N.º 66

MARZO-ABRIL 2010

12

   

   

   

   

   

   

   

NIÑOS SUPERDOTADOS. LA ALTA CAPACIDAD

COMO ASIGNATURA PENDIENTE

   

Por  Daniel Fernández Rosado

   

   

«Si quieres aprender, enseña.»

CICERÓN

 

  

C

lásicamente, se viene diciendo que son superdotados «aquellos niños que tienen un elevado cociente intelectual, superior a 130 (2% de la población general) y que manifiestan esta superioridad a lo largo de toda su vida. Tales niños pueden tener, al mismo tiempo, otras habilidades especiales, sobresaliendo en ciencias, mecánica, literatura, artes, pintura, música, relaciones sociales, etc. No bastaría tener un talento especial en un área para ser considerado superdotado, ya que es imprescindible tener, además, un cociente intelectual elevado. Además, deben tener originalidad e iniciativa para lograr tener un éxito sobresaliente en el aprendizaje de las materias teóricas». Con todas las limitaciones que tiene, esta definición nos ubicará mínimamente para empezar.

     

¿Qué entendemos entonces por superdotado?

Realmente, la definición antes propuesta es muy incompleta porque no nos dice absolutamente nada de las capacidades concretas que desarrolla un alumno de estas características ni qué implicaciones tiene en su comportamiento o personalidad y, por supuesto, idealiza y generaliza el canon conceptual del término superdotado (que prefiero sustituir por ‘alta capacidad’).

En el segundo punto de este artículo desarrollaré mejor algunas de las características propias de los niños con alta capacidad para, posteriormente, centrar mi atención en la problemática que, desde mi punto de vista, surge por el desconocimiento que tiene la sociedad de este grupo de miembros heterogéneos pero unidos por su alta capacidad intelectual.

 

Características de los niños y niñas con alta capacidad

Para remediar la definición inicial y para conocer mejor las características de las personas con alta capacidad, lo óptimo es recoger un listado de conductas observables, a través de las cuales esa capacidad se pone de manifiesto.

En tal sentido, les propongo una clara y breve relación de indicios cualitativos que pueden servirnos para distinguir sujetos dotados de esta alta capacidad. Se trata de los siguientes: 1) Capacidad intelectual general. 2) Capacidades intelectuales específicas. 3) Aptitud académica. 4) Creatividad o pensamiento divergente. 5) capacidades motrices y representativas, y 6) Aptitud social.

No es necesario que se den todas estas cualidades simultáneamente (véase más abajo) para la identificación de un alumno de alta capacidad, pero sí detectar el mayor número de ellas.

 

Cómo se manifiestan estas cualidades indicativas

a) La capacidad intelectual general puede manifestarse, principalmente, a través de las siguientes conductas:

    
     

 

La mayoría de los niños superdotados no son identificados y muchos de ellos pueden llegar a tener fracaso escolar si no son correctamente atendidos.

    

- Aprendizajes tempranos y sin ayuda.

- La vocación de estos alumnos es aprender, no estudiar algo ‘porque hay que hacerlo’. A su vez, presentan una gran curiosidad intelectual y gran gusto por la lectura (muchas veces ensayos científicos).

- Comprensión de información y conceptos nuevos y conexión entre conceptos diferentes.

- Capacidad para utilizar nuevos conoci-mientos en la resolución de problemas prácticos-teóricos

- Formulación de principios y genera-lización, por transferencia de aprendi-zajes.

- Comprensión de ideas complejas y abstractas.

- Habilidad para argumentar, preguntar y razonar (de ahí a veces su irreverencia). Suelen criticar razonadamente a sus profesores.

 

b) Las capacidades intelectuales específicas se observan a través de:

- Logros importantes en determinadas áreas (no son necesariamente muy buenos en todas).

- Vocabulario extenso y capacidad para utilizarlo con propiedad.

- Buena memoria, retención fácil y evocación rápida y precisa.

- Profundización en el conocimiento de temas de su interés.

- Manifestaciones del talento matemático: gusto por los números, rapidez en la comprensión, solución de problemas, soluciones simples, directas, abreviadas, elegantes.

- Escasa fatiga, siempre que la tarea no sea repetitiva o rutinaria.

- Precisión y agilidad en el razonamiento matemático,

- Uso de criterios sofisticados para clasificar, seriar o agrupar.

 

c) La aptitud académica se puede apreciar en:

- Buen rendimiento académico (sin olvidar que un 33% tiene fracaso escolar).

