N.º 65

ENERO-FEBRERO 2010

15

   

 

   

   

   

   

   

   

JUAN FERRER SÁNCHEZ, EL "CAMPESINO TROVERO", DE VILLANUEVA DEL TRABUCO

   

Por  Melibea Argamasilla Serrán

  

  

N

o hace mucho me contaba un amigo mío periodista que la noticia, esa noticia que a todos nos interesa más por su cercanía, por lo que nos toca, por su frescura, estaba, en la mayoría de los casos, a la vuelta de la esquina. Creo que puede decirse lo mismo de la biografía de cuya redacción me he encargado. En mi caso, no se ha tratado de buscar información sobre Cervantes, Unamuno, García Lorca o Francisco Umbral. No figura en los libros de texto, sobre él no se ha defendido ninguna tesis doctoral, ni se ha pasado por televisión los pasajes de su vida. Mi biografiado está también ‘a la vuelta de la esquina’. Sin embargo, esa vida está jalonada de acontecimientos que bien valen dedicarles unas páginas (y mucho más). Porque una vida de superación cada día también es una vida que merece ser guardada en nuestra memoria. Y este propósito es el que me ha movido a trazar, en las líneas que siguen, un sencillo esbozo de Juan Ferrer Sánchez ‘el Borrico’, un ejemplo de persona en la que el dicho «querer es poder» ha tomado carne. En esa labor he contado con la inestimable ayuda de Juan Ferrer Ferrer, su hijo mayor, que, emocionado, me ha narrado, en algunos de sus momentos de asueto, la fascinante vida de su padre. Empecemos.

  

Primeros años de Juan Ferrer

Juan Ferrer Sánchez nace el 30 de marzo de 1915 en el Cortijo Borreguero, hacienda perteneciente al distrito municipal de Villanueva del Trabuco, situado al Norte de la provincia de Málaga. Sus padres fueron Antonio Ferrer Luque y Juana Sánchez Sánchez. Pronto, la vida de Juan se verá acompañada de un hermanito. No iba a ser fácil la vida para los dos niños.

Cuando Juan cuenta tan sólo dos años de edad, muere el padre, a cuyo fallecimiento le sigue, muy poco tiempo después, el de la madre, cuando ésta se encontraba en el cortijo de Las Lomas, dejando huérfanos de padre y madre los dos niños. En estas dramáticas circunstancias, la abuela decide hacerse cargo de los niños y se los lleva a vivir consigo al cortijo de La fuente de la Lana.

     
     

  

Juan Ferrer Sánchez, conocido entre sus vecinos por 'el Borrico', es el 'campesino trovero' de Villanueva del Trabuco (Málaga).

   

En la medida de lo posible, fueron estos primeros años un tiempo de vida estable, sin apenas contrariedad que pudiese alterar una vida sencilla de campo. Pero, de nuevo, el destino vuelve a jugarles a esta familia una mala pasada con el pronto fallecimiento de la abuela. De nuevo, ambos hermanos vuelven a quedarse solos. Juan cuenta tan sólo diez años y su hermano, ocho. Movida por la compasión, los acoge en su casa una prima de la familia.

  

Juan ‘el Borrico’

En una época muy difícil para nuestra historia, Juan, de muy corta edad todavía, no tiene más remedio que entregarse a las duras tareas del campo. Nunca fue a la escuela ni vio un libro; no había tiempo. El joven Juan pasa en el campo los más tiernos años de su vida, entre trigales y olivos, entre yuntas de animales y aperos de labranza.

Es por este tiempo cuando se le apoda ‘el Borrico’. Cuando Juan se hallaba labrando la tierra, el dueño de las fincas, en lugar de dirigirse a él por su nombre, se acostumbró a llamarle ‘Borrico’, mote que, en un principio, el pobre chico hubo de soportar con la resignación de un santo, pero que, con el paso del tiempo, llega a aceptar sin el menor trauma. Así fue cómo Juan Ferrer empieza a ser conocido como Juan ‘el Borrico’, apodo que llevará hasta la tumba.

