N.º 75

ENERO-MARZO 2011

14

   

   

  

   

   

   

   

«EL CAPITÁN ESPAÑA»

(Memoria sentimental en blanco y negro)

   

Por Manuel López Porras

   

   

  

Ficha técnico-artística

Título: El Capitán España

Guión: Pablo Gago y Manuel Gago

Dibujo: Manuel Gago

Género: Aventuras.

Año de aparición: 1955

Editor: Editorial Maga (Valencia)

Formato: Cuadernos apaisados de 17 x 21 cm

Color: Portada en color. Páginas interiores en blanco y negro

Colección: 32 números

  

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L

os primeros amores llegan y se van. Suele ocurrir siempre así. Como una etapa más por la que ha de pasar necesariamente nuestra evolución biológica, el primer noviazgo es superado y guardado luego en la memoria como un grato recuerdo, como un tiempo ya pasado que nos brindó experiencia, nos dio felicidad y tal vez nos hizo llorar. Con el paso del tiempo, nos fuimos apartando de él o, simplemente, se fue desvaneciendo en el pasado sin apenas darnos cuenta.

Todo lo dicho en el párrafo anterior podría aplicarse a los tebeos. Mis primeras lecturas fueron tebeos. Mi interés por los tebeos viene desde que tengo memoria. Recuerdo que, nada más haber aprendido a descodificar las primeras palabras escritas, empecé a interesarme por todo lo que llevara letras, y, sobre todo, por todo lo que llevara ilustraciones y contara alguna historia.

Mis primeros tebeos fueron prestados. Príncipe Valiente, Roberto Alcázar, Tarzán, El Hombre Enmascarado, Chicos, etc. Desde que era muy, muy pequeño, me he visto siempre leyendo tebeos. De hecho, cuando intento remontarme más atrás de esas primeras sensaciones plásticas, prácticamente no recuerdo nada. Leer era la actividad que más me gustaba. Era para mí algo tan natural como lo era el saltar, cantar o jugar.

  
              

              
 

  El Capitán España.

Creación de los hermanos Manuel (guion y dibujos) y Pablo Gago (guion).

Editorial Maga, Valencia, 1955.

 
  

En cierta ocasión, en casa de mis tíos, la curiosidad me llevó a echar un vistazo en la alacena en que mis primos guardaban los tebeos y las novelas. Para mi sorpresa, encontré un nuevo tebeo, en su portada podía leer versaba sobre las aventuras de un tal Guerrero del Antifaz. Con él en las manos, agarré una silla y me senté en el corredor… Desde ese instante quedé atrapado por el intrépido enmascarado.

Pasaron los años y yo seguí leyendo tebeos. Cada semana seguía con más interés las aventuras de El Guerrero del Antifaz. A las hazañas de este personaje añadí luego las de El Hombre de Piedra y de cualquier otro héroe que caía en mis manos. Y, de vez en cuando, leía una novela, sobre todo si era de El Coyote.

Los tebeos me fascinaron durante muchos años. Pero, primero, una novia y el servicio militar, después, me apartaron absolutamente de ellos, sin que yo me percatase de ello. Paulatina pero inexorablemente, dejaron de acaparar mi interés. Me seguían gustando algunas cosas, cierto es, pero ya no las veía con la misma ilusión de antaño, que devoraba con avidez las viñetas de todo tebeo que caía en mis manos.

Sin embargo, unos años más tarde, me reencontraría con los tebeos en el Mercado de San Antonio. Me hice con la colección completa de El Capitán España a precio irrisorio. Sabía del personaje, pero nunca había leído nada de él. No obstante, dada la generosidad de la oferta, no pude resistirme. Aún recuerdo con agrado los días que siguieron a mi adquisición: su lectura fue un paseo por la nostalgia, un recorrido por una época ya pasada.

«Los Comics del Franquismo» y «El Capitán España»

Vázquez de Parga, en su libro Los Cómics del Franquismo [1], con respecto a la colección de El Capitán España, del maestro Manuel Gago, escribe lo siguiente:

«Uno de los casos más curiosos de racismo colonialista son las series dedicadas a El Capitán España y Jungla, dos aventureros españoles que pasean su hispanidad por los mares y selvas asiáticas, resaltando su preponderancia física e ideológica entre amarillos e hindúes, que indefectiblemente sucumben bajo sus puños. Ambos héroes se inmiscuyen en la política de los piases asiáticos que deben ser civilizados por la benefactora influencia europea. No importa que ‘Alba Roja’, la enemiga china de ‘Jungla’, sea presentada como “la pirata ambiciosa y despiadada, enemiga de todo lo extranjero”».

La lectura de tan docta parrafada motivó que me asaltaron serias dudas sobre si al Capitán España al que se refería Vázquez de Parga era el mismo Capitán España que yo había comprado en el Mercado de San Antonio. Así pues, y sin más dilación, me dispuse a releer nuevamente esta colección.

  
              

              
 

Estrella Amarilla, en su ambiciosa pretensión de expulsar a los ingleses de sus colonias del Oriente asiático y hacerse amo, cuanto menos, de esa parte del mundo, choca contra el Capitán España, que le impedirá el logro de su propósito.

(Portada del número 1 de la serie.)

 
  

Después de una atenta ‘re-lectura’ de la misma, y centrándome con especial interés en la injerencia o no del personaje en la política interna de los países en donde transcurren sus aventuras, puedo afirmar categóricamente que no he podido constatar vestigio alguno de ese supuesto intervencionismo del que el mencionado autor acusa a nuestro Capitán. El señor Vázquez de Parga ha querido ver gigantes donde tan solo hay molinos de viento.

