l pasado
6 de mayo, el “Periodista Digital” publicaba
en sus páginas de Internet una entrevista
realizada por Arturo Díaz al profesor Javier
Orrico, cuya lectura, incluso aunque no se
compartan las ideas del entrevistado,
consideramos imprescindible para quienes se
dedican a la docencia, particularmente cuando
todavía está reciente la deplorable imagen de
nuestro bajo nivel escolar conseguido con la
pedagogía logsiana que ofreció al mundo entero
el Informe Pisa, y el Gobierno ha aprobado ya la
LOE, la nueva reforma educativa prevista por el
Gobierno actual (¡la cuarta en 15 años!).
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Hablar
con Javier Orrico por teléfono sobre el estado
de la educación en España es recibir por el
auricular un torrente de pasión por el noble
oficio de maestro, por la rabia de un
catedrático de Bachillerato que constata cada
día la desolación de las aulas donde campa la
desidia, y por el dolor de un hombre horrorizado
por la «muerte de la cultura» que impone desde
hace ya 15 años una ley vituperada, la LOGSE.
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Portada
del libro "La enseñanza
destruida", de Javier Orrico,
publicado por la Editorial Huerga y
Fierro, de Madrid.
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Pregunta:
En dos palabras, ¿por qué está destruida la
enseñanza?
Respuesta:
Un sistema educativo que no premia el mérito y
no reconoce el trabajo, no es un sistema
educativo. Será otra cosa, pero no inculca a
las personas el principio de que el trabajo debe
ser el mecanismo fundamental de ascenso en la
vida, y de expresión de las cosas que uno
quiere hacer. Si no se reconoce tu mérito, la
desmotivación es inmediata.
P:
¿Cuál fue el objetivo de facilitar tanto las
cosas a los niños en la escuela e institutos
que instauró la LOGSE?
R:
En el fondo, el objetivo no es pedagógico. Lo
que pretendían las pedagogías hasta la llegada
de lo que los anglosajones denominaron «comprehensive
school», lo que aquí se llamó «escuela
comprensiva» en una mala traducción. Esto
quiere decir que comprende a todos por un camino
único. Un verdadero sistema pedagógico
debería pretender que todos los alumnos sepan
el máximo y todos desarrollen al máximo sus
capacidades. Pero el sistema pedagógico de la
LOGSE no pretende eso, sino que todos
desarrollen lo mismo. Que todos reciban lo
mismo. Que todos salgan exactamente iguales. Por
tanto, no es un sistema educativo que busque lo
mejor para todos, sino imponer, no la igualdad,
sino el «igualitarismo».
P:
¿Cuál fue la ideología que guió esta
reforma?
R:
Es un sistema educativo de las viejas y caducas
ideas del marxismo, es decir, que todo el mundo
sea igual por decreto, que nadie pueda destacar
y diferenciarse, que nadie pueda desarrollar una
capacidad individual que le haga sentirse o ser
distinto del de al lado, pero no ser distinto
del resto por ser de una distinta clase, o tener
diferentes posibilidades o derechos, sino
estrictamente porque los seres humanos somos
distintos y buscamos cosas diferentes.
P:
¿No había nada bueno en la LOGSE?
R:
Sinceramente, visto ya con 15 años de
experiencia, yo creo que no había nada bueno.
Hubo una oportunidad perdida de renovar la
enseñanza media, en el sentido de que había
que haber mejorado la Formación Profesional.
Habría que haber invertido toda la paletada
inmensa de millones que se ha tirado a la basura
a partir de la LOGSE en esto. A cambio, se han
construido cientos o miles de pequeños
institutillos sin valor verdadero, sin buenas
bibliotecas, laboratorios y departamentos para
los profesores, sin medios auténticos, porque
cada pueblo exigía su instituto. Como
consecuencia, el instituto dejó de ser aquel
centro de verdadera regeneración y expansión
de la cultura por toda España que habían sido
los buenos centros de Bachillerato, que tenían
un sentido más bien comarcal, o de ciudades de
cierto tamaño donde se acababa reuniendo a los
alumnos. En vez de invertir en la Formación
Profesional, lo que se hizo fue fundirla con el
Bachillerato.
