseñor, “su conciencia solitaria”, una semilla como promesa, pero también del transcurro de lo vivido, de la inmanencia y el ser en su libertad y armonía. Y añade: «Tampoco yo sabía adónde el libro me llevaba, hasta bien avanzado este (…) Las raíces hoy perduran en la soberbia y la codicia de un planeta cada día más devastado por obra exclusiva del ser llamado humano».

Son palabras, en definitiva, que nos advierten de esa deriva humana pero que también inciden en la consistencia de lo humano en pos de un humanismo solidario que está siempre presente en estos versos, cuyo discurso ético corre parejo al deambular de la palabra que toma el título de cada uno de esos poemas que poseen un continuum donde el horror se presenta como una fortaleza inexpugnable, algo que no cansa y mata.

A través de un lenguaje bíblico-metafórico con diversos símbolos del horror y un lenguaje axiomático definitivo e imprevisible, Antonio Enrique rompe, rasga, crea, toma la palabra en su dolor y amargura, en su fortaleza sonora y surge ese hombre dolorido con unos versos áridos, directos, contundentes.

El punto de vista que toma permite adentrarnos en la tragedia de destrucción y muerte de un modo sencillo pero con gran fortaleza, en el que las palabras tienen el peso de su fuerza tanto como la adjetivación: las bellas mujeres son un despojo, el tren maldito, la edad marchita, las fosas comunes y la muerte como la salvación, en muchos casos. En determinados momentos, como un curso para la derrota, surge también el amor, apegado a la muerte, como en el poema quevediano, en los poemas XII y XIII.

  

  

  

  

 

 
 

«Las niñas siempre dicen la verdad»

ROSA BERBEL

Ed. Hiperión, Madrid, 2018 

 

  

9. Las niñas siempre dicen la verdad, de Rosa Berbel

Hay un mundo muy personal en el que progresivamente va creándose esa nómina de las sensaciones en torno a un mundo que se estuviera creando desde abajo y donde todos los referentes familiares juegan una enorme importancia. Existe un tránsito que va por la esperanza, pero también podemos encontrar momentos para la desesperanza y la desmotivación o el agobio personal, aunque llama la atención que lo haga desde su juventud con tanta madurez expresiva.

  

  

  

  

 

 
 

«Matria»

RAQUEL LANSEROS SÁNCHEZ

Ed. Visos Libros, Madrid, 2018 

 

  

10. Matria, de Raquel Lanseros

La poesía de Raquel Lanseros encierra una propiedad esencial: “la momentánea eternidad”, y, en consecuencia, el “ímpetu epicúreo de afirmación vital”. Una lírica robusta y lúcida, que produce sensaciones emocionales y vibraciones profundas muy cercanas al lector, a su vida cotidiana, a sus pequeños relatos diarios, con los que alcanza un valor sensitivo penetrante y la conmoción de estar inmersos en la cotidianidad, en la “momentánea eternidad”.

Con su última obra, Matria, dedicada a su hijo, penetra directamente en la esencia de lo humano, lo convierte en materia sensible, vivificante, esplendente. Un libro de suculenta riqueza expresiva y múltiples matices, sinuosidades, lecturas diversas y enriquecedoras donde se aúnan el caudal del significante junto a una apuesta por el ser humano, latente, presente, en un “nuevo” y diferente compromiso para el siglo XXI, en el que la incertidumbre haya su camino más solícito y la poeta se pregunta «¿qué es lo que debo creer? / ¿Lo que me dicen los otros / o lo que yo puedo ver?».

El poema es receptáculo de sabiduría y recorrido vital, biográfico y sublime donde la escritora de Jerez transita del yo al vosotros, del tú a ellos, en un camino de ida y vuelta que inspira la línea de una poética abierta a todo tipo de circunstancias vitales y estéticas en la que tan importante es el espacio privado como el público, la introspección íntima como su relación con el mundo. Un libro enérgico, audaz y de fortaleza probada, duro, consustancial a nuestro tiempo, pero de una endiablada ternura, en la que el fuego lo preside todo, el «fuego que consume, pero también calienta», y en él su voz se hace conciencia ante «la memoria como patria íntima / el único dominio con vino de justicia», o ante las personas queridas, como en el poema “Padre”: «Me oigo gritarle al mundo desde dentro de ti». O el hijo, a quien dedica la obra: «El otro es breve y frágil / apenas perceptible / aún cuenta por semanas su presente (…) / El otro es un proyecto de espesura / el alba que despunta perfecta como un blanco».

