N.º 56

JULIO-AGOSTO 2008

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"LA SIMPLIFICACIÓN DEL LENGUAJE IMPLICA EMPOBRECIMIENTO MENTAL".

Entrevista a José María Merino

Ángel Vivas*

  

  

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arrador de larga trayectoria, autor de algunos títulos (en novela y relato) que están entre lo mejor de la literatura española de los últimos años, José María Merino ha sido elegido miembro de la Academia de la Lengua. Mientras prepara el discurso de ingreso, Merino acaba de sacar a la calle un volumen de cuentos, Las puertas de lo posible (Páginas de Espuma), unas historias futuristas (o de pasado mañana, como reza el subtítulo) en las que, bajo un envoltorio cercano a la ciencia-ficción, el autor nos habla de un modo muy realista de los problemas de nuestro mundo.

 

P.- ¿Cómo lleva el discurso de ingreso en la Academia?

R.- Quiero empezar ya a escribirlo. Será una reflexión sobre la ficción más que algo centrado en un autor concreto. Quiero hablar del sentido de la ficción, de lo que supone escribirla, de cómo se me ocurren a mí las ficciones. Será algo de ese tipo, más personal.

 

P.- La satisfacción por entrar en “la docta casa” se le supone

R.- Entrar en la Academia, evidentemente, me hace ilusión; no sólo por el honor que significa, sino porque se trata de un club independiente, autogestionado y sin compromisos con nadie; formado por gente muy diversa y de categoría reconocida. Lo que me divierte es trabajar con el diccionario; ver, por ejemplo, qué palabras no están. He visto que no están palabras como ‘mitraico’ (relativo al culto al dios Mitra) o ‘metaliterario’, aunque sí está ‘metapoético’. Entrar en ese mundo de las palabras, de las etimologías, me parece lo más interesante. Y, por supuesto, pienso trabajar; integrarme en el equipo y ponerme a trabajar.

 

P.- Por cierto que en Las puertas de lo posible se percibe la preocupación por el lenguaje, dando por hecho que en el futuro se empobrecerá, imperarán los apócopes y esas palabras-comodín de la jerga juvenil.

R.- Sí; me temo que no hay conciencia social de que estamos empobreciendo el lenguaje. Cuando vine a Madrid, a finales de los cincuenta, la lengua de la calle era mucho más rica que ahora. Los medios de comunicación y los políticos utilizan un código muy simplificador. Parece que huimos de los matices; se ve muy claro en la gente joven ese aborrecimiento de los matices y el gusto por palabras que sirven para todo. Eso es preocupante porque significa empobrecimiento mental, indefensión y límites al conocimiento de la realidad. Se puede buscar la concisión, pero ésta implica precisión. Lo que no puede ser es que cada vez hablemos con menos palabras y, además, gratuitas, huecas.

 

P.- Las puertas de lo posible es un libro de cuentos, género con el que suele asociársele.

R.- Éste es un país en el que gusta encasillar; pero si me asumen como autor de cuentos, me parece estupendo, aunque yo no renuncio a la novela, que es una excelente forma de investigación literaria. En un momento, yo no sabía cuál era mi perspectiva como escritor, si autor para jóvenes, novelista, cuentista. Parecía un personaje de mis relatos, alguien duplicado. También he escrito poesía y ensayo. Me parece bien que sobresalga mi faceta de cuentista, si eso sirve para valorar un género que me parece muy importante para formar lectores y el gusto lector.

 

P.- El fomento de la lectura es uno de sus intereses tradicionales. ¿No es también la ciencia-ficción, a la que, más o menos, pertenece Las puertas de lo posible, un buen género para enganchar a jóvenes lectores?

R.- Yo, de joven, fui un lector apasionado de ciencia-ficción, género que ofrece, sobre todo, una imaginación de muchos quilates; y a los jóvenes hay que ofrecerles imaginación de categoría. El tiempo, la relación con el Otro, con las máquinas o los animales, los espacios desconocidos, todo eso, que son temas de la ciencia-ficción, es muy apto para los jóvenes. En los últimos años, la ciencia-ficción ha derivado a la fantasía, a los relatos de espada y brujería, pero la clásica, que es a la que se acerca mi libro, no era así, sino que respondía a la lógica de la ciencia contemporánea.

 

P.- Hablando de clásicos, creo que en Las puertas de lo posible hay huellas del gran Ray Bradbury (esa defensa del libro, que se supone desaparecido en el futuro, un tema tan bradburiano) y de Asimov, por los robots, por supuesto, pero también por esa suerte de filosofía de la historia, en la que el futuro recuerda mucho al pasado de la humanidad.

R.- De esto último no soy consciente, pero puede ser, porque pienso que somos lo mismo que éramos, que progresamos materialmente, pero no moralmente. No soy nada optimista acerca de que cuajen conquistas que parecían consolidadas. El mundo, técnicamente, irá muy bien, pero volverá a haber fascismos, dictaduras. Cuando ves el gobierno de Berlusconi, piensas que esos modos no deberían estar ya en la política, pero ahí están. La memoria tendría que servir para implantar principios que deberían ser indelebles y no lo son.

 

P.- En el mundo que dibuja su libro, aunque algunas cosas sean irónicas, la religión vuelve a ser obligatoria, los pisos son minúsculos, el medio está totalmente degradado, domina la telebasura y el poder sigue manipulando a los ciudadanos.

R.- Todo eso está con un elemento de ironía o de humor, porque yo no soy un profeta, sino un escritor, y la literatura lo que tiene que hacer es divertir y ayudar a reflexionar. Pero, realmente, no me puedo imaginar un mundo feliz a partir de lo que hay ahora mismo. Si metiéramos en una computadora los datos de lo que ahora tenemos e hiciéramos una proyección, el resultado sería así de negativo o peor.

 

 

*Ángel Vivas es colaborador de la revista MUFACE.

   

   

Tomado de MUFACE, N.º 211, Madrid, Julio-Agosto de 2008; pp. 42-43.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VII. Número 56. Julio-Agosto 2008. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2008 Ángel Vivas / MUFACE. © 2002-2008 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

   

   

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