N.º 61

MAYO-JUNIO 2009

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GIBRALFARO

  

AULA de MOMENTOS DE LA HISTORIA

MENÉNDEZ Y PELAYO

LA BASÍLICA PALEOCRISTIANA DEL VEGA DEL MAR

Por María del Carmen Teles Elizalde

A

mediados del siglo XIX, la extensa campiña próxima a la costa occidental de la provincia de Málaga estaba sin cultivar o su explotación era escasa y poco productiva. El general Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen (1808-1874), primer Marqués del Duero, fijó su atención en las muchas posibilidades de explotación que ofrecía toda esa extensión y proyectó convertirla en objetivo de un ambicioso programa de colonización agrícola. Estaba casado con Francisca de Paula Tovar y Gasca, marquesa de Revilla y condesa de Cancelada, quien había aportado al matrimonio numerosas fincas y haciendas, en algunas de las cuales, Gutiérrez de la Concha logró un incremento notable de su rendimiento agrícola sistematizando el cultivo de la caña de azúcar. A finales de 1860, este emprendedor militar y político adquiere una franja alargada de esos terrenos, la comprendida entre los ríos Guadaiza y Guadalmansa, cuya extensión era de casi 5.000 hectáreas y que abarcaba los municipios de Marbella, Estepona y Benahabís, en donde se propone llevar a cabo su plan de desarrollo agrícola.

  

El origen del núcleo urbano de San Pedro de Alcántara

   
      

 

El general Manuel Gutiérrez de la Concha e Irigoyen, primer Marqués del Duero (1808-1874).

   

Al amparo de las Leyes de Fomento de la Población Rural de 1855, 1866 y 1868, Gutiérrez de la Concha funda la ‘Colonia Agrícola de San Pedro de Alcántara’, a la que dotó de una granja escuela, los últimos adelantos en maquinaria agrícola y una fábrica azucarera. Con el tiempo, la Colonia Agrícola dio origen a San Pedro Alcántara, nombre que ha venido a distinguir en la actualidad a una gran urbe turística, remanso estival de sosiego para veraneantes y amantes del descanso.

Dentro de la Colonia había un paraje denominado Vega del Mar, situado junto a la raya costera entre la ribera derecha del río Guadaiza y la margen izquierda del arroyo del Chopo. En la actualidad, ese nombre se usa más bien poco, siendo sustituido por el de Linda Vista, nombre que lleva una urbanización de tipo turístico construida allí en años recientes.

En los primeros años del siglo XX se decidió poblar con eucaliptos la zona de Vega del Mar más cercana al límite marítimo. Así, cuando se comenzó a abrir hoyos para plantar los árboles, y de manera casual, se descubrieron restos de antiguas construcciones árabes y aparecieron diversas tumbas, lo que dio pie a que los lugareños diesen a aquel paraje el apelativo del Cementerio de los Moros.

  

Las primeras campañas arqueológicas en Vega del Mar

En aquellos años de comienzos del siglo pasado, era administrador de la Colonia don José Martínez Oppelt, quien se interesó por los hallazgos y solicitó el permiso oficial para comenzar unas excavaciones dentro de las normas marcadas por la Ley, autorización que le fue concedida por Real Orden de 7 de julio de 1916. Por desgracia, las prospecciones llevadas a cabo por Martínez Oppelt cayeron en el olvido y los resultados de sus pesquisas han quedado inexplicablemente inéditos. La única información que tenemos acerca de ellos se reducen a un artículo (“Una Pompeya Española”), publicado en una revista ilustrada de carácter popular (Por Esos Mundos, I trimestre 1916).

Los materiales descubiertos fueron trasladados a Madrid y depositados, primero, en la sede de la Sociedad ‘Colonia de San Pedro’. Luego, los que fueron considerados más importantes, se trasladaron al Museo Arqueológico Nacional. Hay que señalar que los objetos aparecidos en los primeros momentos de la plantación de eucaliptos se perdieron por descuido o pasaron a manos de coleccionistas privados, y de ellos no se tiene el menor rastro.

Unos años después, el pueblo volvió a mostrar interés por las ruinas y tumbas de Vega del Mar. Se empezó por encomendar al arqueólogo José Pérez de Barradas el estudio de la conveniencia de proseguir o no las excavaciones. José Pérez de Barradas realizó una serie de pruebas, a partir de las cuales estimó conveniente emprender nuevas exploraciones, que fueron autorizadas por Real Orden de 29 de marzo de 1930.

  

Hallazgo de una basílica y una necrópolis

Los trabajos llevados a cabo por Pérez de Barradas fueron muy valiosos, permitiendo sacar a la luz los muros de una basílica paleocristiana de doble ábside y una necrópolis, de la que llegó a enumerar 148 tumbas. Según el arqueólogo, el conjunto de edificaciones podría corresponder a la antigua Cilniana, citada como una de las estaciones de la vía que conducía de Malaca (Málaga) a Gades (Cádiz). En esta ocasión, los resultados de las investigaciones de Pérez de Barradas fueron publicados en diversos artículos de revistas especializadas y en dos libros.

