ENERO-MARZO 2018    

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"SILENCIO" Y UN POEMA SUELTO

   

  

Por Hilario de Jesús Esteban López

   

   

  

SILENCIO

 

Me gusta el silencio cuando borra

el precio pagado por el olvido

donde genera el lenguaje fructífero

el alma,

donde las nubes de la incertidumbre mueren

besando la plena lucidez del amor.

 

Cuando ya la hecatombe del ambiente

encabrita el deseo de la soledad,

surge como un éxtasis la melancolía

difuminada por el recuerdo.

 

Muere lo que no es

cabalgando asustado

en el tiempo pretérito.

 

En los jardines del silencio

los versos se arrancan por manojos,

hay cultivo de amapolas

entre la pausa de la hora.

 

Hurgan mis ojos cerrados

el vientre de las cosas

saltando desde las alturas, la palabra

que corre tras tu paso.

 

El soneto se oye caer como un látigo

al unísono del relámpago

y, sin embargo, suave

como el toque efímero de una pluma.

 

El espíritu de tu cuerpo

fluye de portales inanimados

haciéndolas temblar de amor.

 

Allí una piedra, un tulipán, un crisantemo,

una banca vacía,

un árbol de cerezo, trinar de pájaros

echinaceas de flores amarillas,

se vuelven un altar,

un culto a tu amor, un sacrificio encendido;

el hecho de lo prometido.

 

¡Ay el amor!

cuando viene a buscar lo que no ha perdido.

 

Qué silencio al paso de tu suspiro

como un toque a mi oído

sobre el blondo nácar de tu pecho.

 

Las lilas de tus sonrisas cobran vida,

revoloteando en las gargantas de los pájaros

gorjean, se divierten y vencen la palabra resistida.

 

¡Ah! la pluma de tus pies

cuando despiertan tus pasos

dejando la huella de la nada.

 

He aprendido a querer el silencio

porque allí la soledad me abraza

sin una palabra de reproche.

 

Allí me surca tu labio.

El capricho sollozo de tu alma

que, para mí, es caricia.

 

Allí me enveneno de ti

hasta que la sobredosis del poema somnoliento

espera que pronuncie tu nombre.

 

Allí mío es tu pelo, tu voz callada,

tus manos de seda,

tus locuras ausentes, la danza de tu sonrisa,

la inocencia de tu afrenta.

Y nace la flor cuando arranco un beso de tus labios

en el recuerdo que muere a prisa.

Te arrulla mi olfato,

te siguen mis ojos.

 

Allí se adormece mi alma,

se vuelven bríos tus ojos,

no sé si el cielo es azul

o ha oscurecido de repente.

 

Allí se me hace eterna la hora.

 

¿Cómo mentir que te amo?

¿Y cómo no amarte, si resurge de mi boca

la mueca fatigada al efluvio toque del viento,

cuando celoso buscaba morder tus labios?

 

No hay palabra, no hay fonema

que despierte el más grandioso poema

que el firmamento de tus ojos.

 

Y tu cuerpo, tu cuerpo es vaso

de trigo para el amor del alma,

un topacio que brilla irisado por la luz del día.

 

No hay vértigo en la frase,

no hay éxtasis alucinógeno en las vértebras

de mis pulmones

ni delirio de locura en mi palabra.

 

Hay síndrome de amor escondido.

 

Porque no basta un lecho para amarte,

unas nupcias para clamarte que eres mía,

un cortejo de rubíes para engalanarte.

 

¡No!

 

Ya eres tú, ya eres bella,

ya eres mía.

 

Hay ciertas cosas incorregibles en mí,

la vértebra de mi costilla,

el ruido de mi voz,

la piel que va perdiendo su lozanía.

 

Y se va,

se va el tiempo que fue ayer, hoy

mañana pasará.

 

Pídeme,

pídeme que estruje el hosco

tronco de los cardos,

que salga en el crudo invierno amoratado,

que, penitente, hinque rodilla,

pide que los ocasos naufraguen en el horizonte,

que las estrellas sueñen de día,

que los peces muran de frío,

pide que nunca una madre rece

por el hijo ausente,

pero no me pidas que nunca vuelva a amarte,

porque no he dejado de amarte todavía.

 

Me gusta el silencio,

porque sabe callar cuando, al amarte,

la noche brilla.

 

Me gusta el silencio cuando te amo,

porque susurra en el poema

que aún eres mía.

 

¡Y te amo!

   
       

  

  

  

EN BOCA AJENA

 

Cuentan que te amé,

que estuve loco de amor,

que la noche acompañó mi tardo paso

en la búsqueda de tu rastro,

que la luna pensó desde la distancia

enamorar el nácar de tus ojos

como lo hice yo.

 

Dicen que, funesto, callo

la culpa inmerecida

sobre la dulce fruta de tus labios,

cuerpo de delito, moldura de cedro,

arco de guitarra en triunfo

cuando domina la melodía.

 

Me vieron doblegar el hombro

cuando erguido me era difícil tararear.

 

Dicen los que cuentan

que vieron mi semblante

serio como un sauce

por el aquilón sacudido;

brotaron cisnes muertos

a la sombra de mi cuerpo pensativo.

 

Como un boceto inerme

bajo la sombra de las gárgolas,

busco reposo mi suspiro;

vaso vacío, tronco sin corazón,

el pensamiento embotado de hastío.

 

No sé, si la cicatriz duele más que la herida

o el escozor de un alma resentida,

pero lo que sí sé

no es vana la supuesta mentira.

Para amarte como te amo,

en aquel instante te amé.

   
       

    

    

       

         

HILARIO DE JESÚS ESTEBAN LÓPEZ (Ipala, Chiquimula, Guatemala, 1975). Maestro en Educación Primaria Urbana. Amante de la poesía lírica, el dibujo y la pintura. Gran parte de su obra ha sido dada a conocer a través de diversas revistas digitales. Ha participado en varios certámenes internacionales de Poesía. Es autor de una amplia colección de sus poemas y relatos líricos, aún inéditos, que verán pronto la luz en su primer libro. Es titular del blog «Desde el Corazón», en donde da a conocer su creación literaria.

    

    

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. Sección 2. Página 8. Año XVII. II Época. Número 99. Enero-Marzo 2018. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2018 Hilario de Jesús Esteban López. © Las imégenes han sido tomadas de una base de imágenes gratuitas localizada en Internet y se usa exclusivamente como ilustración del texto. Los derechos de autor pertenecen a su(s) creador(es). Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2018 Departamento de Didáctica de las Lenguas, las Artes y el Deporte, adscrito a la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga & Ediciones Digitales Bezmiliana, Castillón, 3, Rincón de la Victoria (Málaga).