N.º 69

NOVIEMBRE-DICIEMBRE 2010

1

    

    

  

  

  

  

  

EL JUEVES A LAS CUATRO

   

Por  Francisco de Sales Sánchez

  

  

  

E

l rito es implacable: cada martes, sea trece o festivo, se reúne con sus amigas a coquetear con el azar de las cartas.

Ella, Luisa, hace tiempo que se dejó vencer por lo cotidiano y se dejó arrebatar las ilusiones que antes rozaba con la mano. Se rindió demasiado pronto. Su matrimonio fue una rendición barata al destino.

Almudena comparte la misma desazón diaria y las mismas mínimas alegrías que le vienen de otra tarta de queso que quedó bien o de saber que el fin de semana no lloverá.

Concepción, para más redundancia, es lo mismo, pero con otras palabras.

Mar es tan breve como su nombre.

Para este coro de amigas desencantadas, la única nota festiva ocurre cada martes a las cuatro en casa de Luisa, cuando reúnen sus soledades en un fondo común insondable, los vacíos enmascarados, los fríos recalentados, y se ríen a plena desgana.

Si algún día, muy distinto de los demás, en una confidencia que siempre será insólita, alguna de ellas contara algo de lo que realmente siente, y cualquiera de ellas podría firmarla y afirmarla, sería que está muy lejos el día que les emigraron las mariposas del estómago, que hace mucho tiempo desde que las rodillas temblequearon emocionadas por última vez o que está muy distante el día aciago que la nada matrimonió con cualquiera de ellas.

Las conversaciones de esas tardes de martes, fuera del ámbito de Baraja mejor las cartas, «¿Es que acaso ha repartido la mano de un cerdo?», «¿No eres capaz de darme un as de oros, aunque sea por una sola vez?», son diálogos que se mueren de aburrimiento; si no son de ofertas de supermercado, se refieren al descaro de alguna conocida o desconocida y de sus líos de pantalones.

A lo más que llegan, con esfuerzo cretino, es a morirse de envidia por esa que rompe lo cotidiano en los brazos de un amante. Su moral cristiana se consuela con el milagro forzoso de no ser unas pecadoras como ella.

A eso de las ocho, la prisa penetra a un tiempo en las amigas y tienen que salir corriendo, «¡Dios mío, qué tarde es!; tengo todo por hacer y dentro de nada llegará ese idiota».

Le llenan el aire de las mejillas de besos desganados, y poco después barre las risas falsas que yacen muertas en el suelo, pulveriza el espray de matar vacíos, con aroma a vida, como prometen en el anuncio, y conecta la televisión para suicidarse poco a poco.

  

                             
 

Le llenan el aire de las mejillas de besos desga-nados, y poco después barre las risas falsas que yacen muertas en el suelo, pulveriza el espray de matar vacíos, con aroma a vida, como prometen en el anuncio, y conecta la televisión para suicidarse poco a poco.

 

   

   

 

     

Francisco de Sales Sánchez Corrales (Córdoba, España, 1954). Gerente de una empresa de distribución. Desde la más temprana edad, es un fervoroso enamorado de la creación literaria, tanto en prosa como en verso. Ha sido relativamente reciente cuando se ha entregado a la actividad creativa de forma sistemática. Aunque tiene publicado un libro, Andrea Amor, que se inserta en el realismo fantástico, y otros dos aún inéditos, además de más de medio centenar de relatos cortos y un millar de poemas, Francisco de Sales es más conocido por su colaboración en diversas páginas digitales de literatura.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Bimestral de Cultura. Año IX. II Época. Número 69. Noviembre-Diciembre 2010. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2010 Francisco de Sales Sánchez Corrales. Edición en CD: Depósito Legal MA-265-2010. Diseño Gráfico y Maquetación: Antonio M. Flores Niebla. © 2002-2010 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

    

    

PORTADA

TÍTULOS PUBLICADOS