|
l episodio de falsificación histórica
más
importante
de España
puso estos
libros al
mismo nivel
que los
Evangelios.
La autenticidad de las láminas de
plomo
encontradas
en Granada
ocupó mucho
tiempo a los
eruditos.
Es difícil imaginar una falsificación
histórica
más bien
meditada y
planificada
que ésta,
con un
objetivo más
noble, el
objetivo de
hermanar dos
religiones
(la
cristiana y
la
musulmana) y
poder
escapar de
la
persecución
que se iba
cerrando
sobre los
practicantes
de una de
ellas (la
última de
las
mencionadas).
Un poco de
Historia
En Granada convivían la comunidad de
los
conquistadores
y la de los
moriscos,
convivencia
desde sus
inicios
complicada y
que, en la
segunda
mitad del
siglo XVI,
pasaba por
uno de sus
momentos más
críticos.
Pero, en los últimos años del reinado
de Felipe
II, se
produjo en
la ciudad
una singular
serie de
descubrimientos
documentales.
Los
documentos
intentaban
conseguir
una síntesis
entre el
Islam y el
cristianismo.
| |
|
| |
|
| |
En los
‘libros plúmbeos del Sacromonte’, en los que se mezclaban figuras geométricas, latín y textos árabes con las grafías modificadas, se referían a Santiago, San Pedro, Jesús y la Virgen. (Foto: SUR) |
| |
|
Fruto de estos hallazgos fue la
creación de
la Abadía
del
Sacromonte,
planteada
como un
santuario
donde
quedara
memoria
permanente
de los
orígenes del
cristianismo
hispano,
porque en la
abadía
recibirían
culto las
reliquias de
los primeros
evangelizadores
de la España
romana,
según los
documentos
encontrados.
Fue el 18 de marzo de 1588, fiesta de
San Gabriel,
no en vano,
protector de
los
musulmanes
cuando se
produjo el
primer
hallazgo. La
catedral de
Granada se
estaba
construyendo
y hubo que
derribar el
minarete de
la antigua
mezquita
aljama,
conocido
como Torre
Turpiana. Al
derribarlo,
por unos
obreros
moriscos, se
encontró una
caja de
plomo, no
muy grande.
¿Qué
contenía? Un
hueso, un
lienzo
triangular y
un pergamino
escrito en
árabe,
castellano y
latín. En el
ángulo
inferior
izquierdo,
en latín, se
identificaba
el
contenido.
Se trataba de un trozo del paño con
el que la
Virgen secó
sus lágrimas
en la
pasión, una
profecía de
San Juan
sobre el fin
del mundo en
la que se
anunciaba la
llegada de
Mahoma y de
Lutero, ni
más ni
menos. Como
hoy, se
convocó una
junta de
expertos,
que declaró
que los
hallazgos
eran
auténticos.
Pasaron siete años y, en febrero de
1595, unos
buscadores
de tesoros
descubrieron
en la colina
de
Valparaíso
huesos,
cenizas y
láminas de
plomo
escritas en
un latín más
que extraño.
En las
láminas se
narraban
historias de
mártires de
la época de
Nerón y se
afirmaba de
algunos que
eran
discípulos
de Santiago.
Pero lo
sorprendente
del caso es
que alguno
de estos
mártires era
de origen
árabe antes
de su
conversión.
Hasta 1599 siguieron apareciendo
láminas de
plomo, las
últimas de
forma
circular.
Son los más
que famosos
‘libros
plúmbeos del
Sacromonte’,
en los que
se mezclaban
figuras
geométricas,
latín y
textos
árabes con
las grafías
modificadas.
Los textos
se referían
a Santiago,
San Pedro,
Jesús y la
Virgen. Eran
veintiuno,
de los
cuales dos
que no se
pudieron
descifrar. A
éstos
siguieron
los
hallazgos de
otros dos en
1596 y de
ocho en
1597, dos
más en 1599.
La
repercusión
fue
extraordinaria
en el mundo
intelectual
de la época.
Una ingenua
y estupenda
falsificación
histórica
La autenticidad de los plomos no se
sostenía en
ninguna de
sus
afirmaciones.
Los
anacronismos
eran tan
evidentes
como burdos.
Una muestra:
los
falsificadores
fueron
audaces
porque
ponían los
plomos al
mismo nivel
que los
Evangelios.
Serían
revelaciones
de la Virgen
y de
Santiago que
las dictaron
a San
Cecilio y
San Tesifón,
hermanos de
raza árabe,
discípulos
del apóstol.
La Virgen
afirmaba que
los árabes
eran muy
queridos por
Dios; al
mismo
tiempo, se
defiende a
la
Inmaculada
Concepción y
se afirma
que Santiago
celebró su
primera misa
en España,
precisamente
en Granada;
además, se
ofrecían
complicados
argumentos
teológicos
para buscar
una síntesis
entre el
Islam y el
cristianismo.
Felipe II
pidió un
trozo de la
supuesta
toca de la
Virgen para
su inmensa
colección de
reliquias de
El Escorial.
Un intento
por evitar
la expulsión
San Cecilio, de raza árabe, primer
obispo de
Granada,
sería el
autor de los
libros y fue
martirizado
en las
cuevas sobre
las que se
levantaría
la Abadía.
El intento
de los
falsificadores
fracasó y,
por otra
parte, los
cristianos
no tuvieron
ningún
espíritu de
concordia
con los
moriscos. El
arzobispo
Pedro de
Castro, los
reyes Felipe
II y Felipe
III fueron
defensores
de la
autenticidad,
hasta que,
por fin,
intervino
Roma y
declaró
auténticas
las
reliquias y
falsos los
libros que,
según las
conclusiones,
contenían
herejías muy
graves y
estaban
hechos para
dañar a la
religión
verdadera.
¿Por qué se hizo esta enorme
falsificación,
perfectamente
programada
hasta en los
contenidos?
La situación
de los
moriscos
granadinos,
que habían
sido
obligados a
convertirse
al
cristianismo
después de
la conquista
del reino
nazarí de
Granada, era
muy difícil.
En 1570 se
había
producido la
expulsión de
los moriscos
vencidos que
se habían
sublevado en
Las
Alpujarras y
la expulsión
definitiva
se
produciría
en 1609.
Entre estas
fechas se
produjeron
los
hallazgos.
Se trató de
un intento
desesperado
de conciliar
lo que era
imposible
conciliar.
Se trata,
seguramente,
del episodio
de
falsificación
histórica
más
importante
de la
historia de
España. |