Pasa el tiempo y nadie lo conoce ya como Juan Ferrer. Los vecinos que se dirigen a él por algún motivo lo hacen con el apodo, a lo que él, con ese gracejo del que sólo son capaces las almas nobles y sin resentimiento, siempre solía responder:

  

A mí me llaman ‘Borrico’

y a gala debo llevar,

porque a mí me lo pusieron

cuando yo era un chaval.

Un hombre muy caballero

y de profesión carrero

me puso a mí de guión

y por eso me llamaba

el ‘Borrico Pericón’.

  

1936-1939. La Guerra Civil

En 1936 estalla la Guerra Civil española y Juan es movilizado por el Ejército Nacional. Tiene ya 21 años cumplidos. Cuando se incorporas a filas, este hombre humilde llega siendo un analfabeto absoluto. No había salido de aquellos parajes ni una vez. Y, para complicar aún más la situación, deja a su novia, Clemencia, embarazada en el pueblo.

Juan no sabe escribir y, cuando tiene necesidad de comunicarse con su familia, decide pedir ayuda a un compañero y casi paisano suyo (era de Carratraca), que se le ofrece espléndidamente a redactarle las cartas que pensase escribir a su familia, con una condición, que sólo redactaría tres cartas. A partir de la cuarta, él debería aprender y escribirlas solo. Este momento, que Juan va a recordar toda la vida, va a significar un hito en su historia personal.

En efecto. Llegado el momento, él dictaba a su amigo las tres cartas convenidas, hasta que, con un tesón y fuerza de voluntad indescriptibles, las siguientes y todas las demás las escribió Juan, él solo. Gracias al reto que le propuso este amigo suyo, había logrado aprender lo necesario para defenderse mínimamente con la escritura y lectura, gracias a este amigo al que siempre él ha estado muy agradecido.

Y llegó el gran día en la vida de este luchador y su primer hijo vino al mundo el día 1 de noviembre de 1937. El niño nace en el cortijo de Las Lomas, en casa de una tía. Juan tiene noticias de ello estando en su cuartel de destino, cuando recibe una postal con una cigüeña pintada, en la que decía que su hijo ya había nacido. Contento como nadie, sale corriendo a presentarse ante su capitán y contarle la feliz noticia, quien le concede diez días de permiso. Al neonato se le pone el nombre de Juan, como se llama el padre y como se llamaba el abuelo.

Durante esos días de permiso, Juan se encontraba muy feliz de estar en casa con su nueva familia, pero todo lo buen tiene un feliz muy rápido. ¡Qué trabajo le costó volver al frente! Arriesgándose lo indecible, alarga por su cuenta el permiso unos días más, con la consecuencia de que, a su regreso a filas, se gana un buen pelado. Mejor que yo, que sea el propio Juan quien os cuente esta vivencia en una de sus fabulosas poesías:

  

MI VIDA MILITAR

Os voy a contar mi vida

cuando yo era militar;

en el año treinta y siete,

entonces nació mi Juan.

 

Yo recibí una tarjeta

con una cigüeña pintá;

ni corto ni perezoso

me presenté al capitán.

 

¡Ay, capitán de mi vida,

ha nacío un animal,

yo quisiera ir al pueblo

y la jáquima comprar!

 

El capitán se reía

y al momento lo aprobó,

y el ‘Borrico’, al otro día,

con permiso se marchó.

 

Diez días na más traía

y otros diez que él se tomó,

cuando regresó al cuartel

un pelao se ganó.

 

Los compañeros decían

el verano ya ha llegao,

pues mira a nuestro burro

el pelao que le han dao.

 

Por no enseñarme a leer

cuando era pequeñico,

era pobre, analfabeto

y me llamaban ‘Borrico’.

 

Pero, a pesar de todo eso,

dondequiera que he estado,

he sido bien recibío

y por todos apreciao.

 

Encargao en las Montoras

y operario en Nonet,

en la Nava temporero

y en bar del jubilao

presidente y camarero.

  

Debemos reseñar que, aunque Juan era analfabeto, fue ascendido a cabo durante su tiempo en el ejército.

Aprovechando unos días de permiso, Juan Ferrer Sánchez y Clemencia Martín Navarro se casaron en la iglesia de Nuestra Señora de los Dolores de Villanueva del Trabuco, el 11 de noviembre de 1937. Fue testigo del enlace su hijo Juan, que tan sólo tenía diez días de vida. A causa de las necesidades que tenían en esos tiempos de guerra, no pudieron celebrar banquete de boda.

