N.º 49

MAYO-JUNIO 2007

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"La Primera en el Peligro de la Libertad"

Una novela histórica sobre la batalla de Málaga y el hallazgo de la Mano Incorrupta de Santa Teresa de Jesús

José Antonio Molero

  

  

L

a novela de Leonardo Cervera Navas (Málaga, 1970), publicada por la Editorial Arguval coincidiendo con el 70 aniversario de la toma de Málaga por un ejército hispano-italiano, narra las aventuras de un brigadista internacional estadounidense que se desplaza a Málaga para trabajar como asistente del general Kleber, héroe de la defensa de Madrid, y será testigo de una gran derrota de las armas republicanas mientras un espía se infiltra en la ciudad para rescatar de los rojos la Mano Incorrupta de Santa Teresa de Jesús, que unos milicianos habían robado de un convento carmelita de Ronda al comienzo de la guerra.

    
     

 

En 1937, Málaga fue sometida a un intenso bombardeo por la avión nacional. 

    

La novela, que engancha desde la primera página, es una aproximación objetiva y generacionalmente distante a aquellas trágicas jornadas. Con una fuerte fidelidad histórica, resultante de meses de investigación e innumerables visitas a bibliotecas y archivos civiles y militares, el lector no sabe a menudo si lo que está leyendo ocurrió en realidad y tiene la impresión de que si lo que relata el autor no ocurrió en realidad, algo similar pudo muy bien haber ocurrido en aquellos días.

El libro es ajeno a cualquier planteamiento ideológico y bebe por igual de todas las fuentes sobre la guerra civil en Málaga, y se centra en las últimas semanas (agónicas) de la Málaga republicana que comenzaron el día 22 de diciembre de 1936 (primer día de la novela) con el desembarco de la punta de lanza de un ejército expedicionario italiano en el puerto de Cádiz: 3.000 camisas negras italianas trasportados desde la Italia fascista en el trasatlántico Lombardía, y que finalizaron con la huida cobarde de las autoridades republicanas provocando el pánico de la población civil, que huyó en desbandada por la carretera de Málaga-Almería mezclada con los restos del ejército republicano. Durante cinco jornadas interminables, el ejército hispano-italiano atacó y persiguió a los aterrorizados malagueños provocando una cifra de muertes que los historiadores más optimistas cifran en centenares y los más pesimistas en miles.

He aquí un adelanto argumental de otro escrito mío más extenso y literariamente más completo sobre este triste episodio de nuestra historia más reciente.

  

La batalla de Málaga

La batalla de Málaga constituye un episodio de armas de la guerra civil española muy poco conocido. Eclipsada por otros acontecimientos bélicos ocurridos por las mismas fechas, como las batallas en torno a Madrid o en el Norte peninsular (la batalla del Jarama o el bombardeo de Guernica), su desenlace en Febrero de 1937 constituye uno de los episodios más dramáticos y desgarradores de la guerra civil española.

Cuando las tropas italianas se encontraban a la vista de la ciudad el día 7 de febrero, gran parte de la población se lanzó a una huida desesperada por la carretera de Málaga a Almería, y, durante cinco jornadas interminables, decenas de miles de refugiados (hombres, mujeres, ancianos, niños…) protagonizaron una enorme catástrofe humanitaria. Mezclados con los restos del ejército republicano que se retiraba en completo desorden, los refugiados trataban de alcanzar la ciudad de Almería a pie, perseguidos de cerca por las tropas italianas y con la amenaza constante de los barcos y los aviones nacionales, que bombardearon la carretera de la costa sin cesar.

  

Málaga “la roja”

Para comprender este trágico desenlace, así como las razones de este éxodo masivo y sin precedentes, es preciso volver la vista atrás. Cuando se produjo el advenimiento de la Segunda República en España en abril de 1931, la ciudad de Málaga trataba aún de recuperarse de una profunda decadencia económica que se inició a finales del siglo XIX. A pocos metros de las zonas palaciegas de La Caleta y El Limonar, donde residía una pequeña élite de familias malagueñas enriquecidas (algunas de origen extranjero), se agolpaban grandes masas de población empobrecida, con índices de analfabetismo superiores al 70%, que malvivían en condiciones sanitarias lamentables, sin agua corriente ni ventilación.

