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PAISAJE INTERIOR
Llueve adentro.
Una llovizna torrencial que empapa los huesos,
quizá un látigo incansable
y la niebla cuelga del techo,
se enreda en mis pestañas claras,
resbala terca la dolorosa soledad.
Soy un fantasma en mi propia casa,
un ser desdibujado en un cuarto sin tiempo.
El cuerpo no responde,
es un peso muerto sobre el colchón,
una ausencia de luces
rompiéndose tras la puerta.
Los días se amontonan como ropa sucia,
como páginas arrancadas
de un poemario olvidado.
La ira hierve bajo la piel,
pensando que olvidarán mi nombre,
porque soy un animal encerrado
que ya no sabe si dejarse morir nuevamente.
Los pensamientos corroen el pasar de las horas.
Si cierro los ojos, tal vez,
sólo tal vez, amanezca. |