Los recursos expresivos (incluso hasta la ruptura silábica de diversas palabras o el desempleo consciente de los signos de puntuación) y la cercanía por momentos a recursos propios de la vanguardia son puestos en funcionamiento para penetrar en los grandes signos de nuestro tiempo: el lugar que ocupamos en nuestra existencia, el recorrido vital, Europa, el homenaje a América, el compromiso con los derrotados, los balances de una biografía, el amor, la vejez, las cicatrices del corazón,  su recorrido, el antropocentrismo y su discurso demoledor, la ruptura de los sueños, el concepto de culpa, el miedo a estar a la deriva, esa condición de la existencia, y el sentido de la nada: «Inútil aspirar a su clemencia. / Sus únicos amores conocidos / son la palabra nadie / y la palabra nunca».

Pero esta materia del significado está inmersa en un significante de ingente riqueza y abundantes recursos lingüísticos que permiten tanto adentrarnos en la casa familiar y la búsqueda de la felicidad como detenerse en la conciencia y hacernos uno con ella, siendo conscientes de nuestra inanidad y desmemoria: «Poesía / que sabe hablar con Dios y nunca muere».

En ocasiones, el discurso puede estar más cercano a la épica, como en su bello poema “Europa”, con sus palabras a medio recorrido, un hermoso canto a ese “camino” a medio construir: «¿qué puedo hacer a hora? ¿qué hago? el viento aúlla / en una red so no ra que me at urde / soy un ángel ca ído ante tus pies, europa / ¿dónde has plantado todos tus cadáv eres? / nunca sé lo que tr amas / aquí esto y vara do en tu colina / en medio de esta plaga de perga mino y sed / europa, eres la niña sin padres que me observa / con apetito afónico encrudada sin lágri mas» (sic).

Una poesía que nos permite entrar en una continua meditación sobre lo que somos, sobre lo que vamos construyendo en nuestro día a día; una lírica para preguntarse por el lugar que ocupamos en el mundo y esa “liquidez” que tanto nos concita, al tiempo que tratamos de instigar un nuevo lenguaje que nos permita descubrir el misterio de lo creado: «El lenguaje se mira al espejo / que refleja vigor y belleza». Pero siendo muy conscientes siempre de la alegoría de lo aprehendido, de la constatación de un fracaso: «Creía / que la felicidad era algo así / un futuro rociado de esencias orientales».

En unas ocasiones, la claridad desnuda su palabra; en otras, por el contrario, lo simbólico se adueña de la singladura del poema y expande sus registros, como en “Hendaya-Irún 1962” o “666”, con el diabólico emblema numérico.

La poesía de Raquel Lanseros se inserta en el siglo XXI, nace de su corazón, pero llega al corazón del mundo a través de una palabra preservada, profunda, vital, afianzada en una época llena de incertidumbres.

  

  

  

  

 

 
 

«Señales subjetivas»

JOSÉ MARÍA MOLINA CABALLERO

Ed. Ánfora Nova, Rute (Córdoba), 2018 

 

  

11. Señales subjetivas, de José María Molina Caballero

Estructurado en treinta y ocho poemas, Señales subjetivas es un libro que se centra en las señales del título en torno a temáticas diversas de tipo existencia, memorial, nostálgico perfectamente organizado en diversos bloques precisos, exaltación de la luz, los contrastes con la sombra y la obsesión temporal con un aire de emoción e intensidad. Están muy presente en la obra los espacios para la reflexión y un aire pesimista que lo inunda todo.

A través de los endecasílabos blancos, Molina Caballero incide en un conjunto de ideas muy significativas que permiten un viaje interior con una tendencia a la búsqueda expresiva y el uso de un lenguaje paralelístico. Se trata de una simbología en cuatro cuatro apartados, y una sola para el introito y otra para el epílogo.

Las señales subjetivas permiten avanzar en un recorrido personal en el que no existe hálito para la esperanza, con un tono meditabundo que ejerce un poder total sobre el poemario.

  

  

  

      

    

Francisco Morales Lomas (Campillo de Arenas, Jaén, 1957). Licenciado en Filosofía y Letras, y en Derecho por la Universidad de Granada; Doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Granada; Catedrático de Lengua Castellana y Literatura y Profesor Titular de la Universidad de Málaga. Es Académico de la Academia de Buenas Letras de Granada, de la Academia de Artes Escénicas de España y de la Real Academia de Córdoba. Poeta, narrador, dramaturgo, ensayista, columnista y crítico literario perteneciente a la “Generación de la Transición”.

Su poesía ha sido definida como fiel representante del “Humanismo solidario”, por su compromiso personal y sus valores estéticos, y su teatro pertenece a la corriente literaria llamada “Canibalismo Dramático”. Es especialista en literatura española de los siglos XX y XXI. Es miembro fundador de la corriente “Humanismo Solidario”, cuya Asociación Internacional Humanismo Solidario preside desde su fundación.