P:
¿Qué piensa de la prolongación de la
enseñanza obligatoria hasta los 16 años?
R:
Me parece muy bien para los que estén de
acuerdo en que se puede obligar a alguien a
hacer lo que no quiere hasta los 16 años. En
último extremo se podría haber hecho una
enseñanza obligatoria sin necesidad de que
fuera una enseñanza única. Una cosa es que no
se permita que los niños anden por el campo con
el burro a los 14 años, que esa España ya no
existía entonces como se creía el PSOE. Pero
si se quería hacer la enseñanza obligatoria,
que se hubieran creado distintos caminos para
los que no quieren seguir la única vía que se
les propone, los que se denominan “objetores”.
O sea, señores, que al verse obligados a hacer
una cosa que no les interesa, lo que realmente
hacen es impedir que los demás puedan seguir
estudiando.
P:
Los partidarios de la LOGSE aducen que el
fracaso educativo constatado por el Informe Pisa
se debe a que esta Ley no se llegó a aplicar en
toda su extensión durante los gobiernos del PP.
R:
No, no, en absoluto. Eso es una propaganda
política. Les vino muy bien que al PP le cayera
la responsabilidad de aplicar la Ley al ganar
este partido las elecciones de 1996. Así, si la
Ley fracasaba, la culpa no era de ellos. Pero la
LOGSE fue un fracaso desde el primer momento. El
primer texto que yo escribí contra la LOGSE es
del año 1992, cuando yo ni siquiera era
profesor, porque era el jefe de Opinión de
Diario 16 en Murcia. Cuando leí los fundamentos
educativos de esta Ley me llevé las manos a la
cabeza y dije: «El Señor nos coja confesados
con lo que se nos viene encima». En ese texto
que recojo en mi libro, La losa que viene,
afirmaba ya que eso iba a ser la ruina de la
enseñanza española y la ruina de la memoria
histórica.
P:
Pero, ¿la LOGSE se ha aplicado o no?
R:
Se ha aplicado absolutamente. Precisamente, el
error que yo le achaco al PP es que no detuviera
la Ley en el año 96. El PP construyó
institutos a punta de pala; trasladó a los
chicos desde los 12 a los 14 años a los
institutos en vez de dejarlos en los colegios,
que es donde tendrían que seguir. Con esto,
arrasaron los institutos. Los chicos de 12 años
eran los mayores en los colegios y se sentían
responsables porque sabían que, en los dos
últimos cursos de la EGB, se jugaban el obtener
el título de EGB y poder seguir adelante con
sus estudios. Estos niños rendían bien en los
colegios, pero, en los institutos, se pierden.
Es un ciclo desastroso. Son niños que se
mezclan con chicos mayores, de 18 años, que
están en cosas absolutamente distintas. Los
mayores llaman “gremlins” a los pequeños.
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Estos niños rendían bien en los
colegios, pero, en los institutos, se pierden.
Es un ciclo desastroso.
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P:
¿Qué destacaría de los institutos de antes?
R:
Los institutos eran centros libres, con las
puertas abiertas, donde el alumno iba a estudiar
y, si quería, no iba. Con la LOGSE, se han
convertido en pequeñas cárceles de
adolescentes. Se podía haber hecho que el
Bachillerato empezara antes, para que todo el
mundo estuviera mejor formado, que todos
tuvieran la posibilidad de alcanzar una
formación teórica que les permitiera competir
con los hijos de la burguesía y poder acceder a
la Universidad en condiciones de preparación
tan buenas como las mejores. En vez de eso, han
alargado la EGB hacia arriba, con lo cual, hoy
los chavales de 16 años salen peor preparados
que antes a los 14. El nivel ha bajado tanto, la
indisciplina es tal en las aulas que el
resultado es ése.
P:
¿Por qué el PP no varió el rumbo?