   

      

Cimientos de la basílica.

   

Una vez terminadas las excavaciones en el yacimiento, se tomaron diversas medidas dirigidas a conseguir la conservación de los restos que habían sido hallados. Por otra parte, a fin de garantizar la integridad de las paredes que constituían la estructura de la basílica, que corrían el peligro de desmoronarse, se procedió a recrecerlas en casi todo su contorno. Ciertamente, estas labores de protección contribuyeron a darles solidez, pero también produjeron algunas variaciones que desfiguraron la obra original. Para preservar el yacimiento de los excavadores clandestinos, se colocó en torno a él una cerca de alambre espinoso y se cubrió la pila bautismal con una plancha de hierro que giraba mediante una bisagra. Los avatares de la Guerra Civil en nuestra provincia se dejaron sentir en Vega del Mar, ocasionando la desaparición de todas sus defensas, con el consiguiente daño en los antiguos hallazgos.

  

Nuevas campañas de excavaciones

El 21 de octubre de 1963, con motivo de la celebración en Málaga del VIII Congreso Nacional de Arqueología, los asistentes al evento visitaron la basílica de Vega del Mar y su necrópolis. Sobre el terreno, entre los expertos se suscitaron no pocas polémicas en torno a la estructura arquitectónica del conjunto y los datos cronológicos hasta entonces establecidos resultaron bastante controvertidos. Sin embargo, los congresistas acordaron un llamamiento general de protesta por el triste estado en que se encontraba el yacimiento en su conjunto. Entre los acuerdos adoptados al finalizar el citado congreso, no hubo ninguno relacionado directamente con la basílica y la necrópolis, si bien, de forma general, se solicitaba del Ministerio competente que fuesen protegidos y defendidos los yacimientos arqueológicos de toda la Costa del Sol, por lo que, aunque de manera indirecta, la basílica se veía beneficiada de alguna manera por los acuerdos. Como complemento del congreso, se realizó una exposición de materiales arqueológicos en Málaga, en la que se exhibió una jarra de barro de 18 cm de altura encontrada en una sepultura de la necrópolis.

Durante varias visitas realizadas a Vega del Mar con motivo de llevar a cabo unas exploraciones en torno a una villa romana cercana, se comprobó el deterioro progresivo que estaban sufriendo los antiguos hallazgos. Esta circunstancia motivó que los arqueólogos realizaran diversas demandas dejando bien patente su disgusto ante aquella situación de abandono continuado. Todas esas demandas consiguieron que los gastos para la protección y cuidado de la basílica fueran cubiertos con cargo al Estado. Entre las medidas de protección que se tomaron, cabe destacar la ubicación de una verja de hierro asentada sobre un muro de piedra para dar cierre a todo el recinto que abarcaba la basílica y la necrópolis. Por desgracia, esta protección no resultó tan efectiva como se esperaba.

Cabe dejar constancia de que, al abrirse las zanjas para la cimentación del muro de piedra de protección, se descubrieron accidentalmente dos tumbas que habían pasado inadvertidas a las exploraciones de Pérez de Barradas.

Mientras que se realizaban las tareas de limpieza en Vega del Mar, se tuvo la convicción de que todavía quedaban zonas que explorar dentro de la parcela donde se encontraba la basílica. La corporación municipal malagueña acordó llevar a cabo pequeñas catas con obreros facilitados por el servicio de obra. Los resultados obtenidos fueron alentadores, y de ahí partió la idea de programar una nueva campaña de excavaciones.

   
      

 

Pila bautismal.

   

La nueva campaña quedó autorizada el 11 de julio de 1977 por la sección de Exposiciones y Excavaciones Arqueológicas de la Dirección General de Bellas Artes. Las excavaciones fueron realizadas entre el 26 de agosto y el 6 de septiembre de 1977, pero, prácticamente, quedaron reducidas a una limpieza general del yacimiento.

La siguiente campaña fue autorizada el 4 de julio de 1978, confiándose la dirección a Rafael Puertas Tricas y Carlos Posac Mon. Ésta se llevó a cabo desde el 1 al 16 de septiembre.

Un año después, el 22 de mayo de 1979, fue aprobada por la sección de Excavaciones del Ministerio de Cultura la tercera campaña. Los trabajos se realizaron del 1 de septiembre al 14 del mismo mes, pero tuvieron que interrumpirse a causa del mal tiempo. Por otra parte, la caída de varios eucaliptos por la acción del viento causó daños en la estructura de la basílica y en algunas sepulturas; además, la grandes lluvias fueron causa de la rotura de la verja de hierro por diversos puntos.

