ara los habitantes de la
Málaga del siglo XIX y la
primera mitad del XX, e
incluso puede que antes, era
muy habitual ver, en ciertos
puntos de las playas del
litoral, aquellos por donde
se sacaban el copo, montones
de cenachos sobre la arena a
la espera de ser llenados
con el fresco manjar marino,
que un numeroso grupo de
marengos o jabegotes se
esforzaban por traerlo hasta
el rebalaje. Estos cenachos
eran unas especies de
espuertas con una o dos asas
y, normalmente, construidos
de forma artesanal con
esparto, planta de hojas muy
duras que aún abunda en las
sierras malagueñas.
También, los cenachos o
capachos pueden estar
construidos con hojas de
palma, y están destinados al
transporte de carnes,
pescados, frutas, hortalizas
o cosas similares. Pero en
Málaga, el cenacho,
esencialmente, estaba
construido de esparto y su
utilidad era la de servir de
recipiente de pescado, para
su transporte personal y
posterior venta por las
calles malagueñas. Eso era
el cenacho para los
malagueños; cualquier otro
recipiente similar, pero de
otro material o destino, se
le podría llamar espuerta,
canasta, pero no cenacho,
según se recoge en el
Vocabulario popular
malagueño, de Juan
Cepas, que define el
“cenacho” como “bandeja
tejida de esparto que sirve
para transportar el
pescado”.
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Estos
cenachos eran
transportados de
forma personal
por los
vendedores
ambulantes de
pescado de la
bahía malagueña. |
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Estos cenachos eran
transportados de forma
personal por los vendedores
ambulantes de pescado de la
bahía malagueña, normalmente
boquerones, los llamados
vitorianos, aunque
también de jureles,
sardinas, chanquetes y
cualquier otro producto que
dieran las costas malagueñas
de la época. Esta garrida
estampa del vendedor
ambulante de pescado, con su
fajín, ambos cenachos
colgados, al principio y
cuando estaban llenos, de
los brazos, para pasar más
tarde, conforme se iban
vaciando, a los antebrazos y
de ahí a las muñecas cuando
ya el pescado estaba vendido
o casi vendido. Pregonando
sin cansancio, con voz
habitualmente ronca y
varonil, y en ocasiones
hasta con gracia castiza,
“¡Niña, los vitorianos!”,
“¡Jurelitos plateados!”,
“¡Niña, que están
vivos...!”, y otras frases
similares por los rincones
del centro y barriadas
malagueñas.
El cenachero en la historia
de Málaga
Pero, posiblemente, esta
imagen romántica que nos
llega del vendedor ambulante
de boquerones malagueño, no
hubiera pasado de ahí a no
ser por Bonifacio Carrasco,
que tomó posesión como
gobernador civil de Málaga
el 20 de noviembre de 1876,
y, en su efímero mandato,
que no llegó a los ocho
meses, fue suficiente para
asentar las bases por las
que ser recordado y para que
el llamado “cenachero”
llegase hasta nuestros días
como verdadero icono de la
ciudad.
Corría el año 1876, ya en su
recta final, cuando al
político ya mencionado se le
ocurrió convocar un
certamen, bajo dos
vertientes, poética una y
pictórica la otra, con el
objetivo de premiar una oda
a las glorias de Málaga y un
cuadro con el tema de un
vendedor de boquerones en el
acto de anunciar la
mercancía por las calles de
Málaga. La convocatoria de
ambos certámenes se hizo en
la última semana del mes de
diciembre de ese año.
Curiosamente, tan singular
vendedor ambulante de
pescado no era conocido
todavía con el nombre, hoy
tan familiar, de
‘cenachero’, sino que se
comenzó a llamar así a
partir de popularizarse su
figura a través de la
práctica pictórica.
Por tanto, nuestro querido,
jacarandoso, típico y
entrañable cenachero ha
cumplido ya sus primeros 131
años de edad como personaje
que, recreado en un cuadro,
representa el que quizá
fuera uno de los primeros
oficios, con los de las
artes del barro, al que
dedicaban sus afanes
nuestros más lejanos
ancestros.
El ‘cenachero’ galardonado
Fueron siete los pintores
que decidieron presentar
obras al concurso y cada uno
de ellos hizo una traducción
distinta, pero acertada, y
hasta hermosa del personaje.
Así, por ejemplo, el cuadro
que ganó el primer premio
presentaba a un cenachero
joven, retador y gran
resolución de carácter (la
cabeza hacia atrás, voceando
la mercancía, como quien
obliga a adquirirla por su
viveza plateada). El
vendedor está plantado en
una calle típica, que bien
pudiera ser la de los
Cristos, y, tras él, está la
marca que señala que, en tal
lugar, un hombre encontró la
muerte de forma violenta,
según era costumbre de la
época. El otro cenachero que
destacó fue el que recibió
el único accésit, que,
pintado por Luis Grarite,
sitúa al personaje a la
entrada de calle Agua,
delante mismo de la
capillita del Rescate. Es un
cenachero bravo, quizá más
auténtico que el anterior y
que, enfajado y con la
balanza romana colgándole
del hombro derecho, alcanzó
gran verosimilitud como tipo
medio del vendedor de
pescado que dominaba las
pregoneras calles de
entonces.
