JULIO-SEPTIEMBRE 2019  

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DE ROSA A SÁNDALO

   

   

Por  Ángela Teresa Grigera Moreno

   

   

DE ROSA A SÁNDALO

LA ENCONTRÓ DORMIDA, respiraba lento; su cuerpo olía a rosas más que las rosas mismas. Se acercó lentamente y besó frente, mejillas, los labios entreabiertos; se deslizó por el cuello, por hombros y se detuvo en la punta de los senos.

La miró y vio que sus pestañas, las alas de sus párpados, se despegaban apenas. El brillo de los azabaches que escondían su intensa mirada logró encandilarlo.

Cerró sus ojos y prosiguió el camino: vientre, cintura, pubis, muslos, piernas, y en sus pies volvió a detenerse. La lluvia de besos despertó al volcán, su lava se diseminaba por las fuertes columnas que guardaban el cráter.

Desde la almohada, ella lo miraba con fuego en los ojos, pedía susurrando más y más lluvia para calmar la erupción de aquel volcán que contenía todas las hogueras de su geografía.

Nunca pudo negarse a su ruego, y comenzó un camino ascendente por aquella extensión divina del que era adicto. Esta vez con lengua, boca, manos.

La recorrió toda, llegando al cráter. Su cuerpo no pudo menos que deslizarse dentro y extinguirse en aquel fuego que lo consumía hasta desaparecer como hace la ceniza tras el viento.

Ella exhaló un suspiro, y las alas de sus párpados aletearon suavemente y se volvió a dormir oliendo esta vez a madera de sándalo, el perfume que él usaba siempre cuando volvía para caer en su mortal telaraña.

  

  

¿CON QUIÉN?

CUANDO ELLA VOLVIÓ después de abandonarlo, él, amorosamente, lavó sus pies llagados, besó las heridas que denunciaban sus labios marchitos, y, al mirar su mirada triste, comprendió que de ningún modo había dejado de amarla ni lo haría jamás.

Le permitió quedarse, ocupar su lugar en la cama, pero no pudo tocarla, aunque lo deseaba como siempre, o más que antes. Se dio cuenta dolorosamente de que no podría perdonarle el error de haberlo dejado por alguien que no la había amado y además la dañara tanto que su sonrisa era ahora una fría mueca. Su corazón estaba en una encrucijada: la amaba, pero no perdonaba su traición.

Con dolor, armó su maleta y dejó la casa cuando ella dormía, quizás soñando con él o ¿con el otro?

  

  

                                       
 

Cerró sus ojos y prosiguió el camino: vientre, cintura, pubis, muslos, piernas, y en sus pies volvió a detenerse. La lluvia de besos despertó al volcán, su lava se diseminaba por las fuertes columnas que guardaban el cráter.

 

  

  

LAS PUERTAS DEL ALMA

CUANDO HABÍA DECIDIDO no volver a amar, él, llegó con un cielo en sus ojos tan calmo, que aplacó su corazón un tanto defraudado.

Su voz despertó los pájaros dormidos de su alma decepcionada. El roce de su piel erizó su sangre, y miles de locos corceles trotaron sus venas embravecidos hasta chocar en sus sienes impulsivamente.

En ese momento descubrió que nadie es invulnerable cuando el amor llega sin aviso y toca las puertas del alma.

  

  

EL PIANISTA

SÁBADO, MEDIANOCHE. SUS manos tocaban el piano. Poca gente en el burdel, y su boca moría por un whisky, su lengua agonizaba por su sexo. Y la noche era eterna… no terminaba nunca para poder soñarla en soledad, las horas parecían haberse detenido.

Mientras, ella apretaba sus piernas pensando en él, desvelada en la celda de otros brazos que la oprimían fuertemente por la cintura.

La noche se hacía perpetua, infinita como la distancia que los separaba.

  

  

PRESENTE EN EL TIEMPO

YO ERA EN la mesa de luz tan solo un recuerdo enmarcado, y en su corazón desgastado ya no quedaba ni mi sombra, pero sus ojos, ahora dos gorriones ciegos, mudos, parecía que querían decirme algo.

Lo miré con ternura, el amor ya se había escapado de mí hacía mucho tiempo, como el rencor que alguna vez destilara veneno en mis entrañas, ni siquiera pude recordar desde cuándo todo eso se había evaporado de mi vida dando lugar a la paz y al perdón.

Besé su frente afiebrada, acaricié su cabello cano y crecido, demasiado para su gusto, tomé su mano fría y pálida, solo atiné a decirle:

—Dormí, descansa, estaré aquí cuando despiertes.

Me miró con tristeza, con toda la tristeza del mundo en su mirada comprimida. Cerró los ojos, murmuró apenas un perdón que salía de su alma como último suspiro antes de partir para siempre.