En la actualidad es Presidente de la Asociación Andaluza de Escritores y Críticos Literarios (AAEC), Presidente y fundador de la Asociación Internacional Humanismo Solidario (AIHS), Vicepresidente de la Asociación Colegial de Escritores de España (Andalucía) (ACE-A), Vicepresidente de la Asociación de Dramaturgos, Investigadores y Críticos Literarios de Andalucía (ADICTA).

Entre los reconocimientos que ha recibido figuran haber resultado Finalista, en los años 1998, 1999 y 2002, del Premio de la Crítica; Premio Doña Mencía de Salcedo de teatro 2002; Finalista del Premio Nacional de Literatura (Ensayo), en 2006; Premio Andalucía de la Crítica en 1998; Premio Joaquín Guichot de la Consejería de Educación de la Junta de Andalucía; Premio de Periodismo del Ministerio de Economía; y Premio Internacional de teatro José Moreno Arenas 2013, entre otros.

Ha publicado una cincuentena de títulos hasta el momento, muchos de los cuales han sido traducidos a varios idiomas. En este sentido, cabe destacar, entre sus últimas obras líricas, los poemarios Noche oscura del cuerpo, Col. Ancha del Carmen, Ayuntamiento de Málaga, 2006; El agua entre las manos, Col. Aula de Literatura José Cadalso, Fundación Municipal de Cultura ‘Luis Ortega Brú’, San Roque, 2006; La última lluvia, Eds.  Carena, Barcelona, 2009; Elogio de la rutina, antología, Ayuntamiento de Roquetas de Mar, Almería, 2010; y Puerta del mundo, Eds. En Huida, Sevilla, 2012.

Dentro del género narrativo, entre sus últimos títulos publicados figuran El secreto del agua, relato, «Gibralfaro», 79, enero-marzo 2013; Bajo el signo de los dioses, novela, primera entrega de la trilogía «Imperio del Sol», Alcalá Grupo Ed., 2013; Comenzar el futuro, relato, en «Cuentos engranados» (Coords. Carolina Molina y Jesús Cano), Ed. Transbooks, 2013; Cautivo, novela, segunda entrega de la trilogía «Imperio del Sol», Ed. Nazarí, Granada, 2014; En algún lugar del corazón,  relato, publicado en «Cervantes tiene quien le escriba», Eds. Traspiés, Granada, 2016; y Puerta Carmona, novela, tercera entrega de la trilogía «Imperio del Sol», Ed. Quadrivium, Girona, 2016; El viento entre los lirios, Colección DRelatos, Eds. En Huida, Sevilla, 2019.

En el campo de la dramática, cuenta, entre otras aportaciones, con títulos como «El encuentro», en III Certamen de teatro Dramaturgo José Moreno Arenas, Eds. Carena, Barcelona, 2012; «El desahucio», V Premio de teatro Dramaturgo José Moreno Arenas, Eds. Carena, Barcelona, 2014; y las distintas obras aparecidas en los títulos genérico de Teatro Caníbal Completo, volúmenes I, II, III y IV, Eds. Carena, Barcelona, 2015-2018.

Y ya, por último, en el campo de la crítica literaria, cabe citar: La lírica conmovedora de Francisco García Lorca, discurso de entrada en la Academia de Buenas Letras de Granada, Academia de Buenas Letras de Granada, 2015; Poetas del ’60. (Una promoción entre paréntesis), en colaboración con Alberto Torés, Ed. El Toro Celeste, Málaga), 2015; Poética machadiana en tiempos convulsos. Antonio Machado durante la República y la Guerra Civil, Ed. Comares, Granada, 2017; Ser y tiempo, Antología poética de Emilio Prados, estudio, edición y selección de F. Morales Lomas, Fundación Málaga, Número 24 de la Colección Cuatro Estaciones, Málaga; La poesía de Vicente Aleixandre. Cuarenta años después del Nobel, en colaboración con Remedios Sánchez, Ed. Marcial Pons, Madrid, 2017; y El hilo de Ariadna. Literatura y críticas contemporáneas, Servicio de Publicaciones de la Fundación Unicaja, Málaga, 2018.

Como columnista, ha colaborado en diversos medios, como SUR, La Opinión de Málaga, Ideal, Diario Málaga, Diario Siglo XXI, Wadi-as y Diario La Torre.

Podéis conocer sus últimas creaciones a través de su web «MORALESLOMAS» y el blog «MORALESLOMAS».

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. Sección 3. Página 12. Año XVIII. II Época. Número 103. Abril-Junio 2019. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2019 Francisco Morales Lomas. © Las imágenes se usan exclusivamente como ilustraciones del texto, y han sido tomadas por el autor, a través del buscador Google, de diferentes sitios digitales, a cuyos titulares corresponden los derechos de autor que pudieran concurrir sobre ellas. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2019 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana. Castillón, 3, 3, Ático G, Rincón de la Victoria (Málaga).