N.º 59

ENERO-FEBRERO 2009

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REENCUENTRO

   

Por Begoña Rueda Colmenero

   

  

L

as 6 de la tarde. Por Dios Santo, ¡qué tardísimo es! Claro, como ayer me acosté como me acosté... ¿A qué hora fue? No me acuerdo muy bien, pero por lo menos serían las 4 de la mañana. Menos mal que este cuerpo mío me responde como tiene que responderme (muy bien, la verdad). Un body sano sanísimo que tiene la niña, y no es por nada, pero sigo teniendo las cosas bien firmes y en su sitio. Menos mal que me cuido, porque si no… Con la juerga que me pegué anoche estaría ahora pal arrastre. De todas formas, no estoy acostumbrada a tanto desmelene. La verdad, una ya no es la de antes... Voy a tener que hacerme de nuevo a esta vida, porque yo ya, de aquí, no me voy más,  ¡digo, que no!

Voy a poner la radio a ver si dicen algo de mí...

»Nadie reconoce su propia estupidez, aunque sí puede llegar a admitir su tremenda fealdad. Probablemente, cuando una persona empieza a reconocer que es estúpida, en ese preciso momento puede empezar a dejar de serlo.

Un estúpido, ¿no es un tonto de baba?

»Hay que erradicar la estupidez a través de la educación. No a la guerra, sí a los estúpidos.

   
      

 

Voy a cambiar de pograma. ¿Dónde se cogerá la Cadena Glamour? Antes, la tenía siempre puesta, todo el día y toda la noche.

   

No entiendo nada de nada de nada... ¿Estarán hablando de mí? Cualquiera sabe... Una ya está hecha a estar en boca de la gente. Lo mismo hablan de mí en una emisora de arradio que en un programa de televisión. Claro, cuando una vale, es que vale, y la verdad es que de algo tendrán que hablar los pobres.

Voy a cambiar de pograma. ¿Dónde se cogerá la Cadena Glamour? Antes, la tenía siempre puesta, todo el día y toda la noche. ¿Dónde se cogerá? Ayer me grabaron una entrevista y creo que la ponen esta tarde. A ver si la encuentro...

»Pi-pi-pipí... Aquí, Radio Glamour conectando con todos vosotros desde la capital del Reino. Es nuestra intención hacer de esta tarde una tarde inolvidable...

Laliro-laliro-liro... Laliro-laliro-laaaá... Con los ojos de mi niña, tiroriro, tiroraaaá...

»Contaremos esta tarde en nuestros estudios de Radio Glamour con la inestimable presencia, con la inconfundible voz de la diosa de la copla, la deslumbrante diva que renace de sus cenizas cual ave Fénix se tratara María la de los Ángeles, que hoy nos honrará con su presencia y nos concederá unos minutos de su tiempo. Ya, de antemano, se lo agradecemos y nos sentimos halagados...

»Les dejamos con una copla que María la de los Ángeles grabó en sus años mozos, acompañada al piano por el Maestro Perico Quintín. Seguro que todos y todas la recordarán, ya que forma parte de nuestras vidas... Con todos ustedes, en la voz inconfundible de María... ‘Carambita, qué vidita’.

  

»Por los campos de mi tierra,

tariroriro, tirorirí...

cavando viene, cavando va el campesino,

tirorá-tararito- tatatitiiií,

trabajando to la vía,

taririro-rí,

pa ganarse su sueldito,

carambita, qué vidita,

que no se puede aguantar.

Tirorí-tirorá-tin-tin-chan.

  

¡Qué bonito...! Se me saltan las lagrimas, de verdad que sí. ¡Qué sentimiento, qué poderío, qué fuerza y qué mensaje...! Nadie antes de María la de los Ángeles, ha bailado la palabra como ella...

»Hoy tenemos la enorme suerte de contar con ella. Está sentada delante de este humilde presentador, tan guapa como siempre, yo diría que aun más deslumbrante. Está como  nunca.

»Buenas tardes, Doña María.

“Hola, muy buenas tardes, muchas gracias por esta presentación, eres un sol. No sabes lo que he echado de menos estar delante de estos micrófonos, la de noches que he llorado desconsoladamente recordando aquellas lindas tardes escuchando tu maravilloso pograma... Pero no me quiero poner sentimental. Quiero aprovechar esta oportunidad que tú me brindas para mandar un caluroso saludo a todo mi público, que tanto ha necesitado de mí y tanto me ha anhelado. También quiero disculparme ante todos ellos por haberlos tenido tan descuidados todo este tiempo. Prometo desde hoy que nunca más los abandonaré y siempre estaré ahí, dondequiera que se oiga una canción. Estaré en los campos, estaré en las ciudades, estaré en el firmamento entero... Gracias a todos por quererme tanto...