- Interés por adquirir nuevos conocimientos.

- Interés y apasionamiento por una o diversas áreas de investigación intelectual.

- Concentración rápida en temas de su interés (y distracción en los que no les interesan por simples o repetitivos).

- Persistencia en la realización de tareas emprendidas.

- Miras elevadas, afán intelectual, deseo de superación.

- Perfeccionismo en la ejecución del trabajo.

- Comprende y acepta la autoridad, aunque sea crítico con ella.

 

d) La creatividad o pensamiento divergente se pone de manifiesto en:

    

 

 

Legalmente, estos alumnos tienen el derecho a ser atendidos de una manera adecuada y nosotros el deber de llevarlo a cabo.

     
    

- Independencia de pensamiento, con tendencia a la inconformidad.

- Capacidad de aprendizaje autodirigido.

- Manifestación de opiniones contrarias a las habituales.

- Capacidad de iniciativa.

- Producción de trabajos únicos, vitales y sorprendentes.

- Facilidad para aplicar conocimientos de una a otra materia o situación.

- Originalidad.

- Imaginación y fantasía en la utilización de recursos.

- Invención y construcción de aparatos con materiales sencillos.

- Soluciones creativas a problemas, mediante la utilización de recursos y materiales comunes.

- Composición y adaptación de juegos, de música, etc.

 

e) Las capacidades motrices y representativas son fácilmente observables a través de los siguientes comportamientos:

- Rendimiento excepcional en alguna rama deportiva.

- Ejecución sobresaliente de la danza, desde el punto de vista físico y estético.

- Capacidad figurativa o representativa de las propias ideas.

- Concentración, perseverancia y motivación, en relación con estas capacidades.

- Manifestaciones específicas del talento musical: capacidad para prestar atención a los estímulos auditivos, gusto por la música, manifestación temprana; cuanto más excepcional sea la dotación, más precozmente se manifiesta.

- Habilidades específicas relacionadas con la percepción visual y auditiva.

- Retentiva fácil de partituras.

 

f) Aptitud social, capacidad de interacción e influencia, apreciable a través de conductas de fácil identificación:

- Audacia e iniciativa.

- Capacidad de tomar decisiones.

- Capacidad de absorber tensiones interpersonales.

- Capacidad para asumir las perspectivas de los otros.

- Elevado punto de mira y razonamiento ético.

- Sensibilidad hacia las necesidades de los demás.

- Disfrute con la relación social (aunque puede preferir la soledad o estar con personas mayores).

- Elevada autoestima (que puede confundirse con presunción).

- Tendencia a influir sobre los demás y a dirigir actividades de grupo.

- Asunción de responsabilidades más allá de lo esperado.

- Aceptación social de su capacidad de influencia.

- Capacidad para resolver problemas de los demás.

- Tenacidad y persistencia en la búsqueda de metas y objetivos.

 

Los niños superdotados, ¿son alumnos con necesidades educativas especiales?

Considerando las particularidades de los alumnos con altas capacidades, debe quedar claro que estos alumnos representarán para sus padres y para los centros educativos y sus docentes un reto y un deber ineludibles. La atención a la diversidad es uno de los objetivos de la actual ley educativa y un principio básico de una formación de calidad para nuestros más jóvenes ciudadanos. Pero esta atención a la diversidad suele asociarse rápidamente a la atención a alumnos con problemas relacionado con los defectos (deficiencias o limitaciones).

En efecto; curiosamente, pocos son los que relacionan la atención a la diversidad con los alumnos especialmente bien dotados, con aquellos de alta capacidad y con aquellos otros dotados de talento para un área. Todos comprendemos la importancia y la necesidad de normalizar e integrar a los alumnos con necesidades educativas especiales (NEE) si su diversidad les impide aprender al mismo ritmo que otros alumnos o necesitan de medios adaptados, pero ¿qué debe hacerse con los alumnos que destacan por tener más capacidad o que tienen talentos específicos? Ésta es la gran cuestión.

Generalmente, podríamos pensar que no hay nada especial que hacer, pues esa capacidad ya les garantiza el éxito y deben sentirse atraídos y motivados por las asignaturas. Seguramente son modelos de estudiante y toda una bendición para sus padres y cualquier profesor. Pero esto es completamente falso e irreal. El porcentaje, por ejemplo, de alumnos con alta capacidad está en torno al 2-5% de los alumnos, de donde se infiere que, con toda seguridad, tendremos uno o dos alumnos de alta capacidad en un aula al uso y el porcentaje podría aumentar a un 5-10% entre los alumnos que llegan a nivel universitario.

