N.º 77

JULIO-SEPTIEMBRE 2012

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EL HADA DEL BOSQUE DE ALHAURÍN

   

   

Por Noelia Gosálvez Rey

   

   

   

L

a Sierra de Mijas es un cadena de pronunciadas elevaciones que forma parte del Cordón Montañoso Litoral que discurre paralelo a la Costa del Sol, nombre con que se conoce universalmente a esta franja costera de la provincia de Málaga, bañada por el mar Mediterráneo y situada en una de las zonas más luminosas y soleadas del Sur de España. El punto más alto de este enclave orográfico es el Pico de Mijas, con 1.110 m, al cual se accede a través de un empinado sendero, punto en el que se desarrolla el sorprendente acontecimiento que voy a narraros. Las poblaciones más cercanas a esta elevación natural son dos pueblos, Alhaurín de la Torre y Alhaurín el Grande, a 18  y 29 km, respectivamente, de la capital de la provincia a la cual pertenecen, Málaga.

El sendero en el que tiene lugar el relato va de la Fuente del Acebuche al Pico de Mijas, a su paso por Alhaurín el Grande en dirección a Alhaurín de la Torre, a lo largo de cuyo recorrido serpentea por la ladera noroeste de la Sierra de Mijas. El bosque que lo acompaña en este peregrinaje es uno de esos parajes, hermoso y enigmático a la vez, que a uno le gustaría descubrir.

  
                             
 

Sendero que va de la Fuente del Acebuche al Pico de Mijas.

 
  

La primera vez que anduve por este camino experimenté la sensación de estar recorriendo los pasos de antiguos caminantes. Me dio la impresión de estar marcando con mis huellas una de esas veredas que se nos presentan adheridas como la hiedra a la piel de una montaña para adentrarnos furtivamente en un denso bosque, en el que la piedra y el musgo se funden íntimamente para liberar perfumes de umbría que embriagan al viajero y le hacen olvidar su destino.

Al andar por estas trochas que se nos antojan milenarias, el caminante parece revivir historias del pasado, historias escondidas en cada recoveco, en cada giro de curva, algunas más afortunadas que otras.

Dicen quienes conocen bien aquellos parajes que, en estos perdidos caminos de montaña, justo a la vereda, es habitual encontrarse con una gran piedra cuya función es indicar la existencia de una población cercana. Y así parece ser. Según cuentan las gentes que han pasado por el sitio alguna vez, a un lado del sendero del que os hablo hay una gran piedra que, aunque es difícil de localizar por hallarse casi oculta por la maleza, anuncia la cercanía de Alhaurín de la Torre.

Yo he visitado aquella zona en una sola ocasión. Fui acompañada hasta ella por un senderista inglés que conoce bien la Sierra de Mijas y sabe también algunas de sus leyendas. Sin embargo, una vez que está uno cerca del lugar en el que se halla la roca, resulta muy difícil sustraerse a la extraña sensación de estar a merced de una energía singular. En primer lugar, porque la roca se encuentra situada en un lugar estratégico, en una curva del camino en la que todos los elementos del paisaje logran orientarse hacia ella, como si estuviese situada en la escena de un auditorio; y, además, porque la vegetación de su alrededor parece estar seca y con las ramas dirigidas, de forma poco natural, hacia la enigmática roca. El espectáculo es fascinante. Es como si la piedra fuese capaz de atraer la energía del bosque por una impensable fuerza de gravedad.

Pero en los caminos de montaña no solo hay piedras que anuncian poblaciones cercanas; también hay magia y en ellos suceden cosas fantásticas. A las gentes que viven cerca de bosques les he escuchado muchas veces asegurar que en cada uno de ellos habita un espíritu que lo protege y lo mantiene en equilibrio: ese espíritu es un ente de energía, puro de sentimiento, que gusta de ayudar a los viajeros que andan por sus caminos. Sin embargo, estas hadas y ninfas son seres delicados y sensibles que pueden asustarse fácilmente y huir si son molestadas, dejando secos y estériles de vida los frondosos rincones que habitan.

Las hadas de los bosques tienen por costumbre elegir una piedra especial. Suele ser una piedra grande junto a la que crece un árbol y que, a menudo, se sitúa al lado de un camino. Eligen estas piedras para sentarse a dar la bienvenida a aquellas almas nobles que se adentran en las espesuras del bosque y que son capaces de ver las energías puras.

Pues bien, en ese rincón del bosque del que os hablo hay una piedra que cumple con todos estos requisitos. Una gran piedra a un lado del camino junto a la cual crece un árbol poco común en estas tierras, el sauce, pero que, por sus propiedades curativas, suelen elegir las hadas para proteger a sus viajeros.