R:
Porque el PP no se atreve a nada. Es un partido
muy pusilánime, siempre con la opinión
pública en contra muy bien manejada por la
izquierda. Existía entonces ese prejuicio de
«¡Qué viene el doberman!». Precisamente han
achacado al PP todo lo contrario de lo que ellos
hicieron. No tanto el sector liberal del PP,
pero su sector democristiano vio las puertas
abiertas cuando, al aplicarse la LOGSE y
hundirse la escuela pública, la gente comenzó
a acudir a los colegios privados. Eso suponía
que los colegios concertados religiosos iban a
tener una demanda de plazas escolares
extraordinaria, que el PP, en aplicación de la
Constitución y las leyes vigentes, sacaron
adelante.
P:
Usted adjudica toda la responsabilidad a la
izquierda...
R:
La izquierda se había cargado la enseñanza
pública. Y todo el que ha podido se ha ido a
colegios privados y concertados. El objetivo del
PSOE de dar a todos lo mismo era una mentira,
porque, ¿quiénes son los de «todos lo mismo»?,
los de la enseñanza pública. Porque en la
enseñanza privada, a pesar de dar los mismos
programas, el ambiente, el clima, las familias,
el empuje que se le da al niño, el sustrato
cultural, hace que hoy día, desdichadamente, la
preparación que se da en los centros privados
sea cualitativamente muy superior que la que
ofrecen los centros públicos. ¿Quiénes han
perdido? Esta broma la han perdido los hijos de
los trabajadores.
P:
¿A quién culpan del desastre los muñidores de
la LOGSE?
R:
Echan la culpa a todo el mundo menos a sus
principios teóricos. A los primeros que
culparon fue a los profesores de Bachillerato,
que éramos
«unos elitistas»
y no queríamos
«saber nada de estas cosas», la primera
mentira. Segunda mentira, que no se pusieron los
medios suficientes para aplicar la LOGSE.
Mentira. Los medios están, las “ratios” de
alumnos por aula han bajado. Es raro que en una
clase haya más de 25 alumnos, y cuando yo
empecé a trabajar en el Bachillerato en 1979,
las clases de 50 alumnos eran muy normales. Esto
es una cuestión de sentido común. Si llegas a
una clase y te encuentras con unos chicos que
llevan suspendiendo las matemáticas desde
pequeños y no han tenido que repetir curso,
llega un momento en el que ya no entienden
absolutamente nada de lo que se les habla. Ahora
la nueva Ley prescribe que sólo se repita una
vez en la Primaria.
P:
¿Qué ocurre en la Primaria?
R:
La Primaria es el verdadero origen de todo este
desastre. La enseñanza primaria española ha
sido laminada. Han acabado con la memoria, con
el estudio, con la información... y se dedican
a «construir mensajes», a «construir
aprendizajes», lo que llaman el
constructivismo. Y claro, cuando llegan a la
Secundaria tienen tantas carencias, que uno se
encuentra con una disparidad de alumnos tal que
es imposible mantener un ritmo de trabajo más o
menos homogéneo. Entonces, los listos de los
pedagogos, que están en sus despachos sentados,
te dicen: «No, atienda usted a la diversidad y
haga usted adaptaciones para todos». ¿Qué me
pide usted?, ¿qué vaya con 25 ritmos
distintos? Eso es muy fácil sentado en la mesa
del departamento de la Facultad de Pedagogía.
P:
Usted habla en su libro de «secta de
pedagogos». ¿Qué necesidad hay de llamar al
recreo «segmento de ocio»?
R:
Y más cosas. Hablar con un chico se llama
«intervención psicopedagógica». Y decirle a
un muchacho que como no sabes, ni sé cómo
hacer que sepas más de lo que sabes, te voy a
hacer una «adaptación curricular».
P:
¿Y eso qué es?
R:
«Te voy a aprobar», sin más rodeos.
P:
¿Cuál es el objeto de toda esa jerga
pedagógica?