Como digo, el alumno de alta capacidad no es el reflejo de nuestros mitos. Un tercio de éstos obtiene un evidente fracaso escolar (otro tercio pasa desapercibido y el otro tercio desataca notablemente), suspenden varias asignaturas, pueden llegar a repetir curso, tener un comportamiento indisciplinado en clase y un sinfín de comportamientos para nada asociado a nuestra idea preconcebida y desinformada de lo que es un alumno de alta capacidad.

  

Atender a la diversidad, también de los que destacan por su alta capacidad

    
     

 

Las escuelas enriquecidas o “aceleradas” representan un modelo de atención pedagógica que hace mejores a todos los alumnos porque busca en ellos sus talentos. Todos somos especiales.

    

Para un docente o unos padres sin la formación ni la sensibilidad adecuadas, el niño superdotado podría pasar inadvertido, lo que supone que no sólo dejaríamos de potenciar sus cualidades y su personalidad, sino, lo que es aun peor y es la idea principal de este breve artículo, estaríamos negando e impidiendo el legítimo derecho de este alumno y el deber irrenunciable de padres e institución educativa a atender a la diversidad que presentan las características particulares de dicho alumno. Considero que se trata de una ominosa negligencia por parte del docente el hecho de no identificar y tratar de ofrecer una atención responsable al alumno con alta capacidad de la misma manera que lo haría con un sordomudo, o aquejado del síndrome de Down o cualquiera que fuera su diferencia con el grupo normativo.

La solución pasa, de nuevo, por la formación de padres y docentes. De estos últimos particularmente, pues pasan mucho tiempo con los alumnos y son ellos quienes son los responsables de adecuar el material, orientar a los padres en cuanto a pautas respecto a los contenidos académicos, etc., sin olvidar la labor necesaria de la organización del centro y de profesionales especializados (pedagogos, psicólogos, etc.).

 

Todos somos especiales

No querría concluir estas líneas sin antes recordar que recientemente se ha hecho muy popular un movimiento pedagógico muy novedoso e interesante (las llamadas «Escuelas Aceleradas») que se fundamenta en la atención hacia todos los alumnos, ofreciéndoles unas expectativas altas a cada uno, atención individualizada, gran diversidad de actividades significativas y enriquecedoras... todo muy parecido a lo que se debe ofrecer a los alumnos de alta capacidad.

Surge por ello una reflexión importante que para mí es todo un hecho: las personas mejoramos cuando se espera eso por parte de los otros o, lo que es lo mismo, cuando se tienen altas expectativas (razonables) sobre nuestro rendimiento, éste experimenta un notable incremento. Luego tratar a todos los alumnos como si fueran especiales hará de ellos personas especiales, únicas, orgullosas, con autoestima y amor propio, y, además, les dará identidad, fortalecerá su personalidad y les hará mejores personas.

   

   

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ACEREDA, A. y SASTRE, S. (1998): La superdotación. 1.ª ed., Ed. Síntesis, Madrid.

ÁLVAREZ GONZÁLEZ, B. (2000): Alumnos de altas capacidades. Identificación e intervención educativa. 1.ª ed., Ed. Bruño, Madrid.

PRIETO, M. D. (coord.) (1997): Identificación, evaluación y atención a la diversidad del superdotado. 1.ª ed., Eds. Aljibe, Málaga.

PRIETO, M. D. y CASTEJÓN, J. L. (eds.) (2000): Los superdotados: esos alumnos excepcionales. 1.ª ed., Eds. Aljibe, Málaga.

SOTO GÓMEZ, E. (2006): «Las escuelas aceleradas: relevancia, intensidad y experimentación como ejes de una escuela para todos», en Cooperación Educativa, 80, MECEP.

  

  

    

Daniel Fernández Rosado (Málaga, 1976). Licenciado en Psicología, especializado en Psicología Clínica y Educativa, y diplomado en Maestro en Educación Primaria por la Universidad de Málaga. Ha cursado los estudios de Especialización Didáctica en Psicología y Pedagogía y colabora en el Servicio de Atención Psicológica de la UMA. Ejerce como psicólogo en las especialidades clínica y educativa. Colabora en diversas revistas digitales e impresas con temas de educación y atención psicológica.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Bimestral de Cultura. Año IX. II Época. Número 66. Marzo-Abril 2010. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2010 Daniel Fernández Rosado. © 2002-2010 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

  

  

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