 

 

     

La población civil, aterrorizada por las amenazas que Queipo de Llano había estado profiriendo durante meses, optó por abandonar masivamente la ciudad por la única vía que aún permanecía abierta: la carretera de Málaga a Almería, la carretera de la muerte.

 

Estas enormes diferencias sociales eran el caldo de cultivo perfecto para una creciente inestabilidad social que se puso claramente de manifiesto con la masiva quema de iglesias y conventos en mayo de 1931 y que acabó por explotar definitivamente el 18 de julio de 1936, cuando las organizaciones obreras y sindicales se echaron a la calle para defender a la República. La sublevación militar fracasó en la ciudad, pero las autoridades republicanas fueron incapaces de recuperar los resortes del poder, que cayó en manos de una nueva administración revolucionaria (los ‘comités’), que se superpuso a la administración del Estado, que en lo sucesivo contaría con poderes casi nominales.

Gran parte de las empresas malagueñas fueron “socializadas” o “colectivizadas” y grupos más o menos descontrolados de milicianos sembraron el terror entre las clases acomodadas de la ciudad, mientras, fuera de Málaga, los militares sublevados hacían acopio de armas y munición. Los nuevos dirigentes políticos y sindicales de la ciudad vivían un sueño revolucionario abocado al fracaso, debido a las profundas divisiones internas entre las distintas facciones políticas del Frente Popular (anarquistas, comunistas, socialistas y republicanos de diversas siglas).

  

Las amenazas del general Queipo de Llano

El general Queipo de Llano, que recibía informes de lo que estaba sucediendo en Málaga por medio de sus espías y de boca de las personas que lograban huir a la zona  autoproclamada “nacional”, utilizó hábilmente la radio como instrumento de guerra y amenazó a los malagueños prometiendo ejecuciones masivas: “Ya conocerán mi sistema: Por cada uno de orden que caiga, yo mataré a diez extremistas por lo menos, y a los dirigentes que huyan, no crean que se librarán con ello: les sacaré de debajo de la tierra si hace falta y, si están muertos, los volveré a fusilar”.

Las bravatas del general eran confirmadas por los miles de refugiados provenientes de los pueblos tomados por los nacionales que afluían a la ciudad y que relataban historias terribles de la represión que seguía a la conquista. Los espantosos rumores sobre la brutalidad de las tropas coloniales también contribuyeron a que el pánico se fuera apoderando poco a poco de la población.

  

La intervención extranjera

Durante los primeros meses de guerra, existió un relativo equilibrio de fuerzas entre ambos bandos. Las fuerzas nacionales, con oficiales más preparados y un ejército más disciplinado, fueron estrechando progresivamente el cerco con la toma de plazas importantes como Ronda y Antequera, pero la capital no llegó a estar nunca seriamente amenazada. A finales de 1936, sin embargo, la ayuda masiva de las potencias fascistas al nuevo estado nacionalista desequilibró el equilibrio de fuerzas y la situación se agravó para los malagueños.

    
     

 

En su huida, el coronel Villalba olvidó entre sus pertenencias (?) la Mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús. (Foto: Archivo fotográfico Temboury, Málaga, Biblioteca Cánovas del Castillo)

    

La capital fue sometida a duros bombardeos aéreos que minaron la voluntad combativa de las desorganizadas milicias malagueñas. El gobierno de Valencia hacía oídos sordos a las desesperadas peticiones de ayuda de las autoridades malagueñas, y mientras un ejército italiano ultramoderno, provisto de blindados, artillería motorizada, etcétera, desembarcaba en Cádiz y se preparaba para actuar, el general Queipo de Llano estrechó aún más el cerco sobre la capital con la toma de Estepona y Marbella en la costa occidental (14-17 de enero) y Alhama (20 de enero), en la costa oriental.

Finalmente, tras un pequeño receso ocasionado por el mal tiempo, el día 5 de febrero de 1937, un ejército hispano-italiano, que igualaba en número a los defensores pero que era muy superior en preparación y armamento, rompió todos los frentes de la provincia y se plantó a las puertas de la capital en menos de 72 horas. El ejército republicano se retiró en completo desorden hacia la capital y, cuando el coronel Villalba y el comisario de guerra Cayetano Bolívar abandonaron cobardemente la ciudad en la tarde del día 7 de febrero, desobedeciendo las órdenes recibidas de defender la ciudad a toda costa, la población civil, aterrorizada por las amenazas que Queipo de Llano había estado profiriendo durante meses, optó por abandonar masivamente la ciudad por la única vía que aún permanecía abierta: la carretera de Málaga a Almería, la carretera de la muerte.