R:
Esconder la realidad. El eufemismo intenta
siempre que la realidad no se muestre en toda su
crudeza. Además, eso supuso un aura de ciencia
nueva que llegaba a los centros de Bachillerato
donde la gente pretendía enseñar Literatura, o
Biología, o Matemáticas, o Historia. Los de la
enseñanza media no somos maestros sino que
somos físicos, o matemáticos. ¿Cómo
enfrentarse a gente tan preparada unos señores
que no saben de nada? Son unos señores
teóricos de una «supuesta ciencia» que es un
disparate. Sólo la experiencia en el trabajo,
el aprendizaje del profesor, puede hacer que uno
crezca en el desempeño profesional. Hacer que
un poema de Juan Ramón Jiménez llegue a un
niño de 16 años, algo tan alejado en principio
de su sensibilidad, es algo que se aprende
ejerciendo la profesión, no con métodos
teóricos. Toda esa jerga abstrusa les confería
a los pedagogos el aura de nuevo mago de la
tribu, el nuevo brujo, que, con ese lenguaje
incomprensible a los demás, les trae una nueva
ciencia revelada que lo resolverá todo. El
objetivo último de los pedagogos era tomar el
poder en la enseñanza.
P:
¿Sus colegas están mayoritariamente de acuerdo
con sus opiniones?
R:
Creo que es muy general esta opinión.
P:
¿Por qué no hubo una revuelta entre los
maestros ante lo que se les impuso?
R:
Porque los cuerpos que se opusieron fueron los
cuerpos de Bachillerato. El PSOE creó división
entre los cuerpos de funcionarios. Los maestros
del ciclo superior de EGB, los que daban 7.º y
8.º, pasaron a los institutos sin pasar ninguna
prueba u oposición. Estos señores que
enseñaban en el primer ciclo de la ESO a los
mismos chavales, de pronto, eran profesores de
instituto; han sido los únicos a los que se
aumentó el sueldo y defendieron, lógicamente,
la reforma con uñas y dientes. Además,
prácticamente, todos los institutos tienen un
jefe de estudios adjunto que es del Cuerpo de
Maestros. Y además, pasaron de tener un horario
de 9.00 a 12.00 y de 15.00 a 17.00, a tener el
horario de mañana de los institutos. Todos
estos señores se pusieron contentísimos. Con
todo esto en contra fue imposible crear un
movimiento unitario de oposición a la LOGSE. Se
les hizo también la pascua a los catedráticos
y agregados de instituto, pero se consiguió que
cualquier movimiento de sublevación contra esto
fuera presentado como una defensa corporativa y
reaccionaria.
P:
¿Qué opina de la integración de chavales con
minusvalías en los colegios?
R:
Las criaturas que tienen retrasos,
minusválidos, a los que en los centros
especiales se les podría ofrecer un mínimo de
futuro, se les tiene ahí aparcados en los
colegios. Mandan a unos maestros que se llaman
de «pedagogía terapéutica», que no son de
Secundaria, sino del cuerpo de Primaria,
maestros de apoyo que «los sacan de las aulas
para darles unas clases aparte», pero
manteniendo la ficción de que los están
integrando entre los demás y en la sociedad.
Esto es uno de los asuntos más delicados de
esta historia. Yo creo que les estamos haciendo
un flaco favor. Pero hay padres que lo prefieren
y dicen: «Aunque mi hijo no aprenda nada, yo
prefiero que esté aquí y se relacione con los
demás». Bueno, pues a lo mejor esto es
positivo, pero lo que sí te digo es que no
aprenden absolutamente nada. Tú imagínate que
eres profesor de matemáticas de chicos de 14 ó
15 años, y tienes en la clase a un chaval casi
paralítico cerebral cuyo nivel intelectual es
el de un niño de 7 años. Te lo meten en la
clase, y alguna hora de la semana, te lo sacan
de la clase para darle matemáticas aparte. Y a
ti te dicen que vayas controlando su trabajo y
el del resto. En el resto hay cinco gamberros
que no te dejan dar clase; ocho que no entienden
nada de lo que dices; diez que podrían ser
alumnos estupendos a los que no puedes atender
porque tienes que controlar a los anteriores...
