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¿Y ME PREGUNTAS CUÁNTO TE AMÉ?
Aún recuerdo aquel día, cuando te
encaminabas
hacia el avión, y contemplaba tu dolor
entre la impotencia de mi corazón.
Mi mano trataba de retenerte para impedir
tu ausencia en mi alma, pero lo ineludible
es inevitable por la cruel fuerza de la
razón.
Y mi esencia afligida se hizo fuerte,
esbozando una sonrisa de comprensión.
Y mis lágrimas de amor,
se alternaron entre mi desesperación
y la rabia desgarrada de mi voz callada.
Jamás podrás cuantificar la intensidad de
los besos
que te di, ni cuán profunda fue la mirada
de mis negros ojos hacia ti.
No habrá balanza que sopese el intenso amor
que por ti sentí,
ni equilibrio que afiance todo lo que
contuve
y callé por ti.
Yo fui el guardián de tus secretos, y el
protector
de tus deseos.
Fui quien secó tus mejillas en tus peores
momentos de soledad.
Fui quien te sostuvo con mis brazos hasta
volver
a verte sonreír.
Fui quien construyó una morada en la noche
para cobijar tu desesperanza.
Fui tus manos, fui tus pies, fui tu
pensamiento.
Fui todo para ti, y nada para mí,
pues hasta mi alma vendí por ti.
Y ahora, soy sólo un fugaz destello
en el oscuro camino del hangar, donde a
veces sigo
mirando al cielo, esperando encontrar
sentido
a tantas partidas que te alejaron de mí.
Aquellas que nunca debieron existir para
haberte
podido amar en libertad, amarte sin opresión
y sin piedras en el camino.
¿Y aún me preguntas cuánto te amé?
Pues jamás lo podrás saber. Sería como medir
la infinidad del universo, o contar las
estrellas
que acompañan a la luna. |