JULIO-DICIEMBRE 2020

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EXTRA

  

  

  

  

  

  

«El que aquí cuenta lo que vio y le ocurrió no es aquel

que lo vio y al que le ocurrió, ni tampoco es  su prolongación,

ni su sombra, ni su heredero, ni su usurpador.»

JAVIER MARÍA, Todas las almas, Anagrama, 1989, p.10.

  

  

  

MI HEROÍNA

AQUEL DOMINGO POR la tarde, yo solo pretendía ver una película de superhéroes, cualquiera, el superhéroe me daba igual. Abrí la puerta y me dirigí escaleras abajo. Pero aquella tarde no vería ninguna película… Al llegar al rellano del primero me encontré con Amalia, una vecina de unos sesenta años a la que apenas conocía. La saludé sin detenerme y sin apenas mirarla. Pero aún no había llegado al bajo cuando escuché un golpe seco: Amalia acababa de dar con su maltrecho cuerpo contra las baldosas del piso. Me volví corriendo escalones arriba y me dispuse a ayudarla, incluso me ofrecí a llevarla al hospital. Pero Amalia se negó. «No puedo dejarlo solo por más tiempo», me dijo. Yo la miré sin entender nada. «Además, estoy bien», argumentó. Pero no lo estaba, y ella lo sabía. Lo que yo no sabía era que Amalia, además de esposa, madre, mujer trabajadora y ama de casa, ejercía también como enfermera… Desde aquella tarde es mi heroína. Aunque no lleve capa, ni máscara. Los héroes de verdad no necesitan disfraz.

  

  

  

  

  

LA CHICA DEL VESTIDO AZUL

SE PUSO SU vestido azul, largo, vaporoso, de generoso escote… Se miró al espejo y sonrió con cara de satisfacción. Estaba guapa, y ella lo sabía. Poco después, frente al espejo del baño, pintaba sus labios de rojo carmín. Apenas terminó de maquillarse, volvió a sonreír; estaba radiante. ¡Quién lo hubiera dicho solo un año antes! Porque aquella chica que sonreía a través del cristal no había tenido una vida fácil. «La vida no es fácil para nadie», le habían repetido infinidad de veces. Pero ella sabía que, para algunas personas, la vida es más difícil que para otras, mucho más difícil. Ella era una de esas personas. La chica del vestido azul había superado una grave enfermedad, una de esas enfermedades “incurables”. Quizás lo consiguió porque, tras su aparente fragilidad, se escondía una mujer fuerte, una jovencita que se negó a rendirse a pesar de haber estado tentada de hacerlo. Había caído hasta el fondo muchas veces, pero siempre se levantó, y eso la fue fortaleciendo. Porque siempre que nos levantamos tras una caída somos un poco más fuertes.

  
                                       
 

Francisco Sánchez Arjona (Paco Sánchez), autor de la novela "Las golondrinas nunca regresan en otoño" (ExLibric, 2019).

 

  

  

UNA ROSA ENTRE LOS ESCOMBROS

AQUELLA JOVENCITA, CASI una niña todavía, era una rosa, una flor tierna, perfumada, algo frágil, bella. Su hermosura, a pesar de su inocencia, resultaba demasiado tentadora para aquella mente enferma. Aún no era una mujer cuando le arrebataron la flor de su inocencia. Su vida se derrumbó cuando apenas empezaba a construirse. Pasaron meses, años… Se le escapó media vida sin haberla vivido, media vida de miedos, de culpas sin ser culpable. Pasaron los amores que no pudo corresponder. Tanto perdió que acabó perdiendo hasta el miedo. Todo cambió un atardecer de verano… Caminaba sin prisa, con la vista fija en el horizonte anaranjado preludio de una hermosa puesta de sol. Se detuvo junto a aquella casa en ruinas, observando una rosa roja que había crecido entre los escombros. Fue en aquel instante, mirando aquella rosa, cuando perdió el miedo a abrir su corazón, el miedo al amor... y el asco al sexo. Porque solo entonces comprendió que las rosas pueden crecer fuertes, bellas y olorosas incluso entre las ruinas que otros dejaron a su paso.

  

  

  

  

  

TÚ PUEDES

“TÚ PUEDES”, LE dijeron. Aquellas dos palabras sonaron extrañas en su mente. Quizá porque nunca antes las había oído; quizá porque había oído demasiadas veces justo lo contrario; tantas, que su subconsciente las había grabado a fuego y, lo que era peor, se las recordaba con demasiada frecuencia. “Tú puedes”, le repitieron, y aquellas dos palabras sonaron menos extrañas en su cabeza. “Tú puedes”, le repitieron una vez más, y aquellas dos palabras —que ya no le resultaban nada extrañas— le hicieron plantearse algo que había aceptado desde siempre: él no podía. “Tú puedes”, le volvieron a repetir, y aquellas dos palabras le sonaron bien. “Tú Puedes”. Por primera vez, aquellas dos palabras se grabaron en su mente. “Tú puedes”, le recordó un día su subconsciente. “Tú puedes”. Solo eran dos palabras, pero suficientes para empezar a cambiarle la vida. “Tú puedes”, dos palabras que cada vez sonaban con más fuerza en su mente. “Tú puedes”, se dijo un día. “Tú puedes”, se repitió. Y de tanto escuchar aquellas dos palabras, acabó creyendo que podía. Y pudo.

