N.º 47

ENERO-FEBRERO 2007

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"EL CENACHERO", UN ICONO DE MÁLAGA

Por Isabel M.ª Serra Rivero

  

  

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ara los habitantes de la Málaga del siglo XIX y la primera mitad del XX, e incluso puede que antes, era muy habitual ver, en ciertos puntos de las playas del litoral, aquellos por donde se sacaban el copo, montones de cenachos sobre la arena a la espera de ser llenados con el fresco manjar marino, que un numeroso grupo de marengos o jabegotes se esforzaban por traerlo hasta el rebalaje. Estos cenachos eran unas especies de espuertas con una o dos asas y, normalmente, construidos de forma artesanal con esparto, planta de hojas muy duras que aún abunda en las sierras malagueñas.

También, los cenachos o capachos pueden estar construidos con hojas de palma, y están destinados al transporte de carnes, pescados, frutas, hortalizas o cosas similares. Pero en Málaga, el cenacho, esencialmente, estaba construido de esparto y su utilidad era la de servir de recipiente de pescado, para  su transporte personal y posterior venta por las calles malagueñas. Eso era el cenacho para los malagueños; cualquier otro recipiente similar, pero de otro material o destino, se le podría llamar espuerta, canasta, pero no cenacho, según se recoge en el Vocabulario popular malagueño, de Juan Cepas, que define el “cenacho” como “bandeja tejida de esparto que sirve para transportar el pescado”.

    
     

 

Estos cenachos eran transportados de forma personal por los vendedores ambulantes de pescado de la bahía malagueña.

    

Estos cenachos eran transportados de forma personal por los vendedores ambulantes de pescado de la bahía malagueña, normalmente boquerones, los llamados vitorianos, aunque también de jureles, sardinas, chanquetes y cualquier otro producto que dieran las costas malagueñas de la época. Esta garrida estampa del vendedor ambulante de pescado, con su fajín, ambos cenachos colgados, al principio y cuando estaban llenos, de los brazos, para pasar más tarde, conforme se iban vaciando, a los antebrazos y de ahí a las muñecas cuando ya el pescado estaba vendido o casi vendido. Pregonando sin cansancio, con voz habitualmente ronca y varonil, y en ocasiones hasta con gracia castiza, “¡Niña, los vitorianos!”, “¡Jurelitos plateados!”, “¡Niña, que están vivos...!”, y otras frases similares por los rincones del centro y barriadas malagueñas.

 

El cenachero en la historia de Málaga

Pero, posiblemente, esta imagen romántica que nos llega del vendedor ambulante de boquerones malagueño, no hubiera pasado de ahí a no ser por Bonifacio Carrasco, que tomó posesión como gobernador civil de Málaga el 20 de noviembre de 1876, y, en su efímero mandato, que no llegó a los ocho meses, fue suficiente para asentar las bases por las que ser recordado y para que el llamado “cenachero” llegase hasta nuestros días como verdadero icono de la ciudad.

Corría el año 1876, ya en su recta final, cuando al político ya mencionado se le ocurrió convocar un certamen, bajo dos vertientes, poética una y pictórica la otra, con el objetivo de premiar una oda a las glorias de Málaga y un cuadro con el tema de un vendedor de boquerones en el acto de anunciar la mercancía por las calles de Málaga. La convocatoria de ambos certámenes se hizo en la última semana del mes de diciembre de ese año. Curiosamente, tan singular vendedor ambulante de pescado no era conocido todavía con el nombre, hoy tan familiar, de ‘cenachero’, sino que se comenzó a llamar así a partir de popularizarse su figura a través de la práctica pictórica.

Por tanto, nuestro querido, jacarandoso, típico y entrañable cenachero ha cumplido ya sus primeros 131 años de edad como personaje que, recreado en un cuadro, representa el que quizá fuera uno de los primeros oficios, con los de las artes del barro, al que dedicaban sus afanes nuestros más lejanos ancestros.

 

El ‘cenachero’ galardonado

Fueron siete los pintores que decidieron presentar obras al concurso y cada uno de ellos hizo una traducción distinta, pero acertada, y hasta hermosa del personaje. Así, por ejemplo, el cuadro que ganó el primer premio presentaba a un cenachero joven, retador y gran resolución de carácter (la cabeza hacia atrás, voceando la mercancía, como quien obliga a adquirirla por su viveza plateada). El vendedor está plantado en una calle típica, que bien pudiera ser la de los Cristos, y, tras él, está la marca que señala que, en tal lugar, un hombre encontró la muerte de forma violenta, según era costumbre de la época. El otro cenachero que destacó fue el que recibió el único accésit, que, pintado por Luis Grarite, sitúa al personaje a la entrada de calle Agua, delante mismo de la capillita del Rescate. Es un cenachero bravo, quizá más auténtico que el anterior y que, enfajado y con la balanza romana colgándole del hombro derecho, alcanzó gran verosimilitud como tipo medio del vendedor de pescado que dominaba las pregoneras calles de entonces.