»María está esplendorosa y rebosante de energía, queridos escuchantes, ojalá pudieran ver, como yo tengo la gran suerte y el placer de estar viendo en estos momentos, la belleza que emana de esos ojos color carbón, la fuerza interior que sale enmascarada en las palabras de este astro del  arte como es María...

»...Y de verdad que te queremos de corazón, María. Muchas gracias por vivir entre nosotros.

»¡Qué bien se están portando todos conmigo! Anoche estuve otra vez con Javi y el Boris, qué guapos estaban los dos, algo más mayores, eso sí, pero muy guapos, hacía tanto tiempo que no me encontraba con ellos que, de verdad, cuando me llamaron, me puse nerviosita, como un flan, estaba perdidita perdía, no sabía adónde atender, pero, claro, ellos son unos profesionales y se portaron muy bien conmigo. Me pusieron un vídeo de mi vida e intervinieron en el programa muchos amigos míos, también otros que no son tan amigos, pero de esa gente mejor ni hablar, son como buitres. Todo estuvo mu bien, mu bien, requetebién... de verdad que sí. Al final, me hicieron de cantá. Yo lo estaba deseando, la verdad, aunque les dije que no quería, me hice un poquito de rogar, pero, al cabo de un ratillo, cedí y les cante... Dedicado pa to  mi público, que tanto necesitaba de mi voz y de mis letras y de mis mensajes, y al que tanto debo...

»Qué bonito quedó todo, de verdad; no es por darme importancia, que no la necesito,  pero yo le di calidad al pograma. Fue mi reencuentro con el arte, con mi gente, con mi publico. Fue como presentarme otra vez después de tanto tiempo que estuve desaparecida. Yo, la verdad, estupenda... Precioso, ¡que poderío, que fuerza...! Les demostré que  aún sigo aquí y que nada ni nadie va a poder conmigo. Que intentar quitarme de en medio lo han intentado de todas las maneras imaginables, pero, nada, donde se ponga una buena voz y un cuerpo como el mío, que se quiten todos esos mindundis que se quieren llamar artistas. 

»Llevaban ya mucho tiempo buscándome para que interviniera en algún pograma de televisión, pero como yo ya le había dicho a todo el mundo que me retiraba, no era plan que, dos días después de dar el comunicado, me echara pa atrás... No hubiese quedado nada serio, las cosas como son, me había retirado y no estaba para complacer a nadie,  y mira que tenía ganas, pero no podía y mi maridito tampoco estaba por la labor de dejarme volar otra vez por ese mundo de folclóricas peleonas, incultas y maleducadas, como él decía. ¡Ay, Dios mío, en qué buena hora lo dejé todo y me vine otra vez a mi Málaga! Esto es otra cosa, esto es alegría, aquí me conoce la gente por las calles y me preguntan y me piden que me haga afotos con ellos, y se preocupan por mí...

»Niña, ¿cómo estás? Hay que ver la de tiempo que hace que no se te ve por aquí... No te vayas a ir más, hija, que ésta es tu tierra y aquí se te quiere…

»¡Qué maravilla! De verdad que sí. ¡Qué contentísima estoy de haberme largao de  aquellas tierras y dejar aquellas costumbres y esa vida que me tenía aprisionada. Yo no era yo.

»Me acuerdo del día en que me fui… ¡Con qué ilusión me presenté en las islas!      Aquello era un mundo nuevo para mí, todo era diferente, todo muy bonito, me hacía mucha gracia cómo hablaban, ese acentillo tan gracioso me hacía hasta gracia. Por parte de mi Juanillo, todo eran atenciones: me traía flores y hasta me cantaba alguna que otra vez. Pero poco a poco fue cambiando todo, ya no me gustaba tanto la entonación, las tardes eran demasiado largas, las noches aún más. El Juan ya no hacia ni el intento de coger el laúd, y mucho menos cantarme y yo cada vez más apática. Para mí todo era igual, la noche y el día. Echaba muchísimo de menos a mi madre, me gastaba un dineral en conferencias, todos los días la llamaba por lo menos tres veces y mi marido no lo aguantaba, se ponía como un loco cuando llegaba la factura del teléfono, decía que lo estaba arruinando, que así no podíamos seguir...

»Si echas tanto de menos a la maldita vieja, lo mejor que puedes hacer es largarte con ella y así todos nos quedaremos  más contentos, seguro que ganamos en salud... 

»Qué maldito egoísta, con lo que yo hice por él, y lo que me costó adaptarme a su mundo y nada: él nunca tuvo ningún miramiento conmigo,  yo lo dejé todo, dejé a mis gentes, a mis amigos, mis batas de faralaes, mis mantones, mis tacones… Lo tuve que dejar todo en Málaga, ni siquiera dejó que me llevara un triste abanico, nada, ni eso. Él me prometió que, una vez que llegara a su Isla, me compraría todo lo que quisiera y que para qué iba a ir cargando con todo ese baúl, que costaría más el traslado de tanto trasto que comprarlo todo nuevo, que no me preocupara, que allí todo estaba más barato.