Ciertamente, Estrella Amarilla, el principal antagonista de nuestro héroe es asiático, pero no es esta la razón de su enfrentamiento con el capitán España. Estrella Amarilla, en su ambiciosa pretensión de expulsar a los ingleses de sus colonias del Oriente asiático y hacerse amo, cuanto menos, de esa parte del mundo, choca contra el Capitán España, que le impedirá el logro de su propósito. A la muerte de este, su hija, Flor Amarilla, intenta vengarse del capitán por la muerte de su padre, pasando convertirse en su más encarnizado enemigo.

Por otra parte, si pretendemos ser objetivos a la hora de enjuiciar una obra determinada, la premisa fundamental que debe observarse es la consideración de la época en que el autor sitúa los acontecimientos que en ella se relatan; no está de más tener también en cuenta lo que en los años de su edición se leía y, sobre todo, lo que se veía en el cine. Siempre he mantenido que la historieta española, salvo en muy pocas excepciones, se basaba muchísimo en el cine de aventuras que nos venía más allá del Atlántico, y de ello tenemos cientos de ejemplos.

La serie El Capitán España, al igual que ocurre con otros muchos relatos que se desarrollan en ambientes coloniales, refleja el clásico folletín de primeros de siglo. Concretamente, el arranque de la colección y la descripción del malvado concuerdan con aquella célebre saga de Fu-Manchú, de cuyas malvadas maquinaciones y tropelías tuvimos ocasión de ver distintas versiones cinematográficas en nuestras pantallas, con la salvedad de que el héroe era inglés en lugar de español.

Efectivamente, Estrella Amarilla, al igual que el doctor Fu-Manchú, está dotado de una brillante inteligencia y un excepcional talento, que tanto uno como otro proyectan en la consecución de unos fines perversos. Estrella Amarilla es, en fin, un ser diabólico, un genio de la maldad, un superhombre del mal. No trabaja para nadie, se sirve de todos para lograr sus propios objetivos: un mundo esclavizado en el que él gobernará con mano de hierro.

  
              

              
 

A la muerte de este (Estrella Amarilla), su hija, Flor Amarilla, intenta vengarse del capitán por la muerte de su padre, pasando convertirse en su más encarnizado enemigo.

(Portada del número 25 de la serie)

 
  

También, como Fu-Manchú, Estrella Amarilla tiene una hija, Flor Amarilla, que ha heredado de este su sangre fría, sus pocos escrúpulos y gran parte de su inteligencia. Una peligrosa y hermosa mujer que espera su oportunidad para vengarse de nuestro héroe.

El Capitán España toma también ideas y situaciones de la película El Mundo en sus manos (dirigida en 1952 por Raoul Walsh e interpretada por Gregory Peck y Anthony Queen), de la que Manuel Gago coge la rivalidad del protagonista con Tiburón y la célebre carrera de barcos. Incluso algunas de las peleas que sostiene el capitán con Tiburón contienen referencias de multitud de filmes.

Por consiguiente, si ya hemos comprobado el error subyacente en la afirmación de injerencia en la política interna de terceros países, de igual manera hemos constatado que tampoco existe ese racismo colonialista que se apunta en el párrafo que hemos entresacado; simplemente refleja lo que veíamos y leíamos en aquellos años.

En cuanto a esa otra acusación de que el trasfondo argumental de la serie rezuma una suerte de apología de la hispanidad (o sea, de lo español), cabe preguntarse ¿qué más da que el protagonista sea español, inglés o americano? Soy de la opinión que, si la serie estaba destinada a un público juvenil español, no constituye inconveniente alguno que el héroe fuese de la misma nacionalidad.

Valor estético de la serie

La saga de El Capitán España es una de las más interesantes de cuantas realizó Manuel Gago. El dibujo, ya consolidado en su estilo rápido pero efectista y eficaz, y dotado de una dimensión marcadamente popular que lo hace atractivo, se conjuga con una experta planificación argumental. Otro de los grandes logros de Gago en la serie es la movilidad de los personajes, muy especialmente en las espectaculares escenas de lucha.

En resumen: El Capitán España es una muy agradable serie de aventuras que se lee con agrado y que no desmerece en nada respecto de algunas colecciones mucho más renombradas.

  

  

Nota:

1 Salvador Vázquez de Parga, Los Cómics del Franquismo, Colección Textos, Editorial Planeta, Barcelona, 1980.

  

  
              

              
 

Portada del Almanaque de 1956, único de la serie.

 
  

   

   

     

MANUEL LÓPEZ PORRAS (1941), jubilado en la actualidad, es, desde siempre, un entusiasta de los tebeos, que alegraron su infancia en aquellos grises años como a tantos otros muchos españoles. Desde hace unos años, colabora en la revista «EL BOLETÍN» del amigo Carlos González.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Trimestral de Cultura. II Época. Año XI. Número 75. Enero-Marzo 2012. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2012 Manuel López Porras. © Las imágenes, extraídas a través del buscador Google de diferentes sitios o digitalizadas expresamente por el autor, se usan exclusivamente como ilustraciones del texto, y los derechos pertenecen a su(s) creador(es). Edición en CD: Director: Antonio García Velasco. Diseño Gráfico y Maquetación: Antonio M. Flores Niebla. Depósito Legal MA-265-2010. © 2002-2012 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.