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l martes 26 de abril de
2005, los diarios
digitales de todo el
mundo, cual heraldos
inexcusables de lo
irremediable, nos
despachaban la noticia
de la pérdida de una de
las figuras más
relevantes de las letras
hispanas: el escritor
paraguayo Augusto Roa
Bastos había fallecido
en su residencia de
Asunción, capital de
Paraguay. Tenía
cumplidos los 87 años.
Seriamente comprometido
con las libertades
sociales, se declaró
acérrimo enemigo del
dictador Stroessner, lo
que le supuso tener que
exiliarse. A pesar de
haber cultivado todas
los géneros literarios,
Roa Bastos no ha sido un
autor prolijo: poco más
de veinte títulos pueden
contarse entre sus
noveles, relatos, obras
de teatro y poemarios,
pero, desde luego, todas
ya piezas maestras de
nuestro acervo
literario.
Veamos qué nos decían
aquel día algunos
diarios editados en
lengua española.
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Augusto Roa
Bastos
(Asunción,
Paraguay),
1917-2005). |
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EL ESCRITOR PARAGUAYO
Augusto Roa Bastos ha
fallecido hoy, 26 de
abril, en Asunción
(Paraguay) a los 87
años. Siempre
beligerante contra los
poderosos, a los que
retrató de forma
descarnada en sus obras
(la más reconocida:
Yo, el Supremo), Roa
Bastos vivió marcado por
la dictadura y el
exilio. Argentina,
Francia y España fueron
países en los que se vio
forzado a vivir.
Nacionalizado español en
1983, fue galardonado
con el Premio Cervantes
en 1989, el mismo año
del derrocamiento de la
dictadura de su «bestia
negra», el general
Alfredo Stroessner.
Fallecimiento del
escritor
Roa Bastos se encontraba
internado desde el
pasado viernes en el
sanatorio Santa Clara de
la capital paraguaya,
tras haber sufrido una
caída accidental en su
domicilio que le dejó un
hematoma en la cabeza y
le ocasionó un coágulo
en el cerebro. Esta
lesión motivó la
decisión de los médicos
de someterle a una
intervención quirúrgica
de urgencia que duró
tres horas. El escritor
estuvo acompañado en
todo momento por su
hermana Rosa Roa Bastos.
Aunque, según los
médicos que le
intervinieron, la
operación era «muy
complicada» para una
persona que en junio iba
a cumplir 88 años, Roa
Bastos superó de forma
satisfactoria el periodo
postoperatorio y pasó
sin complicaciones
médicas las 72 horas
posteriores a la
intervención quirúrgica,
periodo calificado como
crítico por los médicos,
que, el pasado domingo,
manifestaron incluso «un
moderado optimismo» en
vista de la buena
reacción del enfermo a
la operación y a la
retirada de asistencia
mecánica respiratoria.
El doctor Alejandro
Marciel, médico personal
del escritor, afirmó que
el escritor falleció a
las 14.20 hora local, en
un caso de «muerte
súbita», como
consecuencia de las
complicaciones que
surgieron después de la
operación en el cráneo.
El doctor Marciel
informó de que «se
presentó un episodio de
bradicardia e inmediato
paro cardiaco que no
respondió en ningún
momento a las maniobras
de reanimación
cardiopulmonar». «Hasta
la una y pico estuvimos
ahí y estaba bien; él
tenía el corazón ya mal.
No pudieron hacer nada»,
declaró Carlos Roa
Mascheroni, hijo del
escritor, que había
llegado a Paraguay el
pasado domingo
procedente de Venezuela,
donde reside, para
acompañar a su padre
tras la operación.
El escritor paraguayo
tenía un cuádruple
puente coronario de 1999
y había sido intervenido
el año pasado en dos
ocasiones sucesivas por
motivos de una crisis de
hipertensión.
Roa Bastos, un hombre
muy afectuoso, muy
simpático, un excelente
amigo
El escritor chileno
Jorge Edwards, que
recibió la noticia en
Madrid, dijo anoche:
«Coincidí con él en
Paraguay durante la
época de Stroessner, en
uno de esos periodos más
suaves de la dictadura,
y lo recuerdo como un
hombre muy afectuoso,
muy simpático, un
excelente amigo. Ya
entonces me habló del
doctor Francia, y fue
mucho antes de que se
publicara su gran novela
sobre el dictador. Ya le
daba la vuelta entonces,
ya andaba construyendo
uno de sus grandes
personajes. Lo más
importante de su
literatura fue su
capacidad de abordar
cuestiones tan profundas
como las que trató con
un lenguaje tan moderno,
tan flexible».
Datos biográficos
Augusto Roa Bastos nació
el 13 de junio de 1917
en Asunción (Paraguay).
Pasa su infancia en
Iturbe, un pequeño
pueblo de la región del
Guairá, y, en 1930,
comienza la creación
literaria con el estreno
de una pieza teatral
titulada La carcajada.
Trabaja en múltiples
oficios, hasta que en
1933 logra un empleo de
administrativo de banca
y empieza sus primeras
colaboraciones en la
prensa. Al año
siguiente, con 15 años
de edad, el joven Roa
Bastos se fuga con un
grupo de compañeros de
colegio a la Guerra del
Chaco (1932-35), que
enfrentó a su país
contra Bolivia.
En 1944, en plena
Segunda Guerra Mundial,
se traslada a Londres
como corresponsal del
rotativo paraguayo
independiente El País,
de Asunción, donde
publica sus ‘crónicas’
sobre el final de la
contienda. En 1947
regresa a Paraguay, pero
el presidente Juan
Natalicio González, del
Partido Colorado, dictó
orden de busca y captura
contra Roa por su labor
redactora para aquel
diario, lo que le obliga
a huir, iniciando así un
largo exilio que habría
de prolongarse casi
cincuenta años, aunque
se le permitió entrar en
su país en varias
ocasiones (en 1966 y en
1982).