  

El “milagroso hallazgo” de la Mano Incorrupta de Santa Teresa de Jesús

En su huida de la ciudad, al menos según la versión oficial, el coronel Villalba olvidó entre sus pertenencias (?) la Mano incorrupta de Santa Teresa de Jesús, que había sido robada por unos milicianos en un convento carmelita de Ronda meses atrás.

Las circunstancias de la recuperación de la Reliquia (calificadas como “casi milagrosas” por la casa de Franco) nunca han sido convenientemente aclaradas. Si tenemos en cuenta la obsesión que sentía el dictador por este objeto de culto, hasta el punto de situarlo en un mueble oratorio a los pies de su cama en el Palacio de El Pardo, así como las numerosas lagunas y contradicciones de la versión oficial, existen razones para sospechar que la recuperación de la Reliquia no se produjo por un supuesto “hallazgo providencial”, sino más bien como resultado de una operación de rescate en la zona roja, trama detectivesca de la novela.

   

     

Portada de la novela "La primera en el peligro de la libertad", del escritor malagueño Leonardo Cervera Navas, y publicada por la Editorial Arguval, Málaga.

 
   

El general Franco debía pensar que la Reliquia de Santa Teresa tenía alguna clase de poderes sobrenaturales que le protegían y, por ello, nunca se separó de la misma en sus casi cuarenta años de ‘reinado sin corona’, incorporando la Mano de Santa Teresa a su séquito oficial incluso durante sus desplazamientos oficiales dentro de España. Lo curioso del caso es que algunos acontecimientos históricos poco conocidos parecen justificar este fervoroso afán, pues el dictador sobrevivió a varios intentos de asesinato y a circunstancias políticas muy adversas, siempre cerca de su preciado amuleto.

Ya en las postrimerías del régimen, parece que de poco le sirvió la portentosa eficiencia de la sacra Reliquia cuando, a finales de 1975, el sedicente Generalísimo cae gravemente enfermo y, llevado quizá de su confianza en la benefactora protección de la impoluta Mano de la Santa de Ávila, insiste en convertir su habitación del Palacio de El Pardo en una unidad de cuidado intensivo, que no hizo más que prolongar pavorosamente una natural agonía hasta su fallecimiento en el Hospital Universitario La Paz, adonde finalmente fue trasladado.

  

El blog retrospectivo de “La Primera en el Peligro de la Libertad”

El autor ha creado un blog retrospectivo en el que se publican a diario informaciones históricas similares a las que podían leerse en los periódicos malagueños por aquellas fechas. Los lectores de La Primera en el Peligro de la Libertad y los aficionados a la historia local o la Guerra Civil española pueden leer en este blog retrospectivo datos que, por razones de espacio, no fueron incluidos en la novela, expresar libremente su opinión sobre esta parte de nuestra historia o seguir disfrutando del apasionante fondo histórico del libro mucho después de haber terminado su lectura. Su dirección electrónica es ésta:

www.laprimeraenelpeligrodelalibertad.com

y en él pueden leerse anécdotas de la época como, por ejemplo, que el día 25 de diciembre de 1936 no fue fiesta en Málaga porque era viernes y la CNT y la UGT decretaron que “no había más fiesta que los domingos”, o dónde se podían adquirir las entradas para un próximo mitin del Partido Comunista.

  

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José Antonio Molero Benavides (Cuevas de San Marcos, Málaga) ha cursado los estudios de Magisterio y Filología Románica en la Universidad de Málaga, en donde ejerce en la actualidad como profesor de Lengua, Literatura y sus Didácticas. Desde que apareció su primer número, está al frente de la dirección de GIBRALFARO, revista digital de publicación bimestral patrocinada por el Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura de la Universidad de Málaga.

  

  

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Año VI. Número 49. Mayo-Junio 2007. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2007 José Antonio Molero Benavides. © 2002-2007 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

  

  

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