Con el fin de proseguir las excavaciones, se solicitó permiso para practicar una nueva campaña en el verano de 1980.  Pero concedida la autorización, surgieron gran número de dificultades, lo que obligó a postergar los trabajos hasta el año siguiente, a cuyo efecto, con fecha 1 de julio de 1981, fue renovado el permiso oficial. La campaña se llevó a cabo entre el 16 de septiembre y el 6 de octubre, con una pequeña interrupción derivada de nuevo de las malas condiciones meteorológicas. Los materiales hallados en estos últimos trabajos fueron depositados en el Museo Provincial de Málaga.

  

La basílica según Pérez de Barrada

La planta de la basílica presenta tres naves, tiene ábside y contraábside; en un lado, presenta ubicada una sacristía y, al otro, el baptisterio, seguido de una sala. Adosados a los lados mayores, hay dos atrios. Los muros están formados de guijarros gruesos y morteros de cal; las vigas de las puertas y las esquinas son de ladrillos. Los muros tienen un espesor  medio de 60 cm y la altura conservada por termino medio es de otros 60 cm. El interior mide 11.30 m de ancho, la nave central 5.50 m y, de las dos laterales, una mide 3 m y la otra, 2.80 m. Las tres naves están separadas por sendos pilares de piedra en el lado derecho, colocados regularmente. En el izquierdo, los tres pilares están descentrados y uno de ellos es de mayor tamaño que los otros dos. En el pavimento se observan huellas de ladrillo y en las paredes, de escayola de color roja.

   

      

Vista parcial de la necróplis.

 
   

De la edificación cabe destacar el baptisterio, que corresponde al tipo cruciforme oriental. La piscina tiene forma de cruz latina y una profundidad de 110 cm, dos de sus brazos tenían escalones. A su lado, había otra, pequeña y de forma rectangular, con un escalón para el bautismo de los niños. El ábside es semicircular y mide 3.40 m de largo y 2.40 m de fondo. El suelo es de ladrillo. El contraábside es semicircular y mide 4.50 m de largo y 3.10 m de ancho. Este tipo de doble ábside es muy conocido en el norte de África.

  

La necrópolis según Pérez de Barrada

Pérez de Barrada halladas 148 tumbas en sus excavaciones, aunque posteriormente se encontraron más. Él las clasifica de la siguiente forma:

1. Fosa sin revestimiento alguno. Sólo se conoce un caso.

2. Fosa revestida de ladrillos colocados en hileras alternas. Forman una sola fila y estaban de pie; en otras se utilizan ladrillos y lozas de piedra hincadas en el suelo. La cubierta es de grandes losas de piedra, cuyas grietas están rellenas de cantos rodados y de mortero de cal. En otros casos se utilizan ladrillos de grandes dimensiones.

3. Fosa revestida de losas de mármol.

4. Fosa rectangular.

5. Una sola sepultura formada por tégulas inclinadas en forma de dorso de asno.

6. Sepulcro de túmulo. Se caracteriza por la falta de fosa. En algunos casos, su interior es de planta rectangular, en otros se colocó un féretro de madera en el suelo y se realizó el túmulo de mortero, de forma rectangular, con los bordes curvos y parte superior mas estrecha que la base.

En el interior de las tumbas inventariadas por Pérez de Barradas, se hallaron, aproximadamente, unas 20 vasijas, la mayoría de cuales son jarras y vasijas y, en general, recipientes para líquidos. Se trata, al parecer, de una costumbre fúnebre ya usada en tiempos más antiguos. Los objetos de adorno son poco significativos según Pérez de Barradas, y aparecen, fundamentalmente, brazaletes, pendientes y anillos. Entre los objetos de adorno, el más característico es un broche de cinturón, que tiene una cronología del siglo VII o, a lo sumo, de finales del siglo VI.

   

   

PARA SABER MÁS:

“Manuel Gutiérrez de la Concha”, en WIKIPEDIA [En Línea]. Disponible en Web: <http://es. wikipedia.org/wiki/Manuel_Guti%C3%A9rrez_de_la_Concha>. (Consulta de 18 de enero de 2007).

ASOCIACIÓN CILNIANA (1999): “I Jornadas Histórico Local Marbella”, en CILNIANA, pp. 27-30.

MAÍZ VIÑALS, Antonio (1966): Guía Histórico Turística de la ciudad de Marbella. Delegación de cultura de la Junta de Andalucía, Málaga.

POSAC, Carlos y PUERTAS, Rafael (1989): La basílica paleocristiana de Vega del Mar. Delegación de Cultura de la Junta de Andalucía, Marbella (Málaga).

SOLANES GARCÍA, M.ª del Carmen y Manuel GARCÍA LEÓN (1983): “Carta arqueológica del termino municipal de Marbella”, en CILNIANA, 6. Delegación de cultura de la Junta de Andalucía, Marbella (Málaga).

  

  

María Carmen Teles Elizalde (Marbella, 1986) es Diplomada en Maestro en Educación Primaria por la Universidad de Málaga, en cuya Facultad de Ciencias de la Educación ha cursados los estudios.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VIII. Número 60. Enero-Febrero 2009. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2009 María del Carmen Teles Elizalde. © 2002-2009 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

   

   

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