Cuenta una leyenda que, cierto día, andaba por el lugar un fotógrafo ávido de imágenes para emplearlas en un nuevo proyecto. De repente, le llamó la atención un pequeño sauce junto a la piedra e imaginó que podrían conformar el bello encuadre de una fotografía. Tomó la imagen y, al rebelarla, apareció sobre la roca una extraña criatura que hubiera jurado no estaba allí en el momento de la toma.

Desconcertado, volvió al lugar donde ocurrieron tan insólitos hechos para fotografiar otra vez a la criatura, pero no lo consiguió. Frustrado tras el fallido intento, decidió hacer una inscripción en la piedra para poder distinguirla la próxima vez que volviera por el lugar para intentarlo. Pensó que tendría que hacerle alguna marca o señal, de modo que la reconociera claramente. Y así lo hizo, pero, para evitar que algún curioso viajero pudiese descubrir aquel maravilloso secreto, grabó en la piedra unos símbolos tan extraños que hasta el día de hoy nadie ha conseguido descifrar.

  
                             
 

Frustrado tras el fallido intento, decidió hacer una inscripción en la piedra para poder distinguirla la próxima vez que volviera por el lugar para intentarlo.

 
  

No esperaba el fotógrafo el episodio del que iba a ser testigo inmediato. Tan pronto como terminó de tallar los signos en la roca, se levantó un fuerte viento y el día se ensombreció. Un escalofrío le recorrió el cuerpo y, de repente, oyó el chasquido de las ramas cerca de sí. Diríase que los árboles de su alrededor cobraban vida, porque, en aquel preciso momento, fueron curvándose y dirigiendo sus ramas hacia la roca. Cada árbol, desde la cima de la montaña hasta su falda, aparecía ahora con esa extraña curvatura, y no pasó mucho tiempo hasta que la vegetación comenzó a secarse y perder sus hojas. El pequeño sauce junto a la roca dejó de crecer. ¡El espíritu, la maravillosa hada que habitaba el lugar, se alejaba llevándose consigo la fuerza del bosque! Lo que no sabía el fotógrafo era que las rocas elegidas por las hadas tienen un vínculo sobrenatural con ellas: un vínculo que los humanos no podemos comprender. Es por ello por lo que dañar tales rocas sagradas puede provocar el enfado y la aflicción de estos seres fantásticos y su partida hacia otro lugar.

Desde que el hada se marchó de este rincón del bosque de Alhaurín, no hay viajero que pase por aquel lugar sin percibir una extraña sensación de abandono. Es curioso, pero, en aquella zona, el silencio se hace tan denso que resulta estremecedor. Y parece altamente sorprendente que sean muy pocas las personas que han advertido esa roca tallada.

Llevada de la curiosidad, en más de una ocasión me he propuesto ahondar en la veracidad de los hechos, y así, he preguntado a muchos vecinos del pueblo qué había de realidad en todo lo referente a la leyenda del hada, pero ninguno ha sabido responderme algo concreto. Aunque nadie niega nada en absoluto, solo se me han dado datos imprecisos y plagados de dudas.

Así que, si un día vas caminando por una vereda de montaña y te encuentras con una gran roca junto a un árbol en un rincón frondoso del bosque, mira con atención: puede que el espíritu del bosque te esté dando la bienvenida en forma de hermosa y sutil hada, y te deje verla.

  
                             
 

Noelia, autora de la redacción de esta leyenda, junto a la gran roca en la que se halla grabada la extraña inscripción.

 
  

   

   

NOELIA BEGOÑA GOSÁLVEZ REY (Ciudad Real, 1973). Diplomada en Turismo por la Universidad de Málaga, Máster en Administración y Dirección de Empresas Turísticas por la Escuela de Negocios MBA de Gran Canaria y Diplomada en Maestro en Lengua Extranjera (sección: Inglés) por la Universidad de Málaga. Ha trabajado durante 10 años en el sector turístico. Ha ejercido como profesora de formación profesional de la rama Hostelería y Turismo en El Puerto de Santa María.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. Año XI. II Época. Número 77. Julio-Septiembre 2012. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2012 Noelia Gosálvez Rey. © Las imágenes, extraídas a través del buscador Google de diferentes sitios o digitalizadas expresamente por el autor, se usan exclusivamente como ilustraciones del texto, y los derechos pertenecen a su(s) creador(es). Edición en CD: Director: Antonio García Velasco. Diseño Gráfico y Maquetación: Antonio M. Flores Niebla. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2012 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.