  
                                       
 

Portada y contraportada de la cubierta de la novela "Las golondrinas nunca regresan en otoño", de Paco Sánchez (ExLibric, 2019).

 

  

  

MAÑANA LO HARÉ

SE SENTÓ FRENTE al ordenador, lo encendió y empezó a teclear. Pero solo durante unos minutos; pronto comprendió que las musas lo habían abandonado. «Mañana lo haré», se dijo. Y ese “mañana lo haré” se repitió durante años, demasiados. Aquella tarde de abril, mientras la contemplaba en silencio, sintió aquellas tres palabras como una losa sobre su corazón. Ella nunca podría disfrutar de su obra y él nunca podría ver aquella expresión de felicidad en su rostro, aquella satisfacción en su mirada, aquel orgullo de madre reflejado en sus ojos… Unas semanas después, sentado frente al ordenador, volvió a sentir la misma frustración; estaba bloqueado, y se sentía incapaz de escribir una sola frase con sentido. Decidió dejarlo y salir a pasear un rato, sus musas parecían haberle abandonado... para siempre. Pero entonces recordó aquella tarde de abril, cuando ella bajó sus párpados para siempre. Respiró profundo, volvió a poner los dedos sobre el teclado y fijó la vista en la pantalla. «El momento es ahora», se dijo. Él ya sabía que mañana puede no ser nunca.

  

  

  

  

NUNCA PUEDE SER MAÑANA

LE DIJERON QUE no lo conseguiría nunca. Aquel comentario, tan desafortunado como negativo, no habría tenido importancia si no fuera porque él creyó que tenían razón. «Para qué luchar», se dijo, y se rindió sin apenas intentarlo. Cargó con su fracaso durante mucho tiempo. Pero años más tarde la vida lo volvió a enfrentar a la misma situación: tenía ante sí un reto apasionante, complicado, ilusionante. Y decidió luchar a pesar de las dificultades, sin pensar en los obstáculos, con la vista fija en su objetivo, sin escuchar a quienes le aconsejaban cesar en su empeño, pues nunca lo lograría. Pero él siguió adelante, sin perder de vista su sueño... No fue fácil, nada que realmente merezca la pena lo es. Años después, un atardecer de verano estaba sentado frente al mar, sobre una roca que ya conocía su historia, la misma roca testigo de su fracaso. Esta vez todo era diferente, mas solo una cosa había cambiado: él ya sabía que “nunca” puede ser mañana; solo tenemos que creerlo y hacer lo necesario.

  

  

  

  

  

  

  

      

  

Francisco Sánchez Arjona (Paco Sánchez) nació en Iznájar (Córdoba) en 1963 y actualmente reside en Antequera (Málaga). Por razones varias, ha residido también en Marbella, Almería, Murcia y Navarra, y en las localidades francesas de Narbona y Burdeos.

Los libros son la eterna pasión de su vida, primero como lector y después como escritor. Se inició en la escritura literaria en la pubertad, cuando empezó a escribir poemas. Unos años más tarde, empieza a escribir relatos y microrrelatos, género que domina con maestría.

Muchos de sus textos se han publicado en el magacín Inland Solution, que se publica en español y en inglés, y las revistas Antequera Es, ya extinta, y Revista Azahar (publicación digital editada en Conil, Cádiz). Es autor de la novela Las golondrinas nunca regresan en otoño, publicada por ExLibric en enero del 2019, muy bien recibida por la crítica.

Como autor de relatos, ha participado en diferentes certámenes literarios, en los que ha sido distinguido con el Primer Premio en el XVI Concurso de Relato Corto de Iznájar (Córdoba), celebrado en 2015, con el relato El fantasma del pantano, y el Primer Premio en el V Concurso de Relato Corto “El Mundo del Perro”, de Archidona (Málaga), también en 2015, con el relato Lamiendo heridas.

Su labor creativa aborda también los artículosPaco Sánchez es también articulista. Desde hace más de un año, en la sección “A solas con Paco Sánchez” en la página 2 del periódico local Viva Las 4 Esquinas, que él ha creado para la ocasión, apara cada lunes un artículo de opinión suyo.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral. Sección 1. Página 2. Año XIX. II Época. Número 107 EXTRA. Julio-Diciembre 2020. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2020 Francisco Sánchez Arjona. © Las imágenes han sido aportadas por el autor y se usan exclusivamente como ilustraciones de los textos. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2020 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga & EdiBez.Ediciones Digitales Bezmiliana. Calle Castillón, 3. 29730. Rincón de la Victoria (Málaga).

   

   

   

 

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