Entonces, claro, las clases son inmanejables.
P:
¿Cuál es el efecto de esta situación en los
profesores?
R:
Se produce el desistimiento. Mucha gente ha
desistido de llevar adelante su profesión y va
a clase a que pase la hora, a que estén allí
los niños, a mandar ejercicios. Tenemos una
especie de escuelas para chicos mayores donde el
aprendizaje, la exigencia y los programas son lo
menos importante, y se trata de que estén allí
y lleguen hasta los 16 años y adiós muy
buenas.
P:
¿De qué manera se puede mejorar la calidad de
la enseñanza? ¿Hay marcha atrás?
R:
Es muy difícil, porque la sociedad ha ido
cambiando al mismo tiempo. El sistema educativo
hubiera podido ser un cierto valladar, una
especie de reducto último de lo que se llamó
el «proyecto ilustrado», pero,
paradójicamente, nos hemos tenido que caer del
burro para darnos cuenta de que la izquierda, o
esto que se llama la izquierda española de hoy,
es la principal enemiga del proyecto ilustrado,
que se supone que es lo que siempre tenía que
haber defendido la izquierda. Esto lo he llamado
en la introducción de libro, la «paradoja de
la izquierda». El proyecto ilustrado que
proclama que el hombre mejora a través de la
cultura, la belleza y el arte, se lo han cargado
por la raíz. Desde ese momento, el bastión de
defensa de la cultura que era el sistema
educativo, ha sido arrasado. La
televisualización, la audiovisualización, la
masificación, lo que yo llamo la tríada
«sofá, pizza, televisión» ha arrasado con la
idea de la cultura. Lo que los medios de
comunicación poderosos promueven, es lo mismo
que promueve el sistema educativo, porque ya no
cree que «la cultura se adquiera con esfuerzo,
trabajo y dedicación».
P:
¿De dónde surge un cambio tan radical en la
enseñanza?
R:
Primero, de la idea del PSOE de «vamos a dejar
España que no la va a conocer ni la madre que
la parió». La LOGSE fue una Nueva Planta, un
cambio de raíz. Cambiaron los centros, los
profesores, los estudios, los programas...,
todo. Y el PP lo mantuvo por un sentido
democrático que yo les reprocho. La educación
no puede estar sometiéndose a un proceso de
reformas y reformas de las contrarreformas.
Ahora, el PSOE ha dado al PP un guantazo, y les
ha demostrado de lo que es capaz el Partido
Socialista. Éstos sí, llegan al poder y se
cargan una cosa que ni siquiera sabemos si
podía llegar a dar resultado [la ley proyectada
por el PP, la LOCE]. La Ley Orgánica de Calidad
de la Enseñanza era una ley muy tímida pero
que, al menos, atacaba los puntos más
fracasados de la LOGSE. Establecía que desde
los 14 hubiera tres caminos, siempre
reversibles, para que cada chaval eligiera su
camino y las clases pudieran funcionar. La LOE
que propone el Partido Socialista no es más que
un regreso a la LOGSE, una ley absolutamente
fracasada, pero además, acentuando el desastre.
Una de las cosas que prevé es cargarse la
Filosofía para introducir una asignatura de
adoctrinamiento político que se va a llamar “Educación
para la Ciudadanía”, que no es más que
enseñar lo políticamente correcto, evitando
que la gente pueda pensar por sí misma. Muchos
profesores han desistido y van a clase a que
pase la hora, a que estén allí los niños, a
mandar ejercicios; tenemos una especie de
escuelas para chicos mayores donde el
aprendizaje, la exigencia y los programas son lo
menos importante.
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¿Quiénes han
perdido? Esta broma la han perdido los hijos de
los trabajadores.
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P:
Alguien puede pensar que lo suyo es pura
nostalgia y que usted es de los que piensan que
cualquier tiempo pasado fue mejor.