La versión de José del Nido
resultó menos vistosa, pero
fue ambientada en La
Coracha, lo que otorga al
pregón del personaje
dimensión y resonancia
distinta a las obras con las
que competía. El pintor
Félix Inhiesta no hizo del
cenachero un bello ni bravo
personaje, pero tuvo la gran
virtud de situarlo ante la
fachada del antiquísimo
hospital de Santo Tomé
(frente a la portada del
Sagrario), donde se perciben
los acentos arquitectónicos
mudejarizantes del edificio,
todavía no destruido por los
terremotos de finales de
1884, dejando ver un
precioso cierro, una portada
de piedra muy bien labrada y
el que fue famoso ajimez del
hospital mandado fundar por
el caballero Hinestrosa.
El ‘cenachero’, icono de la
ciudad de Málaga
Bonifacio Carrasco, al
convocar su certamen hace ya
131 años, no pudo sospechar
que, al fin, la ciudad iba a
reconocer en los cenacheros
la existencia de una
tipología netamente
malagueña, una manera
peculiar y exclusiva de
transitar, pregonar y vender
el producto de la bahía por
parte de una serie de
personajes que existían en
el duro ejercicio, primero,
de echar las redes para
pescar; y, luego, de sacar
el copo para seleccionar del
rancho los mejores y más
plateados boquerones para
llevarlos a los barrios,
donde vivían los principales
consumidores.
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Escultura de
bronce, que
representa a un
tipo popular
malagueño, como
es el vendedor
de pescado. Se
ubica en la
Plaza de la
Marina, tras la
Oficina
Municipal de
Información
Turística.
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A partir del momento en que
los ciudadanos conocen el
cenachero ganador del
certamen y el Ayuntamiento
comienza a utilizar tal
icono para anunciar eventos
locales e incluso para
ilustrar algunas
publicaciones propias, la
ciudadanía lo adopta como
símbolo de los barrios
malagueños. Y de ahí que,
con el paso de los años,
quedara convertido en uno de
los más queridos símbolos
representativos de la
ciudad. Claro está que una
parte de la burguesía
industrial, comercial y
hasta cultural de aquella
Málaga de finales del siglo
XIX y principios y mitad del
siglo pasado, distaba mucho
de aceptarlo como símbolo de
su ciudad. Claramente, el
personaje difería de otros
símbolos adoptados por las
influyentes familias locales
y ocasionales dirigentes de
lo cultural, pues tal
personaje contradecía sus
refinados conceptos acerca
de Málaga y de la idea de
modernidad que se debía
comunicar a las gentes
foráneas.
Pero el icono va a conocer
su verdadera popularidad no
sólo entre los que aquí
nacieron, sino entre otras
muchas gentes, que lo
recibieron como recuerdo de
su paso por la ciudad o como
digno trofeo que la
representaba. Ocurrió que el
alcalde Francisco García
Grana
—finales
del decenio de los 50 del
pasado siglo—
encargó al escultor Jaime F.
Pimentel una escultura de
bronce y a tamaño natural
del moderno cenachero, que,
una vez terminada, se
instaló junto al otro
símbolo de Málaga, el
“Biznaguero”, también obra
meritoria del mismo
escultor. Ambas estatuas,
ocupando respectivamente las
esquinas oeste y este de la
plaza de la Marina, allí
recibieron ‘culto’ ciudadano
durante muchos años, hasta
que al remodelar la misma
fueron trasladados al paseo
de la Farola, donde en la
actualidad permanecen.
El cenachero, hoy
Actualmente es tal la
implantación de la figura
del cenachero como icono de
Málaga, que ha dado nombre
propio a cosas de lo más
dispares, como restaurantes,
hoteles, pensiones, bares,
chiringuitos de playa, hasta
el Boletín informativo del
Círculo Filatélico y
Numismático de Málaga, se
llama El Cenachero,
al igual que una operación
realizada hace unos años por
la Guardia Civil en la Costa
del Sol, por la que se
desmanteló una peligrosa red
dedicada al tráfico de
armas, drogas y vehículos
robados.
El cenachero, en la
actualidad, y como ya ha
quedado dicho, es un
auténtico icono de la ciudad
de Málaga, que ha tenido su
origen en una actividad
típica durante cierto
periodo en la historia de la
ciudad, y que, gracias a la
celebración de un certamen
poético-pictórico, ideado
por un casi desconocido
gobernador civil de Málaga,
que, curiosamente, no llegó
en su mandato a los ocho
meses, y la posterior
consagración en una
escultura de bronce que se
hizo muy popular, ha
conseguido que pase y siga
pasando, de generación en
generación, como una
tradición al más puro estilo
malagueño.