Solté su mano y vi su rostro olvidado por años o quizás rechazado, y aquellos, sus ojos centelleantes de ayer, los que había amado tanto, ahora los veía como nunca estampados en la fisonomía de mis hijos, supe que ya jamás negaría que fue parte de mi vida, aunque pensara tantas veces que lo había olvidado, comprendí entonces que por siempre estaría presente en el tiempo que aún quedaba por vivir.

  

  

                                       
 

...Y aquellos, sus ojos centelleantes de ayer, los que había amado tanto, ahora los veía como nunca estampados en la fisonomía de mis hijos, supe que ya jamás negaría que fue parte de mi vida, aunque pensara tantas veces que lo había olvidado...

 

  

  

EL HOMBRE REVELADO

EL FANTASMA DE un hombre, su imagen viril me perseguía cada noche. El hombre que dormía a mi lado plácidamente ni imaginaba que en mi mente y en mis sueños intermitentes un hombre me desvelaba. Sin que él lo supiera, trepaba por mis pensamientos, lo sentía volar sobre mí igual que un ave rapaz sobre su presa.

Nunca lo había visto, jamás oí su voz, en ningún momento su piel, su dorada piel, había rozado mi cuerpo. Pero estaba ahí, cada noche, en cada sueño que terminaba despertándome, desvelándome.

Durante el día, mi mente lo borraba totalmente. Y este otro hombre, el que me amaba, acariciaba mi piel, mordía mis labios y pretendía encender mis hogueras internas… ya no lo lograba, aunque se esforzara.

¿Dónde había quedado mi deseo por él? ¿Dónde el amor que me uniera a su vida? ¿Dónde… dónde? No encontraba respuestas, aun no pensando en mi fantasma nocturno.

Una noche, no recuerdo cuándo realmente, mi hombre revelado en mis sueños desapareció. Y dormí toda la noche de un solo tirón. Al despertar, vi a mi otro hombre, al que me acompañara los últimos quince años de mi vida. Era un espectro frente a mí, no tardé en darme cuenta de que pronto partiría. Fue una tarde de invierno cruel y frío, lo encontré en el patio, entre hojas secas y árboles vacíos de vida. Estaba tirado, el cuerpo encogido, los labios azules y el silencio rodeando su cuerpo.

Lo despedí al día siguiente entre las lágrimas y los pésame de toda la familia y amigos. No podía llorar. No entendía nada de nada, hasta que lo vi entre la multitud de personas que me habían acompañado.

Era él, mi hombre fantasma, el desconocido que alterara mis sueños. El hombre que se revelara en mis noches de intermitentes sueños, aquel que se borrara de mí, cada vez que el alba volteaba su rosicler sobre mi cuerpo deseoso de su roce.

   

   

   

      

       

Ángela Teresa Grigera Moreno (Argentina, 1953). Se define a sí misma con una sentencia simple, tan simple quizás que solo puedan descifrarla quienes la conocen mucho porque, en la exacta dimensión de las palabras, Ángela Teresa es, simplemente, una mujer de tantas, de tantas mujeres que, a su condición de tales, añaden la de madres, hijas, esposas, hermanas, hacedoras de milagros con un pedazo de género, enfermera de sus enfermos, sudante del pan ganado con su frente, sus manos, sus pies y sus horas de obstinación para vencer el cansancio y las frustraciones aledañas, simplemente mujer. Enamorada del amor, de la pasión del amor, que es la pasión de la vida, y del sentir intensamente todo el tiempo, cada segundo.

Ha participado en varios foros poéticos y colaborado en dos antologías, una editada en España por el foro “La esquina de las Letras” (Ediciones Malberte, 2003) y la otra, por Ediciones Lulu (2008).

En 2004 es distinguida con una mención especial en el III Concurso de “La Poesía del Mundo Diplomático”, en Washington D.C., con el poema Sin Brújula ni Sextante. Ese mismo año recibe reconocimiento en Facebook con su poema titulado Nuestros Nombres Prohibidos, como «el mejor poema con rima». En 2014 participó con una selección de poemas en “Grito de Mujer”, en el evento organizado en Miami por ELILUC, así como en su segunda antología poética editada por Mery Larrinua en  Ediciones Lulu.

Colaboradora habitual de «ArgentinauUniversal.info», es titular de los blogs «Poemas para mi Amor» y «En Memoria De Tu Amor», en los que mantiene informados a sus lectores de su continua producción lírica.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. Sección 1. Página 4. Año XVIII. II Época. Número 104. Julio-Septiembre 2019. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2019 Ángela Teresa Grigera Moreno. © Las imágenes incluidas en esta publicación han sido tomadas, a través del buscador Google, de sendos fondos de imágenes y se usan exclusivamente como ilustraciones del texto. Los derechos de autor que pudieran concurrir sobre ellas pertenecen en exclusiva a su(s) creador(es). Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2019 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana, Castillón, 3, Rincón de la Victoria (Málaga).