La larga dictadura
militar que da comienzo
el general Alfredo
Stroessner en 1954,
también del Partido
Colorado, le obliga a
prolongar su exilio en
Argentina, en donde
sobrevive ejerciendo
todo tipo de oficios,
que no le impiden, sin
embargo, continuar su
actividad literaria,
hasta su llegada a la
Universidad de La Plata
como profesor de
literatura y guiones.
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«Lo más
importante
de su
literatura
fue su
capacidad de
abordar
cuestiones
tan
profundas
como las que
trató con un
lenguaje tan
moderno, tan
flexible». |
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En 1953, Roa había
publicado ya El
trueno entre las hojas,
su primer libro de
relatos, y siete años
más tarde, en 1960,
publica Hijo de
Hombre, título que
iniciaba su trilogía
sobre el monoteísmo del
poder. Después
publicaría varios libros
de relatos: Los pies
sobre el agua
(1967); Madera
quemada (1967);
Moriencia (1967) y
Cuerpo presente y
otros cuentos
(1971), hasta que en
1974 da a conocer Yo,
el Supremo, obra
que, junto a Hijo de
Hombre, constituyen
sus dos obras maestras,
de obligada referencia
en la literatura de
habla hispana.
Yo, el supremo,
una de las novelas
esenciales de la
literatura
latinoamericana del
siglo XX, narra la
historia del dictador
José Gaspar Rodríguez
Francia, que gobernó
Paraguay con mano dura
durante 26 años, entre
1814 y 1840, tras la
independencia de este
país de España, en 1811.
Para la crítica, el
retrato de Rodríguez de
Francia era tácitamente
el de Stroessner, por
ello que la novela
estuviese prohibida
muchos años en Paraguay.
Durante su exilio en
Argentina, el 24 de
marzo de 1976 ocurrió lo
que muchos esperaban:
Isabel Perón fue
detenida y trasladada a
Neuquén, y una Junta de
Comandantes, integrada
por el teniente general
Jorge Rafael Videla,
asume por la fuerza el
poder político e
implanta una dictadura
militar, lo que motiva
que Roa Bastos
traslade, ese mismo año,
su residencia a Toulouse
(Francia), accediendo a
una invitación de la
Universidad de esa
ciudad, en la que
imparte clases de
guaraní y literatura
iberoamericana.
Llega a España en
1980, invitado por el
Instituto de Cooperación
Iberoamericana para
intervenir en un acto
literario en el que leyó
textos inéditos suyos.
Tres años más tarde, en
1983, obtiene la
nacionalidad española.
Desde la seguridad que
le da España, Roa Bastos
se convierte en el
abanderado por la
democracia en Paraguay,
y así, entre mayo y
junio de 1986, publica
en el diario ABC
una serie de cinco
artículos con el
encabezamiento común de
«El tiranosaurio del
Paraguay», que
constituían otros tantos
alegatos contra el
dictador Stroessner.
En 1996, tiene lugar su
regreso definitivo a
Paraguay, país que le
había arrebatado la
nacionalidad, dando fin
así a un prolongado
exilio de casi cincuenta
años.
Reconocimientos y
galardones
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"Yo, el
Supremo",
publicada en
1974, y
una de las
novelas
esenciales
de la
literatura
latinoamericana
del siglo XX.
Alfaguara,
edición de
1992. |
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Miembro de honor de
varias universidades
hispanoamericanas,
europeas y
norteamericanas, Roa
Bastos ha recibido
prestigioso premios y
condecoraciones, entre
los que cabe destacar el
Premio del Concurso
Internacional de Novelas
Editorial Losada (1959),
el Premio de las Letras
Memorial de América
Latina (Brasil, 1988)
y, en 1989, se le
concede el Premio
Cervantes de las Letras
en reconocimiento al
conjunto de su obra
literaria. En 1992, con
ocasión del Quinto
Centenario del
Descubrimiento de
América, dio a conocer
Vigilia del almirante,
una novela sobre
Cristóbal Colón, con la
que comenzaría una etapa
de gran creatividad. En
1993 publica El
fiscal, un año
después Contravida
y, en 1996, Madama
Sui, narraciones en
las que recrea momentos
y personajes de la
historia de Paraguay. En
2003 recibió la insignia
de la Orden José Martí
de Cuba.
«La memoria no recuerda
el miedo»
Su literatura estuvo
irremediablemente
inmersa en la violencia.
«La memoria no recuerda
el miedo», había escrito
Roa en Yo, el Supremo,
«se ha transformado en
miedo ella misma». «En
el ocaso de mi vida»,
dijo en otra ocasión el
escritor ahora
desaparecido, «quiero
rendir este homenaje al
pueblo en el que
amaneció mi vida, un
pueblo cuyas gentes
esconden el sentido de
lo esencial, ese saber
entender lo que hay de
excepcional en la vida»,
palabras que ponían de
manifiesto el amor por
su país a pesar de haber
estado casi medio siglo
fuera de él.
Roa Bastos solía decir
que había tomado
conciencia del mundo en
su lugar de la infancia,
Iturbe, allí comprendió
que su condición de
bilingüe, guaraní
(idioma para la lírica y
el canto) y castellano,
marcaría el fondo y la
forma de su obra: «De
este equilibro de la
cultura hispana guaraní
es de donde ha de surgir
la literatura paraguaya
del futuro».
Su obra la componen más
de veinte títulos, entre
novelas, cuentos, obras
de teatro y poesía, que
han sido traducidos a 25
idiomas. Roa Bastos es,
en fin, uno de los
grandes escritores
latinoamericanos de
nuestro tiempo.
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