«Si no existieran los paraísos, el hombre los inventaría»,

JORGE LUIS BORGES

   

   

Seguimos añorando los paraísos perdidos. Añoramos las horas felices y dulces de la niñez dorada, momentos protegidos, la despreocupación absoluta, entonces disfrazada de pequeños dramas que ahora creemos imaginados, falsos o irrelevantes. O ¿será el ansia de volver a aquel lugar la que los hace ínfimos a nuestros cansados ojos? Ojos que han visto demasiado, que, a pesar de haber sufrido lo indecible y de estar agotados ya, sabemos que aún no han llorado bastante, mudos testigos de la pérdida continua que supone la existencia.

Ventanas que a veces cerramos para que los gritos y las imágenes de fuera no nos ahoguen en  desesperación. No sabemos si salir a pelear, a gritar la verdad, aunque nos tomen por locos; o seguir viaje solos en nuestro vagón, ocultos tras una máscara apropiada para cada ocasión, arrebujados en nuestro asiento con una manta de mal disimulada indiferencia; sin sentir, dilapidando la vida, el amor y todo aquello que nos hace persona y por lo que merece la pena vivir.

A veces encontramos algo que nos ayuda a sacar la cabeza del fango en el que permanecemos estancados, del hedor asfixiante; aunque tan sólo sea por unos momentos maravillosos en los que nos dejamos arrastrar por la ensoñación hacia nuestros paraísos añorados, vividos, deseados o “inexplicablemente” intuidos. Durante esos instantes fecundos respiramos, sonreímos, volvemos a ser personas, ganamos la categoría de dioses sobre la tierra, dueños de nuestras vidas y destinos.

Subidos en la proa de nuestro barco, enfilando el horizonte, el destino; con la confianza de que iremos exactamente donde queremos ir; capaces de arrostrar cualquier embate de la mar. Felices de vivir, aunque vivir suponga estar expuesto a peligros; eso es la libertad auténtica. Sin miedo a sentir; la pérdida es menos dolorosa si tenemos la certeza de haber vivido con intensidad, de haber sentido de verdad. Lo contrario nos arrastra irremisiblemente a la desesperación. Saber que no negamos aquel perdón, aquel beso, aquella sonrisa, aquellas lágrimas, aquel “te quiero”, aquel “lo siento”; que la sinceridad y la autenticidad fueron nuestra brújula durante el viaje.

Podemos llegar a nuestra isla soñada y beber el dulce ron mientras el sol nos acaricia la piel y las brisas más suaves nos envuelven y nos arrullan junto al mar. Comer las frutas más exóticas y deliciosas jamás soñadas, mientras admiramos los colores de las flores más bellas adornando los cabellos de las más lindas muchachas.

O tal vez no. Pero al menos tendremos el premio de haber disfrutado plenamente el viaje; de habernos agarrado con firmeza al timón para intentar mantener nuestro rumbo. Y aunque la fuerza del viento y de las olas nos arrastre a una tierra que no sea la realmente deseada, habremos sido nosotros mismos y podremos sentir el orgullo y la satisfacción de haberlo intentado con todas nuestras fuerzas y de haber entregado lo mejor de nosotros a todos aquellos que quedaron en el camino.

  

  

  

  

  

  

    

    

Francisco José Abad Abad (Almería, 1969) cursó los tres primeros años de Ingeniería de Caminos en Granada. Abandonó los estudios por motivos personales y con la intención de dedicarse a la música.

Pasó por varios grupos de rock y blues sin ninguna relevancia, a la vez que desempeñaba diferentes trabajos; entre ellos el de profesor particular. En 2006 inicia la diplomatura de Maestro en Lengua Extranjera, especialidad de Inglés, en la Facultad de Ciencias de la Educación de Málaga.

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GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral. Edición no venal. Sección 1. Página 1. Año XXV. II Época. Número 125. Enero-Marzo 2026. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2025 Francisco José Abad Abad. Diseño y maquetación: EdiBez. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2026 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana. 29 730. Rincón de la Victoria (Málaga).

   

     

 

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