R:
En absoluto. No sólo no me he retirado de la
trinchera, sino que trabajo en una trinchera
más dura. Yo trabajo en una cosa que se llama
«Diversificación», que es un itinerario
encubierto que hay al final de la Secundaria
donde envían a los chavales que, aún
aprobándolos, no han podido obtener el título
de ninguna manera. Fíjate. Antes sacabas la EGB
y podías ir a Formación Profesional. Ahora no
sacas la ESO y no puedes ir a ninguna parte. Me
los mandan con 16 ó 17 años, que es donde yo
veo la verdadera ruina de este sistema. Tengo
que intentar darles las cosas básicas:
escribir, leer, un mínimo de Historia... No
sólo me he reciclado. Yo soy catedrático de
Literatura y mi especialidad era enseñar
Poesía, que es lo último que hago hoy. No
tengo ninguna nostalgia. Yo me he adaptado
perfectamente a la situación nueva. Y lo que
intento es ayudar a estos chavales maltratados
por el sistema que los ha dejado sin recursos
personales y sin capacidad para enfrentarse a la
vida y a su continuidad como personas y
ciudadanos. Sólo digo esto: «Señores, ustedes
se equivocaron y persisten en el error con una
contumacia digna de comentario de texto que
antes hacíamos». Lo verdaderamente
reaccionario es que la LOGSE negó la enseñanza
a los hijos de los trabajadores cuando
accedieron a ella, y les dio a cambio un
sucedáneo. Los integristas y fundamentalistas
son los que defienden esta nueva ley, la LOE,
que impide que se apliquen soluciones
correctoras.
P:
Usted cita a Álvaro Marchesi como el gran
artífice de la LOGSE. ¿Qué ha supuesto este
hombre para la enseñanza española?
R:
Es uno de los hombres más negativos de la
Historia de España. Él es catedrático de
Psicología Evolutiva, el responsable de la
destrucción de nuestro sistema educativo, que
ciertamente necesitaba retoques, pero que estaba
muy bien y había que haber salvado. Intentó
aplicar diseños teóricos probadamente ya
fracasados en todo el mundo. Fue secretario de
Estado de Educación. No sé si siempre tuvo el
mismo cargo, pero sí que estuvo en todos los
Ministerios de Educación de la época del PSOE
desde Maravall. Él y César Coll son los que
hicieron esto y continúan defendiendo la
validez de estos principios.
P:
Déme un ejemplo de lo que hicieron estos
teóricos.
R:
En la LOGSE se estableció que los niños no
podían aprender a leer antes de los 6 años.
Ése es uno de los mayores desastres que nunca
pudimos cometer. Cuando los niños empiezan a
leer, han visto ya 150.000 películas, y
entonces, diles tú que lean.
P:
Los periodistas que están saliendo de las
facultades han estudiado ya según la LOGSE, y
pasado por una Universidad que también es muy
criticada por su baja calidad. ¿Cómo ve la
calidad del periodismo de hoy, usted que
también lo ha ejercido?
R:
Lo que veo es que se escribe muy mal. Los
alumnos llegan al primer curso de Universidad
con un nivel infinitamente más bajo por el
desastre de las enseñanzas medias, y si esto se
une a que las universidades se han convertido en
expendedoras de títulos, pues tú me dirás
qué tipo de licenciados están saliendo. Ahora
bien, el ser humano es capaz de superar,
incluso, un sistema tan estúpido como éste.
Con dedicación, entrega, generosidad, con todo
eso que hoy no inculcamos en el sistema
educativo, el que pueda podrá salir adelante.
Esto es trágico, porque todo eso es lo que se
inculca a los hijos de los privilegiados que no
se inculca a los hijos de los trabajadores.
Aquellos fundamentos de la clase trabajadora,
del esfuerzo, el trabajo, el rigor, la ética,
la entrega, la generosidad, la fortaleza moral
de los trabajadores de antes..., todo eso se ha
mandado hoy a tomar por culo y lo que prima es
la moto, el pendiente, el coche con los
cristales negros y el bacalao a toda hostia.