Pero el permiso de bodas que se le había concedido tocó a su fin y él debía regresar al frente a continuar luchando en la guerra, por lo que tampoco pudo disfrutar de sus primeros días de casado y de su pequeño hijo Juan. Finalmente, la guerra toca a su fin el 1 de abril de 1939 y Juan puede regresas a su casa sano y salvo.

  

La posguerra. Vida en el campo

El conflicto civil había terminado y, aunque ya estaba en casa con su esposa e hijo, aquéllos no eran tiempos de gloria y abundancia, había que levantar un país empobrecido por una guerra de tres años.

Los padres de Juan tenían un cortijo con unas tierras, que, en realidad, no llegaban siquiera a una fanega, y que llamaban «Media Noche». Hasta entonces, esas tierras habían estado al cuidado de un tío, pero, cuando Juan formó su familia, le fueron cedidas para que viviera allí, y para que él y su hermano se encargasen de cultivarlas. Pero aquella labor no dejaba para vivir, así que, además de labrarlas, debía hacer otros trabajos ocasionales para ganarse el sustento.

Los destrozos de la guerra motivaron que el hambre llegase a muchos hogares españoles. Para mitigar las penurias en la medida de lo posible, Juan se ve obligado a vender, en 1942, una tierra para poder mantener a la familia.

De su matrimonio con Clemencia, Juan ‘el Borrico’ tuvo cinco hijos, todos varones, de los que viven cuatro, y cuyos nombres son: Juan, Antonio, Felipe, Anacleto y José. Todos viven en Villanueva del Trabuco.

  

Su jubilación

     
     

  

Juan Ferrer Sánchez, 'el campesino trovero', a la puerta de su casa, elaborando una pieza de esparto.

   

Tras años de trabajo en el campo, llegó su tiempo de retiro, su ansiada jubilación, situación que él tenía previsto dedicarla para descansar de los malos tragos de la vida y para recrearse con su familia y amigos.

Cuando le pedimos a su hijo que nos haga un breve resumen de la vida de Juan ya jubilado, se emociona y, con lágrimas en los ojos, nos dice: «Mi padre sólo ha vivido para trabajar y para pasar». Y sus amigos lo definen como una fuente inagotable de energía, incansable, divertido, al que nunca se le terminaban las ideas.

Comenzó a recrearse en la escritura. Su cabeza estaba llena de chascarrillos, dichos oportunos y poesías, que él se apresuraba a plasmar en un papel. Prueba de ello la tenemos en el libro El campesino Trovero, publicado en 1989 con el patrocinio de la Agrupación Cultural Trabuco. En él se recoge toda la producción de literatura popular y espontánea que Juan había escrito con la única intención de que sus amigos y familia leyesen lo que él había creado, al fin y al cabo, para ellos.

En Villanueva del Trabuco no se conoce a nadie que diga de él una mala palabra o tenga alguna queja en su contra. Juan ‘el Borrico’ era un hombre bueno, una persona sencilla, que dedicó su vida a los demás. Su hijo nos dice que era un buen padre y un abuelo excelente, además de fiel y cumplidor esposo y un gran amigo.

Así se define él mismo en la siguiente composición:

  

SOY UN HOMBRE SOCIABLE

Me gustan las diversiones,

las juergas y las jaranas,

el almuerzo del mediodía

y el café por la mañana.

 

Yo me trato con to er mundo,

con el chico y el mayor,

con el cura y el alcalde

y con el gobernador.

 

Yo hablo por el arradio,

también en televisión,

y a mi Patrona le digo

poesías desde el balcón.

 

En mi pueblo ya se dice,

en los bares y en las puertas,

«Este maldito borrico

en todas partes se encuentra».

 

Pues que digan lo que digan,

a mí me importa un pepino,

el borrico, mientras viva,

seguirá por su camino.

 

Y aquel que quiera saber

dónde estudió su carrera,

arando con una yunta

en la Loma la Calera.

 

Y aquí termina la historia

de este maldito animal,

que se encuentra muy contento

a donde quiera que va.

  

Juan ha tenido una vida ejemplar, vida que ha quedado reflejada en su libro, una vida que merece la pena detenerse unos instantes para conocerla.