»Y, además, así lo estrenas todo, Reina Mora, que tú te lo mereces, te voy a poner un imperio a tus pies. Y usted, doña Julia, no se preocupe por su hija, que no le va a faltar de nada, que aquí estoy yo para cuidarla, y la voy a poner en un pedestal, va a estar todo el día riendo y disfrutando...

»La verdad es que este hombre era un mimoso, se sabía camelar a todo el mundo. Y a mí me supo hipnotizar con su palabrería, poco a poco hizo de mí una tonta. A mi madre parecía que le había puesto una venda en los ojos. Todo lo que decía su yerno ‘el de las islas’ le parecía bien, incluso dejó de creerme a mí. Consiguió ponerme en contra a toda la familia.

»Recuerdo una mañana oyendo la radio, que era lo único que me hacia compañía.

»Son las once y media... Piiiiiiiií, las doce y media en la península...  Pi-piii-piiiiií… 

»Qué raro me sonaba to eso, yo creía que nunca me iba a acostumbrá, no entendía nada,  de verdad que no. ¿Cómo podía ser una hora aquí y otra allí? ¿Sería porque yo me levantaba una hora antes que mi madre?  Seguro que era por eso, seguro.

»Mi maridito, mi Juan, me lo había explicado una pechá de veces, pero yo no acababa  de entenderlo. Él se desesperaba conmigo mucho, pero lo que yo le decía...

»Claro, como tú has nacido aquí, con esta hora cambiada, pues para ti es mucho más fácil,  pero a una, que es de la Península, le cuesta... Vaya que sí le cuesta, entiéndelo, hijo, y déjame, que ya bastante tengo con haberlo dejao tó pa venirme aquí contigo, que mardita la hora que se me ocurrió...

Tenía que haberme casado con aquel novio que me salió cuando estaba de gira, ése sí que sabía vivir bien, al mu condenao le daba igual la hora que fuera, estaba dispuesto a todas horas, la verdad es que me estaba entrando un complejo de máquina que no veas, tol día de sarao en sarao, sin ningún miramiento, a él le daba igual ocho que ochenta,  con tal de estar todo el día de juerga y lucir el palmito. Y mira que yo se lo intentaba poner difícil, pero nada, él erre que erre...

»Antoñito, hoy no, que me duele mucho la cabeza, de verdad, cariño, de verdad. Es que no tienes hartura, hijo; mira cómo me tienes, si no me da tiempo ni a hacer la cama… y yo tengo que mirá por mi carrera, hijo, tengo que ensayar y cuidarme la voz, no puedo tener tanto desgaste, que después no canto bien,  mi manager me regaña y se ríe de mí.    Pero él nada, to palante, en sus trece. El mu ladrón me decía: ¿qué coño dolor de cabeza, si eso se quita con un buen revolcón y una buena juerga? Hija, ven pacá, que nos vamos a poner tibios, que yo sé que te gusta, joia, y, además, esto es muy bueno para la voz, te tonifica el cuerpo y te limpia por dentro... Pa dos días que uno va a vivir, hay que aprovecharlos de la mejor manera que se pueda, que mañana quién sabe dónde estaremos...

»En verdad, este Antonio mío era mu sabio y tenía mucho mundo vivío. Y cuando me decía esas cositas con la boquita chiquita, un poco ladeada y me  guiñaba el ojo (el  que tenía bueno, claro, porque el pobre era bizco, mu guapo, eso sí, pero tenía esa falta, ¿qué le vamos a hacé), me ganaba y yo cedía; claro, ¿qué va a hacé una? También me lo pasaba mu bien, la verdá; pero me gustaba hacerme la remolona, a una la educaron así.

»Prefiero olvidar este capitulo de mi vida y centrarme en lo que realmente importa... en mi futuro como cantante, que, por lo que parece, es alentador y quién sabe si quizás más adelante monte una academia como la de la tele y enseñe a cantar a las niñas y a menear sus cuerpitos luciendo la bata de cola. Bueno, eso es sólo uno de los tantos  proyectos que me gustaría desarrollar.

 

…   …   … ...   ...   ...

  

  

  

     

BEGOÑA RUEDA COLMENERO (Durango, Vizcaya, 1965) es, antes que nada, docente vocacional, aunque en los pocos ratos que su quehacer diario se lo permite, deja que cabalgue su pluma sobre la albura del papel. Reside en Málaga y ha sido alumna de la Universidad de su ciudad adoptiva, en cuya Facultad de Ciencias de la Educación, ha cursado los estudios de las diplomaturas de Maestro en Educación Infantil y Maestro en Educación Primaria. Actualmente ejerce como maestra.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VIII. Número 59. Enero-Febrero 2009. Sección 1. Página 2. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2009 Begoña Rueda Colmenero. © 2002-2009 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

    

    

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