La versión de José del Nido resultó menos vistosa, pero fue ambientada en La Coracha, lo que otorga al pregón del personaje dimensión y resonancia distinta a las obras con las que competía. El pintor Félix Inhiesta no hizo del cenachero un bello ni bravo personaje, pero tuvo la gran virtud de situarlo ante la fachada del antiquísimo hospital de Santo Tomé (frente a la portada del Sagrario), donde se perciben los acentos arquitectónicos mudejarizantes del edificio, todavía no destruido por los terremotos de finales de 1884, dejando ver un precioso cierro, una portada de piedra muy bien labrada y el que fue famoso ajimez del hospital mandado fundar por el caballero Hinestrosa.

 

El ‘cenachero’, icono de la ciudad de Málaga

Bonifacio Carrasco, al convocar su certamen hace ya 131 años, no pudo sospechar que, al fin, la ciudad iba a reconocer en los cenacheros la existencia de una tipología netamente malagueña, una manera peculiar y exclusiva de transitar, pregonar y vender el producto de la bahía por parte de una serie de personajes que existían en el duro ejercicio, primero, de echar las redes para pescar; y, luego, de sacar el copo para seleccionar del rancho los mejores y más plateados boquerones  para llevarlos a los barrios, donde vivían los principales consumidores.

    
     

 

Escultura de bronce, que representa a un tipo popular malagueño, como es el vendedor de pescado. Se ubica en la Plaza de la Marina, tras la Oficina Municipal de Información Turística.

    

A partir del momento en que los ciudadanos conocen el cenachero ganador del certamen y el Ayuntamiento comienza a utilizar tal icono para anunciar eventos locales e incluso para ilustrar algunas publicaciones propias, la ciudadanía lo adopta como símbolo de los barrios malagueños. Y de ahí que, con el paso de los años, quedara convertido en uno de los más queridos símbolos representativos de la ciudad. Claro está que una parte de la burguesía industrial, comercial y hasta cultural de aquella Málaga de finales del siglo XIX y principios y mitad del siglo pasado, distaba mucho de aceptarlo como símbolo de su ciudad. Claramente, el personaje difería de otros símbolos adoptados por las influyentes familias locales y ocasionales dirigentes de lo cultural, pues tal personaje contradecía sus refinados conceptos acerca de Málaga y de la idea de modernidad que se debía comunicar a las gentes foráneas.

Pero el icono va a conocer su verdadera popularidad no sólo entre los que aquí nacieron, sino entre otras muchas gentes, que lo recibieron como recuerdo de su paso por la ciudad o como digno trofeo que la representaba. Ocurrió que el alcalde Francisco García  Grana finales del decenio de los 50 del pasado siglo encargó al escultor Jaime F. Pimentel una escultura de bronce y a tamaño natural del moderno cenachero, que, una vez terminada, se instaló junto al otro símbolo de Málaga, el “Biznaguero”, también obra meritoria del mismo escultor. Ambas estatuas, ocupando respectivamente las esquinas oeste y este de la plaza de la Marina, allí recibieron ‘culto’ ciudadano durante muchos años, hasta que al remodelar la misma fueron trasladados al paseo de la Farola, donde en la actualidad permanecen.

  

El cenachero, hoy

Actualmente es tal la implantación de la figura del cenachero como icono de Málaga, que ha dado nombre propio a cosas de lo más dispares, como restaurantes, hoteles, pensiones, bares, chiringuitos de playa, hasta el Boletín informativo del Círculo Filatélico y Numismático de Málaga, se llama El Cenachero, al igual que una operación realizada hace unos años por la Guardia Civil en la Costa del Sol, por la que se desmanteló una peligrosa red dedicada al tráfico de armas, drogas y vehículos robados.

El cenachero, en la actualidad, y como ya ha quedado dicho, es un auténtico icono de la ciudad de Málaga, que ha tenido su origen en una actividad típica durante cierto periodo en la historia de la ciudad, y que, gracias a la celebración de un certamen poético-pictórico, ideado por un casi desconocido gobernador civil de Málaga, que, curiosamente, no llegó en su mandato a los ocho meses, y la posterior consagración en una escultura de bronce que se hizo muy popular, ha conseguido que pase y siga pasando, de generación en generación, como una tradición al más puro estilo malagueño.

  

  

PARA SABER MÁS:

Málaga en el recuerdo. Coleccionable del diario SUR, Ed. Prensa Malagueña, Málaga.

Hechos y curiosidades de Málaga. Coleccionable del Diario SUR, Ed. Prensa Malagueña, Málaga.

  

  

Isabel M.ª Serra Rivero (Málaga, 1983) estudia 3.º de Magisterio (especialidad de Maestro en Educación Primaria) en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Málaga.

 

 

CONOCER MÁLAGA. Suplemento de GIBRALFARO. Revista de Creación Literaria y Humanidades. Número 47. Enero-Febrero 2007. ISSN 1696-9294. Director: José Antonio Molero Benavides. Copyright © 2007 Isabel María Serra Rivero. © 2002-2007 EdiJambia & Departamento de Didáctica de la Lengua y la Literatura. Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad de Málaga.

   

   

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