Ha llevado por bandera el nombre del pueblo que le vio nacer, para el que también tiene un precioso poema:

  

HISTORIA DEL TRABUCO

Mi pueblo llaman Trabuco,

aunque no quiera la gente,

porque así lo gravó

aquel ventero valiente.

 

El hombre con su bagaje

marchaba a suministrar

y, en los Montes de Archidona,

lo salieron a robar.

 

Le quitaron el dinero

y le dieron varias palmas

y a la venta regresó

sin poderse menear.

 

Y un amigo que tenía

un trabuco le apañó

y aprendiendo a manejarlo

al camino se tiró.

 

Y en los Montes le esperaba

aquella misma partía

y, disparando el trabuco,

como un águila corrían.

 

Y el ‘Tío el Trabuco’ llamaron

por toda la serranía.

Y el año 48 de nuestro siglo pasado,

la Reina Isabel II

su nombre lo ha confirmado.

 

Y en tiempos de dictadura,

mandando el pueblo don Jorge,

se lo quisieron cambiar

por la Villa Guadalhorce.

 

Ése es un nombre bonito,

toda la gente decía,

peor la reina Isabel II

lo firmó en aquel día.

 

Y así termina esta historia, señores,

sin ningún truco,

que, mientras que el pueblo exista,

es Villanueva del Trabuco.

  

Juan Ferrer Sánchez ‘el campesino trovero’, el hombre de fácil palabra y de gran sentido para la rima, murió el 9 de agosto de 1995, a la edad de 80 años, a causa de una úlcera de estómago, o, al menos, eso cree su hijo Juan que fue la causa.

A modo de conclusión, os dejo con otro poema de Juan, en el que podemos dar un paseo por su vida:

  

LA VIDA DE UN TRABUQUEÑO

Yo nací en el año 15

bajo el sol de Andalucía

y, pasando fatiguitas,

he pasao toda mi vida.

 

No estuve nunca en la escuela,

ni hice la comunión

y la guerra del treinta y seis,

enterita me cogió.

 

Ya disparan los fusiles,

morteros y artillería,

mientras yo, como un topo,

bajo la tierra dormía.

 

Ya vienen los trimotores,

con sus bombas muy potentes,

pa destruir las chabolas

que hacían en los frentes.

 

Vengan bombas y metrallas,

decían con gran astucia,

o se tienen que entregar

o si no, marcharse pa Rusia.

 

Y en el año treinta y nueve,

el Gobierno se rindió,

quedando el general Franco

al mando de la nación.

 

¡Viva Franco!, se decía

por los pueblos y ciudades,

todo el mundo a su trabajo

para España levantar.

 

Licenciaron a mi quinta

y a mi casa regresé,

y me encontré que no había,

pues, naita que comer.

 

Los garbanzos, por las nubes

y el aceite, por la luna

y el pan blanco lo comía

aquel que tenía fortuna.

 

Y yo sólo me decía,

pues la cosa no va mal,

el obrero, a ser esclavo

y el capital, a triunfar.

 

Y así ha estado nuestra Patria,

con esclavos y dictadura,

hasta que Franco se fue muerto

pa la sepultura.

 

Los españoles rezamos

bajo el cielo una oración,

por el hambre que pasamos

el año cuarenta y dos.

 

Pero no hay cosa más dura

que un obrero español,

que, con habas y verduras,

levantaron una nación.

 

Y aquí termina la historia

de este hombre conocedor,

que fue soldado en la guerra

y esclavo el cuarenta y dos.

   

   

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

FERRER SÁNCHEZ, Juan (1989): El campesino trovero. Agrupación Cultural Trabuco, Málaga.

  

   

Melibea Argamasilla Serrán (Málaga, 1985). Diplomada en Maestro en Lengua Extranjera (Sección: Inglés) por la Universidad de Málaga. Los correspondientes estudios de Magisterio los ha cursado en la Facultad de Ciencias de la Educación de dicha universidad.

   

   

GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Publicación Bimestral de Cultura. Año IX. II Época. Número 65. Enero-Febrero 2010. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright 2010 © Melibea Argamasilla Serrán. © 2002-2010 Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

   

   

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