El Instituto Cervantes nació como un nuevo brazo del cuerpo de la lengua española, antes sólo al amparo de la Real Academia Española y poco mas. La RAE funcionaba y funciona, pero el español necesitaba de un impulso para mantenerse y crecer.

Cuatrocientos millones de hablantes bien valían el avance, el refuerzo. Nadie lo expresó mejor que el mítico académico Fernando Lázaro Carreter: «Somos ministros de una misma iglesia; nosotros somos los padres conciliares y ellos los misioneros».

  

Un patinete, un caniche o un «Dulcineo», ¿cómo sería el Quijote sugerido por el Cervantes de García Montero?

Camino de cuatro décadas de existencia, en la RAE ha habido nueve directores, cada uno con su impronta y personalidad. Ninguno de ellos se significó tanto como Luis García Montero. Y su mayor significación es la línea roja sobrepasada: el ataque a la RAE y a su director, Santiago Muñoz Machado, en 2025.

Una suerte de «guerra civil» o de cisma institucional, siguiendo la acertada metáfora de Lázaro Carreter, por querer o sugerir una partición de esa «iglesia», en cuyo caso siempre hay una que puede prevalecer sobre la otra. Un conflicto inimaginado.

  

El director del Cervantes contradice al de la RAE y se muestra escéptico sobre la vitalidad del español

Víctor García de la Concha, director de la RAE entre 2012 y 2017, recordó el trabajo «codo a codo con la visión clara de que la lengua a la que sirven (ambas instituciones) es un patrimonio compartido con más de veinte naciones».

No es baladí la importancia de la original y fundamental unión de la Academia y el Cervantes, por lo que no es baladí, en el sentido contrario y negativo, la desunión que produjo, con daños estructurales que aún perduran, el ataque político e insospechado de García Montero.

     

García Montero: el kamikaze sanchista que se ha lanzado al choque de trenes con la RAE

Fue el mismo modo de actuar de cuando José Luis Rodríguez Zapatero resquebrajó el espíritu de concordia de la Transición con la llamada Ley de Memoria Histórica o las negociaciones con ETA. El panorama español después de aquello es otro completamente distinto, afianzado y extendido «contra natura» por el ahora presidente del Gobierno Pedro Sánchez.

Precisamente, Pedro Sánchez fue quien nombró director del Instituto Cervantes a Luis García Montero, el responsable más político y sectario que nunca ha tenido la institución. Ocho años acumula ya en el cargo, cuando ninguno de sus predecesores superó los cinco.

     

  

 

 

García Montero dijo de Santiago Muñoz Machado, director de la RAE, que era «un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias». El Pleno de la Academia cerró filas en torno al director, expresando «su absoluta repulsa por las incomprensibles manifestaciones del señor García Montero, por completo desafortunadas e inoportunas». © Imagen: El Debate.

  

  

La RAE expresa su repulsa por la «agresión» del director del Cervantes al de la Academia

Mientras Sánchez siga en la Moncloa, García Montero seguirá en el edificio que antes se conocía como el de «las cariátides», antiguamente el Banco Central. Un comisario político con rango de secretario de Estado que utilizó la posición adquirida para romper el consenso esencial histórico entre la RAE y el Instituto Cervantes como antes hizo Zapatero con la Transición.

«Divide y vencerás», reza el dicho. Es la confrontación para el asalto habitual de la izquierda. La búsqueda de un enemigo para edificarse. «No hay que estar al servicio de ningún dogma ni interés partidista, sino del proyecto que defendemos», afirmó García Montero en la clausura de la última Reunión Anual del Cervantes de este año, celebrada por vez primera en Jerez de la Frontera (Cádiz), del 27 al 29 de julio pasados.

     

García Montero revienta el acto del español más importante del año y ya habla de un sucesor para la RAE

La misma reunión donde el ministro José Manuel Albares definió la institución como «insustituible» y «gran emblema de la política y acción exterior española», que «contribuye a estrechar lazos, a fomentar el diálogo y a proyectar una España abierta, diversa e innovadora».

Palabras amables y conciliadoras que no se corresponden en modo alguno con el ataque furibundo de García Montero, tachado por académicos de renombre en el momento como «mediocre y paniaguado director del Cervantes» o «es un burócrata, tiene vocación de burócrata, como la mayor parte de comunistas que yo conozco», según han sentenciado Arturo Pérez-Reverte y Álvaro Pombo, respectivamente.

     

García Montero quiere limpiar, fijar y dar esplendor socialista a la RAE

García Montero dijo de Santiago Muñoz Machado, actual director de la RAE, con el que cerraron filas los académicos, que era «un catedrático de Derecho Administrativo experto en llevar negocios desde su despacho para empresas multimillonarias». El Pleno de la Academia expresó «su absoluta repulsa por las incomprensibles manifestaciones del señor García Montero, por completo desafortunadas e inoportunas».

Así las cosas, el daño permanece igual que permanece el de la Transición, a la que golpeó Zapatero como García Montero el consenso constitutivo entre la RAE y el Cervantes.

   

   

  

   

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación semestral. Edición no venal. Sección 12. Año XXV. II Época. Número 127. Julio-Diciembre 2026. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2026 Mario de las Heras ("El Debate", edición del 1 Agosto 2026). Diseño y maquetación: EdiBez. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2026 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana. 29 730. Rincón de la Victoria (Málaga).

   

   

   

     

 

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